El community manager se ha vuelto loco: el retorno

El community manager se ha vuelto loco (II): el retorno

28 / nov / 2013 | 3 Comentarios

Resulta muy duro sustraerse a la fama, al éxito, a los aplausos del público. ¿Quién no se vendría arriba cuando un tuit suyo se replica cientos de veces? ¿A quién no se le pasaría por la cabeza buscar formas de rentabilizar su blog cuando supera los varios miles de visitas diarias? ¿Acaso hay alguien capaz de olvidar el peso de los premios recibidos o el reconocimiento de los rankings por su estilo gestionando redes sociales? Lo dudo. La popularidad puede superar al community manager más pintado. Yo mismo voy a cometer el error con este post oportunista. No sé quién me habré creído que soy.

La semana pasada asistimos a un duelo en la cumbre en Twitter. Dos de los perfiles más famosos y controvertidos, @policia y @MediaMarkt_es, se enfrentaban en un atípico enganche digital como no se recordaba en el mundo social media. A un consejo de la Policía Nacional sobre la obligación ética y legal de los cazadores de tratar bien a sus perros, contestaba Media Markt con un alegato contra el mismo ejercicio de la caza redactado en forma de reproche. El hecho no habría extrañado de tratarse de un perfil personal, pero sí cuando se hace con uno corporativo. Ahora bien, si atendemos a que la cuenta de Media Markt se gestiona como lo haría una “tuit-star” adolescente, usando su lenguaje, guiños y referencias a la cultura de la verdadera generación nativa digital, la capacidad de sorpresa es lo que está fuera de lugar.

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Famosos y redes sociales

Famosos, publicidad y redes sociales

19 / jul / 2013 | 5 Comentarios

Últimamente me encuentro a mucha gente indignada por la práctica, cada vez más habitual, de contratar a personajes famosos para publicar mensajes comerciales en redes sociales. Pagar a una celebrity para que promocione un producto es algo que se viene haciendo desde la noche de los tiempos, así que imagino que la indignación viene porque los usuarios entienden que las marcas se inmiscuyen en el último bastión de los consumidores libres.

En realidad, ni Twitter ni Facebook son espacios libres de marcas, y eso es algo que todos hemos aceptado, pero parece que la polémica viene motivada por la no identificación de estos mensajes, como en la última campaña de Danone. Probablemente, lo más ético por parte de la celebrity que emite el mensaje pagado por una marca sería indicar que se trata de publicidad, pero, ¿a alguien le cuesta realmente distinguir cuándo se trata de un tuit “inocente” y cuándo el emisor ha recibido dinero a cambio del mensaje?

Creo que, a estas alturas del partido, todos sabemos que Anna Simon no hace todas sus compras en las rebajas de El Corte Inglés o que puede que Matías Prats no tenga su coche asegurado en Línea Directa. ¿Por qué es distinto en el caso de los tuits pagados? Porque es más nuevo, quiero pensar. Pero no pienso que haya que rasgarse las vestiduras y clamar contra un engaño masivo a los consumidores. Los portavoces, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera son líderes de opinión en el sector en cuestión, sino simplemente usuarios con mucha visibilidad y una amplia comunidad de seguidores. No me parece preocupante que Nuria Roca me recomiende un yogur helado; me parecería preocupante que un reputado doctor recomendara un medicamento en Twitter porque un laboratorio le ha pagado para ello, y no lo identificara como publicidad. Todo tiene un valor relativo: lo peor que puede pasar es que el yogur helado no me guste; el medicamento puede tener efectos secundarios.

Dentro de que opino que los tuits pagados deberían ir identificados y que no hay que hacer un drama de ello porque el daño es mínimo, hay publicidad con celebrities en redes sociales que roza el mal gusto. Y lo peor es que se vuelve contra la marca, cuya única falta es no haber previsto lo imprevisto y detallado hasta el último detalle de la acción.

El último ejemplo que recuerdo es un evento de la presentadora Raquel Sánchez-Silva para la promoción del móvil Sony Xperia Z. Se trataba de su primera aparición pública tras la repentina y trágica muerte de su marido; según cuentan, la marca le dio todas las facilidades para rescindir el contrato, pero ella no quiso hacerlo. ¿Qué ocurrió? Que acabó agradeciendo las condolencias recibidas en su Sony Xperia Z, en un momento raro-raro que pasará a posteridad. Me imagino la cara que debieron poner los responsables de Marketing, pensando en lo beneficioso que iba a ser para el lanzamiento de su nuevo modelo… Los famosos son imprevisibles, ¡qué les vamos a hacer!

