Usted también puede convertirse en experto en RRPP online

Usted también puede convertirse en experto en RRPP online

Ya podemos ir cerrando el negocio. Se acabó. Alguien lo ha conseguido: automatizar las relaciones públicas (RRPP). Si eres una pequeña empresa o un negocio emergente, despide a tu dircom. Deshazte de tu agencia de comunicación. Sí, éste podría ser el principio del fin de Best Relations. Una joven empresa estadounidense, PressFriendly, ha conseguido lo que otros no habían logrado: crear una plataforma que pone al alcance de los emprendedores los procedimientos para que la prensa se haga eco de tu historia. El pitch de prensa como lo conocíamos ha muerto. Sigue leyendo

6 predicciones para las relaciones públicas en 2014

6 predicciones para el sector de las relaciones públicas en 2014

 1. El rol de las relaciones públicas se convierte en generador de oportunidades.  El  declive de los medios de comunicación offline se llevará por delante el modelo  tradicional de ejecución de la profesión, la cual se está transformando hacia la gestión convergente de medios (propios, de pago, y earned). Nuestro trabajo de creación de contenidos y gestión de relaciones incluirá, cada vez más, la gestión híbrida de los canales offline y online: social media, móvil, blogging, campañas de pago, compra de medios, publicidad tradicional, periodismo de marca, compilación de datos… En general, estaremos donde los públicos/personas están. Por eso, mantendremos conversaciones con ellos y les transportaremos hacia otras plataformas o canales.

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¿Hay social TV sin programación televisiva?

¿Hay social TV sin parrilla de televisión?

La dictadura de la televisión sobre el resto de medios de comunicación implica que se acepten medias verdades sobre las llamadas segundas pantallas y los medios sociales. Damos por hecho que la televisión se consume, de forma mayoritaria, con un móvil en la mano, con una tableta conectada a la Red o con un portátil desde el que compartir con terceros la experiencia o desde el que acceder a información adicional. Damos por hecho que así va a ser la forma en que se desarrolle mayoritariamente el consumo audiovisual (la llamada social TV), especialmente en el caso del entretenimiento doméstico. Y damos por hecho, en definitiva, que podemos establecer una relación directa entre las publicaciones en plataformas sociales, sobre todo Twitter, y los porcentajes de audiencias. No será así.

A priori, los datos de que disponemos sobre el consumo de televisión y los medios sociales son suficientemente poderosos como para que no podamos negar la influencia que estos ejercen sobre la primera. Los datos del informe de Tuitele “La televisión social en España” indicaban que, entre mayo de 2012 y enero de 2013, unos 2,2 millones de espectadores habían hecho algún comentario en redes sociales mientras veía la televisión. La cifra fue de 859.000 personas sólo en enero, casi el doble que en mayo del año anterior. El dispositivo más frecuente que se usa de forma simultánea es el smartphone. Los datos del informe eEspaña 2013 indican que el 46% de los que lo emplean en ese contexto lo hace de forma habitual, mientras que los que compaginan televisión y portátil de forma con la misma intensidad alcanzan el 40%.

Todo lo anterior dibuja un escenario en el que la mitad de la población se sienta delante de la televisión armada con un segundo dispositivo, preparada para comentar. Pero no siempre es así. De hecho, este panorama da por hecho que el consumo de los contenidos audiovisuales sigue produciéndose en la televisión, pero el escenario está cambiando. Cada vez es más frecuente que busquemos series y programas en internet, rompiendo el concepto de parrilla televisiva y creando nuestra propia programación. Las grandes cadenas se mueven en este terreno de forma ambigua. Mientras por un lado parecen propiciar esta dislocación del contenido televisivo con ofertas digitales tan potentes como la del archivo de RTVE.es o con experiencias como Canal+ Yomvi, por otro lado ponen coto al acceso libre y sin horario a sus contenidos, como sucede con Antena 3, que sólo permite acceder online a los últimos capítulos emitidos de una serie, pero no al archivo completo. ¿Es eso un castigo al usuario que no puede o no quiere someterse a los horarios fijos de la programación?

Por ahora, seguimos consumiendo televisión sujetos a una parrilla fija y lineal, pero eso está cambiando. Las propias cadenas lo favorecen de forma indirecta al reprogramar y repetir sus contenidos en los canales de TDT. Esto lleva a que cada vez tenga menos sentido compartir comentarios en redes sociales porque, muy probablemente, nuestra experiencia individual de consumo no coincide en tiempo y forma con la de otros miles de espectadores. Si accedo online a RTVE.es para ver “Isabel” a medianoche, ¿tiene sentido que tuitee mis sensaciones con terceros si probablemente nadie de mi timeline está viendo lo mismo que yo?

