De producto final único a sartén

De cómo la información digital se convirtió en sartén

En la mayoría de los cuentos los protagonistas van a mejor. Es un hecho. Empiezas como Cenicienta y acabas liada con el príncipe; de marioneta narizona pasas a niño majete; y mientras, los elefantes lisérgicos se transforman en estrellas del rock con camerino propio, por poner tres ejemplos que todos conocemos. Sin embargo, la historia que nos trae hoy aquí no parece ir a tener un final tan bonito y vistoso. Y es que nuestra amiga la información tiene toda la pinta de ir a acabar sus días convertida en sartén, maleta, mechero o, lo que es peor, camiseta de equipo de fútbol.

Me explico. Hasta hace no mucho tiempo, la información era vendida como un producto en sí mismo. Ahí estaban, por ejemplo, los periódicos, por los que cada mañana pagábamos religiosamente un precio. Por la información servida a través de la televisión o de la radio, el pago no era tan obvio, pero también estaba presente gracias a la publicidad. La cuestión es que la información, o los contenidos informativos, tenían una entidad propia, una singularidad que hacía posible que fuese ofrecida a los usuarios como un producto final único.

La actualidad, sin embargo, parece ser radicalmente diferente. La información se está convirtiendo en un servicio que aporta un valor añadido a terceros y que, como tal, es ofrecido a los usuarios de forma complementaria a otros. El caso más claro de esto son las redes sociales, que se han lanzado a servir a sus usuarios contenidos de carácter informativo que sirven como complemento de lo que realmente son. Facebook, con sus Instant Articles, ofrece información como valor añadido. Snapchat también lo hace con Discover. Y Twitter tiene Moments, que aunque parte de un enfoque distinto, no es más que una forma diferente de ofrecer un acceso a la información.

Los contenidos informativos, tenían una entidad propia, una singularidad que hacía posible que fuese ofrecida a los usuarios como un producto final único

Y sí, así es como la información se ha visto convertida en sartén. En esas sartenes, que regalaban cuando abrías una cuenta en un banco. En ese mechero que te daban en el estanco por la compra de un cartón. En esa “camiseta fan” de Raúl que As te ofrece a un 20% de su teórico precio oficial. Sí, está pasando. Aquí, la prueba:

Camiseta oficial de Raúl

La información como valor añadido, en positivo

Sin embargo, no todo está perdido para nuestra vieja amiga la información. Y es que, al final, todos usamos y queremos sartenes. Por eso, pese a la aparente degradación que supone el haber perdido su identidad propia, también podemos encontrar lecturas positivas:

  • La primera de ellas es, sin duda, que el interés de los usuarios por la información se mantiene. La Generación Hit, que conceptualizamos en nuestras Tendencias en Comunicación y Marketing 2016, posee sus propias y particulares pautas de consumo de contenidos, pero lo cierto es que los consume, y en grandes cantidades. Y muchos de ellos son contenidos informativos.
  • Si la información es interesante para los usuarios, también lo es para las marcas. Los productores de información lo saben, igual que saben que es necesario encontrar nuevas formas de atraerlas para generar vías de financiación alternativas. Y si para ello no queda otra que convertirse en sartén, la información se convertirá en sartén.
  • La forma de segmentación de los contenidos se modifica al estar adscritos a una plataforma que, por sí misma, tiene un determinado público. Y sí, Facebook “somos todos”, pero su algoritmo será el que se encargue de ofrecer cada contenido al público que más interesado pueda estar en él.

La información se está convirtiendo en un servicio que aporta un valor añadido a terceros y que es ofrecida como complemento

Por último, una gran incógnita: ¿qué pasa con la independencia de los contenidos? La diversidad de anunciantes presentes en las redes sociales que han llevado a la información a transformarse en un servicio de valor añadido parece asegurar que ninguno de aquellos, por sí mismo, tendrá capacidad alguna para influir en los contenidos que se publiquen, cosa que antes sí era posible. Pero claro, ¿cómo hablar mal de la plataforma en la que te alojas? Aún es pronto para saberlo, pero somos optimistas. Y es que si internet ha sido capaz de transformar la información en una sartén, seguro que también es capaz de ofrecer una respuesta satisfactoria a esta pregunta.

Al final va a resultar que esta historia tiene también un final feliz y que ser una sartén es precisamente lo que la información necesitaba para salir del atolladero en el que andaba metida. Como decía la canción, always look on the bright side of dead live.

¡Larga vida a las sartenes!

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Álvaro Salas

Álvaro Salas

Client Supervisor at Best Relations
Publicista de ciencias, analizo todo lo que ocurre a mi alrededor convencido de que es el mejor camino para tomar decisiones acertadas. Cuando me dejan, me escapo para dar clase en alguna universidad.

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