Ana López

@anafwwm

egocentricos-narcisistas

¡Egocéntricos! ¡Narcisistas! Eso es lo que sois

13 / may / 2013 | 1 Comentario

Según la revista Time, hay una generación nueva de jóvenes (egocéntricos), a quienes llama Milenistas, conocida como “The Me Me Me Generation”. Lo que define a esta generación es su narcisismo exacerbado.  Por cierto, antes de que se me olvide, la semana pasada descubrí otra definición del término “milenista” mucho más amplia en este post donde se habla “de mileuristas a milenistas, del capitalismo al talentismo”. Muy recomendable.

Me pregunto: ¿el narcisismo define sólo a una generación o es característico de una era?

The Me Me Me generation

La chica de la portada de Time tiene un móvil. Fijo que la foto que se está haciendo termina en Instagram, Twitter, Facebook, Tuenti y en algún Whatsapp. ¿Son las redes sociales las culpables de este narcisismo general (no sólo juvenil)? Es más, ¿para qué sirven las redes sociales?

Es una pregunta con muchas respuestas. Las personas las utilizan para estar en contacto. Las marcas para vender más. Y en general, todos las empleamos para el personal branding. Desde los tiempos del Fotolog, vulgarmente conocido como Egolog, si hay algo que alimentan las redes sociales es el narcisismo. Exigimos nuestra cuota de protagonismo, incluso cuando formamos parte de iniciativas tan brillantes como la co-creación.

¿Qué opináis? ¿Qué os parece la portada de Time? ¿Te identificas con “The Me Me Me Generation”? ¿Es una era o es una generación? ¿Tienen la culpa únicamente las redes sociales?

Diego Rivera

@riveradiego

Felicitar un cumpleaños: todo un arte "social media"

Felicitar un cumpleaños: todo un arte “social media”

13 / feb / 2013 | 2 Comentarios

Hoy es mi cumpleaños. Es una buena noticia. De hecho, ni siquiera estoy en la oficina, porque si trabajas en Best Relations, el día de tu cumpleaños ¡es fiesta! Pero a lo que íbamos.

Reconócelo: alguna vez te ha invadido el desánimo cuando alguien que esperabas que te llamase para tu cumpleaños tuvo el cuajo de conformarse con un escueto tuit o post en tu muro de Facebook diciéndote: “¡Felicidades, que lo pases super-bien!”

Quizá la forma en que las personas nos felicitan sea una buena sonda para medir lo que le importamos a la gente (o no; jamás te tomes mis posts demasiado en serio). Lo importante es que a uno le hagan sentir especial y que uno sepa hacer sentir especial a las personas que a uno le interesan de verdad (el famoso “sólo porque eres tú”). Una vez más, al igual que en el mundo de la comunicación y el marketing, la diferenciación resulta fundamental. ¿Y qué es la clave de la diferenciación? Sencillo: el subtexto que podemos extraer. Veamos algunas posibles lecturas entre líneas que podrían darse ante determinados tipos de felicitaciones, desde lo más lamentable a lo más glorioso:

  • Alguien que a te da lo mismo no se acuerda de felicitarte el cumpleaños.
  • Tú tampoco te acuerdas de esa persona, así que no pasa nada.
  • Alguien especial para ti no se acuerda de felicitarte el cumpleaños.
  • En caso de que te acordases de que esa persona no te ha felicitado (que ya es de rencorosos) piensas: “Pues con el lío que tendrá, no me extraña que no se haya acordado. A mí me ha pasado lo mismo muchas veces”. Si le das más importancia, puedes comenzar a pensar que algo insano está ocurriendo en tu organismo ;)
  • Te llega un mensaje en Facebook: Pericco de los Palottes te invitó a probar “Deseo agregar tu cumpleaños”.
  • “¿Pero cómo es posible que esta persona a la que he visto UNA o NINGUNA vez en mi vida quiera saber cuándo es mi cumpleaños? ¡Qué más le dará saberlo! ¡Bah! Eso es que le ha enviado la petición a cholón a todo el mundo. Paso ¡Hay que ver cómo le gusta a la gente hacerme perder el tiempo”.
  • Te llega un mensaje en Facebook: un amigo (esta vez de verdad) te invitó a probar “Deseo agregar tu cumpleaños”.
  • “Qué majo, se interesa por mi cumpleaños”. En ese momento aparece la sombra de la duda: “¿No será que mi colega ha hecho lo mismo que Pericco de los Palottes y lo ha enviado a cholón? ¿Debería seguirle el juego?”. Pero en el instante en el que decides que tu amigo se merece que aceptes su invitación, recapacitas: “¿Compartir mis datos con una presunta aplicación de cumpleaños que vete tú a saber quién la ha desarrollado? ¡Anda y que le den! Que me sonsaquen sutilmente cuándo cumplo años, como hago yo con los demás”.
  • Te cuelgan un “Felicidades!!!” o un “Feliz cumpleaños, que lo pases muy bien!!!” en el muro de Facebook o en Twitter.
  • “¡Qué majo! …pero anda que se ha roto los cuernos intentando ser original”. Si es vía Twitter, le atribuyes un pelín más de mérito, porque esta plataforma no va chivándose por aquí y por allá de las conmemoraciones.
  • Te cuelgan un “Muchísimas felicidades wappo/a!! Ya veo que empezaste a celebrarlo anoche :)” en el muro de Facebook o en Twitter.
  • ”¡Qué majo! Y hay que ver qué pendiente está de mis cosas. ¡Qué importante soy como prescriptor!”. #ifeelgood
  • Te cuelgan un “Feliz cumpleaños, que lo pases muy bien!!!” en el muro de Facebook o en Twitter acompañado de una foto como ésta o un vídeo de este estilo.
  • “¡Hay que ver qué detallista! La de minutos de su vida que habrá dedicado a buscar esta cosita tan divertida sólo para que yo me riese”. #friendsforever
  • La misma situación anterior, pero resulta que quien te envía el vídeo sabe que te encanta bailar: “Querido Stephan, no dejes de saltar y bailar en tu cumpleaños. Me imagino que lo celebrarás más o menos así
  • “¡¡¡Qué puntazo, se lo ha currado a tope!!!! Estoy pensando en invitarle a probar Deseo agregar tu cumpleaños para que jamás se me olvide el suyo”.
  • Recibes un mensaje privado de felicitación personalizado a través de cualquier red social: Whatsapp, Line, email o un DM vía Twitter (por cierto, Disney incluye esta práctica en su community management).
  • “Esto ya es amor. Hay que ver la complicidad que tiene esta persona conmigo”. #estoyempezandoaponermetierno
  • Te llega un mensaje de felicitación vía SMS.
  • “¡¡¡Qué vintage!!! Se ha gastado la pasta por felicitarme. ¡Qué cielito! Pero… ¿está tonto o es que no sabe que existen Whatsapp o Line? Ah, claro, es que tiene un Nokia 5110 y con eso poco se puede hacer”. #lequiero
  • Te llaman por teléfono para felicitarte utilizando la voz humana.
  • Después de la conversación haces el pino de tanta felicidad que te ha invadido.
  • Te llega una postal de felicitación vía correo tradicional escrita a mano.
  • Obviamente, lloras de felicidad
  • Alguien te despierta llamando a tu puerta a las 7:15 de la mañana. Es un botones que te trae tu desayuno de cumpleaños, encargado por un súper-amigo (a mi me pasó y te aseguro que no se olvida ;P).
  • Piensas que cuando debas elegir una residencia de la tercera edad para tu retiro, debería ser aquella en la que esté ese amigo.

Podría extenderme al infinito hablando de fiestas y regalos de cumpleaños, pero lo que quería decir es que si una persona te resulta especial, hazle ver que es así diferenciando y personalizando tu mensaje, invirtiendo una pequeña o gran porción de tiempo en ello. Da igual que sea a través de Facebook, Twitter, Whatsapp o mediante una nota en un post-it. Y sobre todo, no te obsesiones con que has olvidado un cumpleaños o que han olvidado el tuyo . ¡A todos nos pasa!

Mi conclusión: te deseo un cumpleaños que te deje así ;)

Por cierto, hoy también es el Día Mundial de la Radio.

Stephan Fuetterer

@sfuetterer

 

social-business

¿Por qué lo llaman social business cuando quieren decir comunicación?

30 / ene / 2013 | Escribir un comentario

Modas. Tendencias. Llegan. Sorprenden. Algunas se quedan. La mayoría se van. Pero ¿nos paramos a pensar en ellas? ¿Qué significan? ¿Cómo están construidas? ¿O simplemente las damos por ciertas y nos subimos al carro?

Últimamente me hago muchas preguntas sobre el social business. La primera: el término. ¿Cómo está formado? Social + Business. Simple, pero ¿correcto? En los últimos meses se ha hablado mucho de una evolución: “del social media al social business”. Yo mismo he defendido un proceso que ahora cuestiono, porque la evolución lógica sería “del business al social business” o en todo caso “del social media al social media business”, ¿no? Coherencia.