La social TV clásica se limita, por lo tanto, a dos contextos: las retransmisiones en directo y lo que podríamos llamar primeras experiencias”, es decir, programas que se emiten por primera vez un día y a una hora concretos. Sólo en esas circunstancias es posible comentar y debatir en tiempo real con una masa amplia de espectadores. En el resto de casos, esto se hace imposible o pierde valor. Los datos de Tuitele lo demuestran: entre los 10 programas más comentados del estudio antes citado no figura ni una serie extranjera, porque la mayoría ya se han consumido mayoritariamente en diferido, es decir, mediante plataformas de streaming o descarga online. De igual forma, dos programas fueron emisiones en riguroso directo, como los Premios 40 Principales; otros dos fueron concursos (La Voz y Tu cara me suena); dos más fueron realities (Gandía Shore y ¿Quién quiere casarse con mi hijo?) y otros dos, series de ficción españolas que emitían por primera vez sus capítulos (El Barco y La que se avecina).

El estudio “Tune in with Twitter”, llevado a cabo por la red social en Reino Unido, profundizó más en las situaciones anteriores mostrando al detalle el perfil del espectador según sus interacciones sociales. No resulta extraño que, de nuevo, sean los programas en directo y, preferentemente, sin un hilo argumental (series o películas) los que generen más conversación, a diferencia de contenidos que cada vez se consumen de forma más desagregada a través de otros medios digitales.

Pensar que Twitter nos ayudará a calcular de forma más acertada las audiencias es obviar que antes debemos redefinir el concepto de audiencia. Algunas productoras y grandes cadenas lo están asumiendo con la tendencia de los estrenos globales, como se hizo con el último capítulo de “Perdidos”, como forma de recuperar el control sobre el horario de consumo del contenido.

De cualquier forma, a medida que seamos más conscientes de nuestra capacidad para decidir cuándo y cómo consumir los contenidos televisivos, sólo los eventos en directo y las “primeras experiencias” podrán reunirnos en masa frente a la gran pantalla y dar oportunidades a la televisión social, entendida como aquella que consumimos y disfrutamos en grupo más allá de nuestro entorno familiar. Para el resto de casos, el reto será proporcionar experiencias individuales a través de plataformas sociales para el espectador solitario que rompe con el corsé de la programación. Eso definirá la evolución del medio, y no necesariamente el empleo de segundas ni de terceras pantallas.

Carlos Molina

@molinaguerrero

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Tres minutos para imaginar el futuro del periodismo en internet

En una reciente presentación para un cliente en la que analizamos el estado de la comunicación en el entorno digital, surgió un breve debate sobre el futuro del periodismo. El tema resultaba de especial interés porque buena parte de los presentes trabaja son profesionales de las relaciones públicas, y existe una lógica preocupación por saber cuál será la evolución de los medios y el papel jugaremos los que estamos “al otro lado”, en agencias y gabinetes de prensa, para seguir dando servicio a los periodistas. Aunque en aquel contexto privado dimos algunas ideas, con el paso de los días y el poso de la reflexión surgen otras nuevas y se afianzan las que planteamos. Ahora es el momento de compartirlas.

El periodista Ramón Lobo dijo, en la edición 2011 del informe “Perspectivas Wellcomm”, que “se habla de crisis del periodismo cuando es una crisis de la industria que hace periodismo”. A mí me gusta añadir que es un gran momento para ser periodista, pero una época pésima para vivir de ello. Internet ha venido para condenar la industria y salvar al periodismo. Puede sonar contradictorio, pero creo que es así, y tiene mucho que ver con los siguientes puntos acerca de dónde estará el periodismo en un futuro a corto y medio plazo:

1. Las cabeceras dejan de ser un paraguas para la información. Hasta no hace tanto, la cabecera daba cobertura y apoyo al periodista, y el prestigio de éste dependía no sólo de su buen hacer, sino también de para quién lo hacía. La Red ha alterado por completo esa relación profesional. Las noticias se leen de forma desagregada: desde un lector RSS (mal que le pese a Google), desde las redes sociales (que levante la mano el medio para el que Facebook o Twitter no canalicen tráfico a sus noticias digitales) o desde webs para la recomendación y puntuación de contenidos (como Menéame). En la medida en que acudimos menos a la homepage de un medio para leer titulares y confiamos más en otras fuentes, gana peso el redactor de la información, que además se convierte en pieza fundamental para difundir la noticia y llevar tráfico a la misma, a veces a su pesar. La información, por lo tanto, será un ejercicio más personal en todos los sentidos, y menos corporativo desde el punto de vista mediático.

