La vida y secretos de un stalker

Mi [fracasada] vida como stalker en las redes sociales

[Lo que sigue es un relato de ficción]

Todo empezó de forma casual, como comienzan muchas cosas. Sumas dos más dos y ves que el resultado cuadra. Me pasó al entrar en el perfil de Twitter de aquel amigo y curiosear en su lista de contenidos favoritos. Me llamó la atención que marcara, durante una época, todos los tweets de una chica a la que yo no conocía. Dado que las publicaciones no tenían tema en común, deduje que lo que era común era su autora. Ahí había algo más. Y me pareció divertido averiguarlo. Había comenzado mi (breve) vida como stalker, como mirón en las redes sociales.

Supuse que, si una deducción tan simple era posible con algo tan a la vista, seguramente podría ser más interesante si buscaba conexiones más complejas. Al fin y al cabo, en eso consiste el Radio Patio 2.0 de un stalker. Así fue. La primera oportunidad me la dio Instagram. Cuando la red social decidió cambiar la forma en que sumaba los “likes”, ofreciendo un resumen a cambio, me puso por delante una evidencia que me sacó una sonrisa. “Fulanito, Menganito y 200 personas más” era una información relevante para mí, sobre todo cuando veía que en determinadas imágenes, los nombres destacados al principio (las coincidencias con mi propia red de contactos) se repetían.

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Cuando eso sucedía, merecía la pena meterse en el perfil y buscar las interacciones recíprocas. Así fue como descubrí que dos conocidos a los que no relacionaba eran matrimonio, o que un primo mío había dejado a su pareja por otra en una fecha concreta. La gente tiende a hacer cosas muy mecánicas cuando los sentimientos están a flor de piel, como dejar públicas muestras de cariño en forma de clic… aunque las fotos no le gusten.

Poco a poco, fui sofisticando mi método. Me gustaba navegar por Facebook desde el ordenador, porque me ofrecía más ventajas que la aplicación para móvil. Al tener a la vista los perfiles activos en la columna de la derecha, podía seguir a los que estaban conectados y su actividad. “Vaya, tal persona estuvo conectada hasta las cinco de la mañana; la noche del viernes fue larga”, me decía. Luego, en la sección superior, asistía en tiempo real a las acciones de mis contactos: qué comentarios acababan de hacer, a qué eventos se habían apuntado, quién les había etiquetado en una imagen… Era inevitable no sentarse delante de la pantalla a ver la vida virtual en directo.

Me aficioné a herramientas como Stalkscan, que no hacía más que aprovechar el buscador Graph Search de Facebook para establecer búsquedas complejas sobre el contenido público de cualquier perfil. ¿Cuáles de mis amigos solteros marcaban con un “me gusta” fotos de contactos solteras? Lo tenía en un par de clics.

“Era inevitable no sentarse delante de la pantalla a ver la vida virtual en directo”

Ser un stalker en un mundo de bots no compensa

Pero todo cambió rastreando en Instagram la sección que permite ver qué acciones han llevado a cabo tus amigos, es decir, qué imágenes o vídeos han destacado y en cuáles han dejado un comentario. Aquello, que durante un tiempo fue un pozo de información valiosa, empezó a revelarme una realidad: cada vez era más falso. Comencé a descubrir perfiles a los que creía auténticos marcando fotos que poco o nada tenían que ver con ellos. Dejaban comentarios escuetos, apenas un emoticono o una frase mecánica. Los comportamientos se estaban automatizando. No había rastro humano.

Un estudio afirma que el 15% de los usuarios de Twitter son bots. Yo sé que son más. Yo sé que no es necesario que los perfiles se hayan creado bajo una imagen ficticia y con un comportamiento falso. He comprobado que muchas de las personas de mi red de contactos hace tiempo que dejaron de actuar de forma consciente. Dejaron en manos de herramientas automáticas la publicación de contenidos a partir de parámetros prefijados. Parecen auténticos, pero no lo son. Seguramente se alegran de verdad en LinkedIn por ese aniversario que has cumplido en tu puesto de trabajo, pero si les mandas un mensaje personal no te responderán porque jamás acceden a la plataforma.

Ser un stalker en un mundo de bots no compensa. Salvo que tú también lo seas.

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Carlos Molina

Carlos Molina

Director general at Best Relations
Periodista de formación y espíritu entregado a las estrategias de comunicación desde hace años. Para no aburrirme, doy clases en universidades y escuelas de negocio. He co-organizado los eventos RRPP & Tweets y #CarnavalRRPP. Colecciono figuras de Saint Seiya.

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