¿Qué ha pasado con el término “media”? Cuando hablamos de social business, ¿no nos estamos refiriendo a entornos comunicativos (en este caso, redes sociales) que contribuyen a sacar mayor rentabilidad (en términos de negocio) a las empresas? Entonces, ¿por qué suprimimos toda referencia a la comunicación en el término?

Segunda pregunta (aunque ya van unas cuantas): el significado. Hay 3 corrientes relacionadas con el social business (o alguna más). Una, la más utilizada: cómo sacar rentabilidad a las redes sociales. Dos (muchas veces mezclada con la primera): integrar las redes sociales en todas las áreas y departamentos de una compañía. Y tres, quizá la más “coherente” si atendemos exclusivamente al significado de las palabras: construir negocios más sociales, más humanos y que miren más por las personas.

Ahora que las empresas ya están en las redes sociales, que llevamos años generando contenidos, creando comunidades y buscando el engagement, llega el social business. Un intento por justificar que nuestro trabajo es rentable. ¿Es que antes no lo era? Sí. Y como somos así de inconformistas, queremos que lo sea aún más.

A mi juicio, la comunicación (de las compañías) siempre está vinculada con la rentabilidad. Persigas notoriedad, branding o un posicionamiento determinado, el fin último siempre es contribuir a “vender más” (por decirlo rápido). Si no, ¿por qué quiero que me conozcan? ¿Por qué me esfuerzo para que mi público me vea de determinada manera? ¿Para qué quiero ser visible, empático y dialogar con el público, con las personas?

Resumiendo: la definición es válida, atractiva y justifica muy bien a qué nos dedicamos (business communication). Pero el término social business tiene defectos “de fabricación”, carencias (obviar la comunicación me parece un delito) y, añadamos o no la palabra business a nuestro timeline, nos dedicamos al negocio. Al menos yo lo tengo claro.

El social media está madurando, tomando conciencia de sus responsabilidades, enfrentándose a sus temores, demostrando de lo que es capaz (ser rentable). En definitiva, el social business no es más que la adolescencia del social media. Y si el social business es la vía (lo es), las preguntas tienen que formar parte del camino.

 

Diego Rivera

@riveradiego

inmigrantes-vs-nativos

Inmigrantes y nativos digitales: una cuestión de actitud

18 / ene / 2013 | 2 Comentarios

En 2013, es impensable pensar en un mundo sin internet, sin estar conectados al instante, sin poder compartir nuestras experiencias, nuestras actividades, nuestros sentimientos con miles de amigos o seguidores online. Hoy en día, y cada vez más, la Red se ha convertido en una parte indispensable de nuestras vidas.

Algunos aún recuerdan cómo quedaban desde el teléfono de casa, cómo avisaban a sus padres de que no iban a comer llamando desde una cabina de teléfono, o cómo se comunicaban con amigos que vivían lejos mediante cartas y postales que tardaban en llegar, ansiando el momento en que el cartero llamaba al telefonillo.  Pero ahora todo ha cambiado.

Actualmente conviven dos generaciones muy diferentes: los nativos digitales y los inmigrantes digitales.  Ambos  términos fueron acuñados por Mark Prensky, quien, como él mismo se define, es escritor, futurista, visionario, inventor, consultor, diseñador de juegos y de métodos de aprendizaje.

¿Quiénes son esos nativos digitales? Serían aquellos que no conciben un mundo sin internet, que han nacido y crecido en el mundo 2.0, en un entorno donde la Red ya existía, aunque fuera de una manera mucho más básica a la que ahora conocemos y donde ya se podía acceder a información en cualquier punto del planeta desde tu propio hogar. Para ser más precisos, se considera que constituyen esta generación de nativos digitales aquellas personas que nacieron a mediados de los 80 en adelante.

Y si ellos son los nativos, ¿a quiénes se denomina  inmigrantes  digitales? A esas personas que nacieron en el mundo analógico, antes de mediados de los 80 del siglo pasado. Por eso, se educaron sin la tecnología digital. Serían aquellos que buscaban palabras y biografías en grandes y pesados tomos, y pasaban horas y horas en la biblioteca.

En mi humilde opinión, basada en mi propio entorno, estas definiciones son totalmente erróneas, pues hay muchos inmigrantes digitales que conocen mejor el mundo 2.0 que la generación posterior a ellos. Y no sólo eso: llegan a manejar y exprimir mejor este contexto, tanto en su vida privada como a nivel profesional, porque conocen más herramientas que aquellas que catalogamos específicamente como redes sociales.