2. El periodista marca su línea editorial. Forzados por la situación de la industria, pero también animados porque el entorno digital permite desarrollar su trabajo con una nueva dimensión, buena parte de los periodistas ha abrazado el mundo de los blogs como una forma de dar una dimensión transmediática a su trabajo. Es decir: a través de bitácoras personales, comunitarias e incluso desde medios de nuevo cuño donde colaboran a título personal, desdoblan su trabajo en las áreas en las que son especialistas y comparten nuevas historias y enfoques de acuerdo no con la línea editorial de su medio de referencia, sino con la suya propia. Esto irá a más. Puede que no sea un valor que genere beneficios por sí mismo, pero garantiza más puntos de vista, más riqueza informativa y menos dependencia de los grandes grupos editoriales.

3. No es cuestión de formatos, sino de cómo consumimos la infomación. Uno de los debates más vivos en el momento actual es el de encontrar nuevos formatos periodísticos atractivos para los lectores. Más allá del texto plano con alguna galería de imágenes, los medios experimentan con iniciativas híbridas que obligan al periodista a cubrir una información, grabar recursos en vídeo, editar entrevistas multimedia y hacer fotos que acompañen su propia información hipervinculada a fuentes externas. Este año, The Guardian publicaba en su edición digital un espectacular reportaje sobre un violento incendio en Tasmania en 2012 a través de la vivencia de una familia que tuvo que refugiarse en el agua para no morir abrasada. Era espectacular por su presentación y contenido, con sonido de fondo, entrevistas en vídeo mezcladas con textos que seguían una línea de tiempo, dando múltiples opciones al lector para profundizar en la historia. Disfrutar del trabajo completo implicaba dedicar, fácilmente, cerca de una hora de nuestro tiempo. Sin entrar en el coste de recursos del medio para este tipo de acciones (inasumible fuera de escasas ocasiones al año), la pregunta es: ¿podemos dedicar tanto a leer información? Lo importante no es inventar un formato sorprendente, sino adaptarnos a los modos en que consumimos la información. ¿Cuándo leemos, dónde lo hacemos, durante cuánto tiempo, qué nos interesa? En las grandes urbes, parece que lo hacemos en los desplazamientos laborales, en las pausas en el trabajo, desde el móvil, centrándonos en los titulares… A menudo, un artículo llamativo lo compartimos con nuestra comunidad y hacemos ése que sea el reportaje para el que nosotros y nuestra gente cercana sí tiene tiempo. Quizás nuestra ventana de atención sea de uno o dos grandes reportajes al día, y dejaremos que sea nuestro entorno de confianza el que preseleccione el contenido destacado de la jornada. Eso terminará por definir los nuevos formatos, y no al revés.

4. La información como valor añadido. Hace muchos años, cuando empezaba a cursar mis estudios de Periodismo, entrevisté para un trabajo universitario al que entonces era redactor jefe de El Correo de Andalucía. Era el año 1993. En esa época, ya era relativamente frecuente realizar promociones para incentivar la venta de diarios. Le comenté, al despedirme, que ojalá la situación remontara para no depender del regalo de láminas, coleccionables o artículos de cocina para mantener a flote el negocio, y él me dijo: “¡Quita, quita! Si sirve para seguir vendiendo, no me importa que continuemos con las promociones el tiempo que haga falta!”. Esa realidad, que no ha hecho más que consolidarse y acentuarse con el paso de los años, convertía el cupón del diario en su valor añadido. A medio plazo, será la información la que se convierta en valor añadido de otros productos o servicios. ¿Que contratas un servicio de streaming de vídeo? Las noticias sobre cine o televisión serán el regalo que dé valor al servicio. ¿Que compras un smartphone? El acceso a contenidos sobre tecnología y movilidad de la mano del fabricante y a cargo de profesionales del periodismo se convertirán en el valor añadido del gadget adquirido.

5. El producto de la comunicación corporativa se convierte en “brick content”. En un post anterior, hablábamos de “brick content marketing”, un concepto desarrollado por nosotros que plantea campañas de marketing en las que los elementos de la acción pueden ser consumidos, utilizados y transformados por los usuarios como ellos deseen. ¿Puede tener la comunicación corporativa esa forma de “brick content”, de forma que cada periodista y cada medio encuentren elementos útiles para incorporar a sus noticias y reportajes? Sí, y sin duda deberemos orientarnos en esa dirección. Y no hablo sólo de ofrecer imágenes, vídeos o textos; hablo también de facilitar el acceso a fuentes directas de información a través de canales digitales. ¿Qué tal si imaginamos una nota de prensa con el contacto directo en redes sociales con portavoces, expertos y testimonios, así como con enlaces a información externa no corporativa para dar al periodista todas las piezas posibles para construir la información que le parezca más interesante?

