Los usuarios como responsables de recursos humanos

Los consumidores como gestores digitales de los recursos humanos

Las redes sociales pueden darte tu próximo empleo. También pueden quitártelo. No me refiero sólo a que puedas encontrar una oferta de trabajo en LinkedIn o a que esa foto de borrachera en Facebook perjudique tu reputación. Quiero decir que será el público, asumiendo cierta gestión de los recursos humanos, el que juzgue si eres válido o no para ocupar una determinada posición dentro de una compañía. Pregúntale a Zozulya, el futbolista del Betis traspasado al Rayo Vallecano al que parte de la grada local no quiere ver, o a Xavi Martínez, de la marca de gafas Hawkers, criticado duramente por el uso que hace de las plazas de aparcamiento para minusválidos.

A los usuarios no les basta con que el producto o servicio sea bueno; no les basta con que los valores de la empresa sean claros y coincidan con los suyos. Necesitan que el equipo de la organización esté a la altura de esos valores.

La gestión de los RRHH de una empresa es consciente del impacto de sus empleados en las redes sociales. De hecho, son muchos los casos en los que una simple publicación ha bastado a la compañía para rescindir un contrato. Sin embargo, estamos yendo un paso más allá.

Fútbol y deportivos

A Roman Zozulya, delantero internacional ucraniano, su actividad ambigua en las redes sociales le ha penalizado de cara a la grada. Bukaneros, el grupo más activo de la afición vallecana, lo acusa de significarse como simpatizante nazi y defensor de grupos paramilitares en su país, e incluso ha difundido en los medios sociales un dossier con información que refrendaría esa posición. Puede que tengan razón, y que ciertas imágenes escondan simbología neonazi que apoya sus argumentos (los números 14, 18 y 88 aludirían a ello). O puede que el jugador sea víctima de una campaña de tergiversación informativa animada por medios de comunicación rusos, como aseguran otros, reescribiendo incluso la relación de Ucrania con el nazismo. El caso es que, por primera vez en el mundo del fútbol español, una parte de la afición de un equipo bloquea un fichaje no por sus cualidades profesionales, sino por su ideología y valores, reales o no.

El caso de Xavi de Hawkers no es igual, pero tiene elementos similares. En este caso, el que se define como director del Departamento VIP de la firma de gafas y al que Vozpopuli ubica como community manager de la marca, ha sido protagonista en las redes sociales por el uso de su vehículo. En una página de Facebook, alguien compartió la foto de un flamante Ferrari ocupando dos plazas para discapacitados en un parking público. El propietario, el mencionado Xavi, no tuvo reparos en reconocer que el vehículo era suyo, y lo argumentaba: “no aparcaría en minusválidos si la gente fuese más cuidadosa al abrir la puerta con sus coches”. Las reacciones en las redes no se hicieron esperar, recordando no sólo otros comportamientos presuntamente incívicos de esta persona, sino el pasado reciente de la empresa y el polémico tweet que le ocasionó una seria crisis en México. Para muchos, no es coherente esta actitud con formar parte del equipo de Hawkers.

El público como responsable de Recursos Humanos

En el actual escenario digital, las marcas tratan de definir sus valores y alinearlos con los de figuras influyentes que les permitan acercarse de igual a igual a sus públicos objetivo. Pero a los públicos no les resulta suficiente. Ya no es el departamento de Recursos Humanos el que sanciona o premia los comportamientos públicos de los empleados. Somos los consumidores los que juzgamos, en función de dichos comportamientos, la idoneidad para ocupar una determinada posición. Sentimos que un mal profesional convierte en igualmente mala nuestra opción por un producto, ya que éste es un reflejo de nuestra personalidad pública.

Somos los consumidores los que juzgamos la idoneidad para ocupar una determinada posición en una empresa

Que se lo digan a Martin Shkreli, director de Turing Pharmaceuticals, quien se convirtió en uno de los personajes más odiados de las redes hace dos años tras multiplicar por 56 el coste de un fármaco para combatir la toxoplasmosis y burlarse en Twitter de varias personas que criticaron su comportamiento. Echar al dueño de la empresa por petición popular es difícil, pero a principios de este año Twitter cancelaba la cuenta de Shkreli… por acoso a una periodista.

Entre las tendencias de comunicación y marketing que hemos señalado para este año se encuentra el ingagement, esa afinidad entre empresa y empleados que se construye con el mismo mimo que las comunidades digitales y que tiene su reflejo en la imagen pública de la compañía. La humanización de las organizaciones está dando un paso más, y no será fácil gestionarlo. Queremos que los valores impregnen las acciones de las marcas que consumimos, pero que también sean el reflejo de las actitudes de sus empleados. Juzgamos y somos juzgados, y esa presión social puede llevar a cambios dramáticos. De nuevo, la clave estará en la slow-comm: ser coherentes con los valores reales a los que nos asociamos.Descarga aquí las Tendencias en Comunicación y Marketing de 2017

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Carlos Molina

Carlos Molina

Content Director at Best Relations
Periodista de formación y espíritu entregado a las estrategias de comunicación desde hace años. Para no aburrirme, doy clases en universidades y escuelas de negocio, y co-organizo los eventos RRPP & Tweets y #CarnavalRRPP. Colecciono figuras de Saint Seiya.

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