No es lo mismo un usuario (da igual la edad) que sólo use Facebook para hablar con su familia y amigos, colgar fotos y realizar comentarios, y que seguramente  no utilizará buena parte de las opciones que proporciona la plataforma porque no le interesen, que alguien que busca ir más allá. La clave está tanto en el acceso a los recursos, como en la actitud y el interés que ponemos en los recursos a nuestro alcance. Un gran ejemplo que demuestra que no existen ni lo nativos ni los inmigrantes digitales ha sido el periodista y fotógrafo español Enrique Meneses, que falleció el pasado 6 de enero (os dejo aquí un post que recoge lo que han dicho de él, así como muestras de su trabajo), y que en los últimos años no dejó de actualizar su blog y su perfil en Twitter.

No debemos dar por hecho que hay una generación que tiene más facilidad para la tecnología que otra, sino que hay que ser conscientes de que esa generación más contemporánea tiende a pasar más tiempo en las redes porque forman parte de sus dinámicas sociales y, por lo tanto, las manejan más ágilmente. Esto no es nuevo. Ocurrió igual con la llegada del vídeo: eran muchos los hijos que enseñaban a sus padres cómo manejarlo, y no porque estos no supieran, sino porque aquellos pasaban más tiempo trasteando con el aparato, igual que pasó más tarde con móviles y ordenadores. Cuestión de actitud.

Rebeca C. López Fernández

 

 @Rbkarol

 

hobby

¿Crisis de los medios o una población desmotivada?

15 / ene / 2013 | 3 Comentarios

Hace poco escribí un post que auguraba la desaparición de los medios escritos si las empresas editoriales se empeñaban en mantener su obsoleto modelo de negocio. Una semana después, el destino me guardaba una fuerte bofetada en Alemania.

Pocos placeres hay tan grandes para un lector de revistas como visitar la tienda de prensa de una gran estación de tren en el teutón país. Allí uno se encuentra, por ejemplo, con que existen más de 10 cabeceras dedicadas al extremo arte del tatuaje, 7 revistas centradas en temáticas tan peregrinas como los tractores o más de 15 publicaciones especializadas en automóviles clásicos. Si tocamos temáticas como decoración, jardinería, cocina, tendencias, etc., el número de cabeceras se dispara hacia las docenas. En resumen: dudo que un kiosco callejero español pudiese albergar siquiera el número total de cabeceras dedicadas en Alemania únicamente a la automoción.

Estas tiendas de estación son paraísos editoriales que echan por tierra mis agoreras opiniones sobre el futuro de la prensa escrita. ¿Motivo para la esperanza? En ningún caso. La situación es infinitamente peor de lo que pensaba.

Una de las razones de la fidelidad al papel de los alemanes puede ser que la población germana no se ha visto tan afectada por el deslumbramiento tecnológico del que somos víctimas en España, tal como indica el Observatorio eCultures Europe desarrollado por la empresa G2.

Pero no me vale, ya que los índices de adopción tecnológica no justifican en ningún caso la histórica diferencia entre el número de cabeceras que existen en ambos países. ¿Cuándo hubo en España una sola revista sobre tractores que se vendiese en kioscos? Yo, desde luego, no la recuerdo.

La preocupante interpretación que me ha surgido es que España es un país en el que la diversidad de intereses y aficiones no tiene cabida o, por lo menos, no es rentable para quienes informan sobre ellas.

Si en Alemania se venden muchas revistas de tatuajes, debe de ser que por allí vive una gran cantidad de personas interesadas en dichos menesteres. Si la edición de revistas de tractores constituye un negocio rentable, intuyo que será porque habrá agricultores tudescos que se tomen lo suficientemente en serio su trabajo como para adquirirlas. Puede que no sea por eso. ¿Será simplemente que hay mucho friki de las carreras de tractores?

El motivo me da igual. El caso es que esos medios se venden. ¿Por qué? Porque hay personas interesadas en determinados temas, ya sea a nivel personal o profesional. Personas que se toman la molestia de adquirir una publicación a un precio asequible en relación a la pasión o motivación que genera dicha temática.

¿En España qué motivaciones, intereses, aspiraciones tenemos?

…el fútbol.

¿Somos, a pesar del mito, un país sin pasiones? ¿No tenemos aficiones más allá del balompié? ¡Sí, la Fórmula 1! Disculpe, padre.