En cuanto al futuro del periodista, daría para uno, dos o tres posts más, pero me limitaré a recomendar la lectura de una reciente entrada de Miguel Ángel Uriondo, de la revista Actualidad Económica, en su blog ALSD acerca de la utilidad del director de comunicación. Los últimos párrafos acerca de la figura del storyteller en las organizaciones son de lo más recomendable.

Feliz verano.

Carlos Molina

@molinaguerrero

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Prepárense porque el futuro de los medios ha llegado: es de pago

El modelo de “pago por contenidos” en el sector informativo cobra fuerza y según apunta el estudio “Digital News Report” publicado por Reuters, que recopila datos sobre hábitos de consumo de información en Reino Unido, España, EEUU, Alemania, Francia, Italia, Brasil, Japón y Dinamarca, los españoles también nos sumamos al carro.

Personalmente, la idea de pagar por cada uno, de los cuatro o cinco medios, que consulto a diario no me persuade demasiado pero, desde un tiempo, venimos sabiendo que los grandes medios de comunicación a escala mundial – The New York Times o The Washington Post – están depositando su supervivencia en el modelo de “muro de pago”.  Y aunque en España ya hemos visto alguna intentona (medio fallida) de implementar este sistema, como es el caso de El País y El Mundo,  todo apunta a que las grandes cabeceras españolas también seguirán este sendero.

El estudio de Reuters arroja algunos datos más que previsibles. En las conclusiones de este año, se refleja un fuerte crecimiento en el acceso a la información a través de smartphones y tablets (uso que se ha duplicado en todos los países en 2012 y 2013). Y por supuesto, se ratifica el impacto de los dispositivos inteligentes, los cuales han desplazado a los diarios impresos en nuestra rutina diaria de acceder a la información.

Como también era de esperar, los internautas menores de 35 años consumen noticias a través de medios interactivos, mientras que los adultos prefieren los medios tradicionales: televisión, radio y prensa. De hecho, en Estados Unidos, Brasil y España, las redes sociales se están convirtiendo en la forma de acceso a las noticias, siendo Twitter la red social estrella para mantenerse al día de lo que pasa en el mundo.

Hasta aquí todo normal, pero llega la primera sorpresa: el estudio desvela una buena aceptación del modelo de pago en la prensa online. Tanto es así que la media de usuarios dispuestos a pagar por leer noticias en la Red se ha multiplicado por dos en menos de un año: del 4% en 2011 al 9% en 2012.

Esto no es todo, hay una segunda sorpresa: entre los países que más ha aumentado esta alternativa de consumo de información en el último año se encuentra España, donde (ojo al dato) el porcentaje de internautas que han accedido al pago por consultar alguna noticia ha ascendido al 21%.

¿Sorprendid@? Yo la verdad es que sí. En España, que somos muy fans del “todo gratis” y que montamos en cólera de por pagar 0,89 céntimos/año por usar WhatsApp, me sorprende que la gente esté dispuesta a pagar por acceder a la prensa online. A no ser que, nos conformemos con leer sólo una fuente de pago por no poder permitirnos leer en profundidad más de un medio. Tal y como están las cosas, no sería raro y la verdad, esta alternativa no me convence nada.

En el caso de que este modelo tome fuerza, se me plantea una duda: si los medios son más autosuficientes gracias a las suscripciones de los lectores, ¿qué pasara con la relación medio-anunciante? ¿Se debilitará? ¿Se encarecerán los precios? Las marcas ya no tendrán la sartén tan cogida por el mango, ¿virarán sus inversiones a otros medios? Es probable que si los medios toman las riendas de sus financiación pongan condiciones, puedan reestructuras sus modelos de precios y jugar sus cartas con más soltura. Habría que ver cuál sería la reacción de los anunciantes. Ahí no me atrevo a hacer predicciones.

Además, si el tráfico online deja de ser la principal vara de medir de los medios, puesto que los suscriptores cobrarían peso, ¿qué pasará con los contenidos informativos? ¿Se verán afectados por este nuevo modelo de financiación? Yo que creo que sí. Es innegable que la información periodística se ha visto afectada por el baremo del tráfico online y por la presión de la inversión publicitaria. Con un esquema informativo más “independiente” creo que las cabeceras tendrán la oportunidad de ofrecer contenidos diferentes y de mayor calidad.
Y tú, ¿estarías dispuesto a pagar por la prensa online? ¿Te atreves a vaticinar su futuro?

 

Sara Martín

@_SaraMP_