A lo mejor es que en España no disponemos de tiempo para poder dedicárselo a las aficiones. Es posible. En Alemania se mira con malos ojos a aquellos trabajadores que prolongan su estancia en la oficina más allá de la hora de salida (sobre las 4 o las 5 de la tarde). Los que lo hacen caen bajo la sospecha de ser poco productivos. ¡Claro, con horas de salida como esas sí que da tiempo a cultivar una afición! Pero es que en España, los que tienen trabajo deben echar muchas horas para contentar a su jefe, que aún cree que número de horas y productividad son conceptos relacionados. Y, cómo no, saliendo a horas españolas, ya no hay quién pueda labrarse una afición decente, salvo la de entrenador de bar…

El caso es que una población sin aficiones me parece un problema mucho más global y grave que la crisis de un único sector productivo, como es el de los medios escritos. Particularmente, me resulta descorazonador y desesperanzador.

Así que a ver si en este 2013 todos somos capaces de rescatar y empujar esa afición que siempre hemos tenido pero hemos debido acallar por circunstancias de la vida. Nos puede ayudar a nivel particular y posiblemente también al mundo editorial.

#change2013

Stephan Fuetterer

@sfuetterer

influencers

El increíble caso del influencer mutante

14 / ene / 2013 | 2 Comentarios

No recuerdo exactamente quién dio el primer paso, cuándo ni con qué motivo, pero debió de ser más o menos así. España, 2005: una multinacional de la industria tecnológica celebra una de sus grandes citas corporativas en una capital europea. Junto a los periodistas que habitualmente cubren el evento (y a los que invita a acudir asumiendo su desplazamiento y alojamiento) hay ciertas personas que se salen de lo habitual. Son blogueros. Ellos no lo saben, pero el concepto influencer  ya está tomando forma.

Al pasar la mecánica de las relaciones entre empresas y medios de la bidireccionalidad a la multidireccionalidad, quedó constatado que las cosas estaban cambiando en la comunicación, y a gran velocidad. No se trataba del fin de la objetividad o del hundimiento del periodismo, sino de la certeza de que internet había modificado la manera en que los consumidores se informan, opinan, crean y deciden. Los blogs eran una realidad emergente que no pasaba inadvertida, y el reconocimiento de que sus autores estaban creando nuevos y eficaces canales de comunicación se tradujo en ese deseo de integrarlos en las dinámicas de relaciones públicas, aunque a día de hoy todavía hay quien no sabe muy bien cómo trabar relaciones con ellos.

Convertidos en líderes de opinión por derecho propio, los blogueros (al menos aquellos que han conseguido mayor notoriedad) fueron los primeros influencers de la era digital, no sólo por ser capaces de influir en el comportamiento y las decisiones de las comunidades que les seguían, sino por el papel que juegan como comunicadores para empresas y organizaciones. Sí, antes hubo algunos foreros que se hicieron populares en la Red, pero generaban más miedo y rechazo que admiración.

A muchos periodistas les molestó su presencia en eventos, ruedas de prensa y show-rooms. ¿Qué hacían allí? Aquello no era serio, “no eran profesionales”. Con el paso del tiempo, se evaporaron las discrepancias, y con la crisis de los medios se ha dado la circunstancia de que muchos que empezaron trabajando en la prensa tradicional lo hacen ahora en blogs, tanto personales y amateurs como comerciales.

Pero no dura mucho la calma en internet. El influencer digital cobró nueva forma con el estallido de las redes sociales. Primero fue bajo la apariencia del gurú: aquel experto que pontificaba sobre un determinado tema desde su perfil en Twitter, que escribía mucho, respondía poco y no seguía a nadie. Cada uno es libre de actuar en las redes sociales como le parezca, pero sea como fuere, al gurú le caen palos de vez en cuando. Sea como fuere, muchos empezaron a ser invitados a eventos, mesas redondas e incluso desayunos y ruedas de prensa. Tampoco le hizo gracia a sus predecesores.

El cambio de las redes sociales

El influencer ha experimentado una nueva mutación: ahora también son personas tremendamente activas en redes sociales, a las que siguen miles de personas no tanto por su conocimiento experto sobre un determinado tema, sino más bien por su capacidad empática y por el estilo de vida que exhiben. De nuevo, muchas empresas acuden a ellos con un claro objetivo: obtener visibilidad para algunas de sus acciones de comunicación. A fin de cuentas, no dejan de ser un puente hacia usuarios con los que, a través de otros canales, no podrían conectar, e interactúan con las marcas de forma completamente distinta a como lo haría un “probador” técnico.

¿Qué sucede en estos momentos? Que la banalidad de algunas acciones para las que se cuenta con este tipo de perfiles con el único objetivo de sumar impresiones lleva a que, de nuevo, surjan las voces críticas. El periodista y bloguero Carlos Zahumenzsky hablaba hace poco de “Social Proxeneting” como una actividad producto de las agencias de marketing y comunicación que “mantiene y promociona a esas attention whores convertidas en divas”. Aída Méndez, de Weblogs SL, matizaba a Zahumenzsky: sí, hay “famosos de Twitter”, pero no se acude a ellos porque sean menos críticos que un periodista (coincido con ella). Lo más interesante de su reflexión es que, en efecto, cada vez es más frecuente que el influencer sea alguien del sector del social media, en una especie de círculo endogámico en el que los profesionales del mundillo hablan de sí mismos y del trabajo ajeno con admiración y entusiasmo. No es extraño: si los blogueros más consolidados en internet son los que hablan de tecnología por la naturaleza técnica del medio, ¿cómo no iban a ser los nuevos influencers en las redes sociales precisamente aquellos que trabajan en social media?

Y yo, ¿qué opino? Además de lo que dije hace poco en un debate en OndaCro, creo que el influencer no es: está. Es una condición circunstancial en la vida que no podemos atribuirnos. Se influye o no se influye, a pesar incluso de uno mismo. Pero lo importante, al margen de eso, es para qué queremos invitar a participar a determinadas personas en nuestras estrategias de comunicación. Las empresas están en su derecho de saber cuál es el ROI de veinte fotos en Instagram de gente tomando gin-tonics. ¿Se generan nuevas ventas? ¿Se mejora la reputación? ¿Aumenta la comunidad en torno a la marca? ¿O sólo conseguimos impactos gráficos de gente, independientemente del sector y de su procedencia profesional, divirtiéndose?

Me da igual que hablemos de gurús, de influencers o de experiencers, término muy acertado que leí al periodista Manu Arenas para etiquetar a los que comparten experiencias a propuesta de las empresas. En su rol, unos y otros pueden tener sentido y legitimidad como eslabones de la malla de relaciones y conversaciones que se teje entre empresas y públicos (consumidores o no), normalmente de forma espontánea. Lo que sería triste, como me comentaba Stephan Fuetterer hace poco, es que desde las Relaciones Públicas se haya luchado tanto para que se nos disocie del que reparte flyers a la puerta de una discoteca como para que ahora terminemos organizando saraos en estos establecimientos para tomar cervezas. Tampoco se trataba de eso.

Para un acercamiento más amplio del concepto influencer, os dejo este interesante documental:

INFLUENCERS FULL VERSION from R+I creative on Vimeo.

Carlos Molina

@molinaguerrero

sintestesia-digital

La sinestesia digital ya está aquí

10 / ene / 2013 | Escribir un comentario

La sinestesia es la rara facultad de transponer las sensaciones percibidas por el cerebro. En Psicología, es una condición neurológica que mezcla los sentidos, por lo que un sinestésico puede ver sonidos, saborear palabras u oír olores. Hoy me apropio de este concepto de hibridación y dislocación para plasmar lo que los entornos digitales apuntan a convertirse en menos que canta un gallo.

El desarrollo de la tecnología aplicada a internet nos traído, hasta hoy, un mundo donde los usuarios somos multitarea, multidispositivo, multiconocimiento y casi todo lo multi que se te pueda ocurrir. Hemos pasado de ser agentes pasivos sin papel relevante en la producción y distribución de los productos y contenidos, a ser prosumers, presumers, custowners, citysummers y quién sabe qué más.

Nos hemos convertido en usuarios creadores, distribuidores, modificadores, comunicadores, todo ello a la vez, por partes o eligiendo lo que más te guste ser. Al igual que el sinestésico procesa sus sentidos de manera dislocada oyendo sabores, los usuarios hemos dislocado nuestro papel tradicional convirtiéndonos en medios de comunicación o en fuentes de contenido. Nos hemos transformado en el centro de nuestro propio consumo y entretenimiento, y hemos desarrollado una asombrosa capacidad para buscar, encontrar, producir, modificar, compartir y experimentar en cualquier entorno digital. Nos hemos convertido en sinestésicos digitales.

Este nuevo año que entra promete hacer evolucionar esta dinámica y llevarla aún más lejos. El imparable desarrollo de la tecnología, casi análoga a nuestra capacidad de adaptarnos a ella, nos llevará a encontrar nuevas aplicaciones de sinestesia digital donde daremos con formas, hasta ahora impensables, de participar activamente en la financiación, producción  y distribución de contenidos.

Hemos interiorizado el concepto “Long Tail” y sabemos que nuestro granito de arena, en internet, mueve montañas, y por ello nos organizaremos mejor y nuestras voces serán más escuchadas. Seguiremos dislocando el modelo, haciendo que las marcas corran a marchas forzadas para adaptarse a nuestros patrones de consumo y comportamiento en internet y, así, conseguir una pequeña fracción de nuestro valioso tiempo.

Nos entretendrán con acciones gamificadas, nos harán participar en sus campañas transmedia, nos ofrecerán contenidos de mayor calidad gracias al desarrollo del big data y nos harán partícipes de los procesos de producción de los productos. Los dispositivos móviles se convertirán en nuestros centros de ocio y el control remoto de nuestra actividad en internet, haciendo evolucionar las estructuras de contenidos hasta ahora conocidas. Porque ya hemos empezado a dislocar los flujos de información, haciéndolos girar en otra dirección.

La sinestesia digital, la dislocación, la horizontalidad y la hibridación ya están aquí. Lo mejor está por llegar. ¿Estás preparado?

 

Sara Martín

@_SaraMP_

 

relacion-blogueros

La relación con blogueros: asignatura pendiente de la comunicación

09 / ene / 2013 | 12 Comentarios

Mucho se ha escrito ya sobre la relación de las marcas con los y las blogueros/as. Incluso en este  mismo blog ya hemos reflexionado en alguna ocasión sobre el tema pero, sinceramente, parece que no aprendemos, a tenor de los muchos posts que he leído estos días sobre lo mal que lo seguimos haciendo. Como apunte, que conste que el uso del plural mayestático en este primer párrafo es simple cortesía.

Creo que nunca hemos pecado de errores tan garrafales como los descritos en estas publicaciones a las que me refiero, y por muchos motivos. El primero de ellos es que casi todos los que trabajamos en Best Relations somos blogueros y también hemos “sufrido” lo nuestro con algunas propuestas de agencias de comunicación y marcas no muy bien orientadas.

Los propios blogueros se han animado a hacer listados de consejos para que estas relaciones sean fructíferas y, en su mayoría, se basan en 3 puntos:

- ¡Conóceme! y, por favor, no empieces con frases como “Nos gusta mucho tu blog y hemos pensado que pruebes una taladradora eléctrica… “.

- Hola, ¿hay alguien ahí? Soy una persona que habla con personas, tengo nombre, apellidos, no me llamo “webmaster” ni “querido/a amigo/a”. En mi caso, escribo sobre maternidad y no hago bricolaje.

- Un periodista, ¿dónde? Por favor, no me mandes notas de prensa. ¿Me ves cara de periodista? Sin ánimo de faltar a los periodistas, ojo J. No, no me interesa tu nuevo modelo de taladradora.

- No dispongas de mi blog, ¡éste es mi reino! Y ¡NO ME GUSTÁN LAS TALADRADORAS!

Como bloguera, me atrevo añadir alguna cosa más que, a mí personalmente, me pone los pelos de punta:

- Por añadir “je, je, je… “ al final de cada párrafo no me vas a convencer. No voy  a publicar lo que me pides, ni aunque me lo pidas como favor “personal”.

- Si me has mandado cinco emails y no te contesto, no es un problema del servidor.  ¿Será que no me van las taladradoras?

Cuando leo algunos emails que recibo de agencias de comunicación reputadas o incluso de grandes marcas, me cuesta creer que se tenga tan poco sentido común. Da la sensación de que la relación con blogueros es el último eslabón en la estrategia de comunicación y que se hace a la ligera, sin valorar el daño que puede hacerse a una marca si un día alguien más enfadado de la cuenta hace público los mensajes que se llegan a recibir.

Leyendo entradas como ésta de Enrique Dans, siento que flaco favor se nos hace a las agencias de comunicación con este tipo de prácticas. No quiero ponerme tremendista, pero a veces me da vergüenza que se haga tan mal el trabajo.

Y desde luego, no será porque no hay información en la Red sobre el tema, porque se han escrito ya ríos de tinta sobre la cuestión desde tiempos inmemoriales, allá por 2007, cuando Eva Sanagustín escribió Blogmarketing: Manual de buenas prácticas. ¿Va a ser desidia? ¿Falta de profesionalidad? En los tiempos que corren, no creo que nos lo podamos permitir.

Begoña González

@Begoglez