Por que la palabra del año es posverdad

Posverdad: dime cuánta información te impacta y te diré cuán desinformado estás

En la última semana he escuchado decir en tres ocasiones y en distintas cadenas de televisión que “vivimos en la posverdad, donde todo es mentira”, “no se puede creer en esto”, “cuesta saber qué es verdad”. Al margen del tremendismo mediático, algo de razón hay en tales afirmaciones. Sin ir más lejos, el Diccionario Oxford eligió el término posverdad como palabra del año después de la gran cantidad de noticias falsas que rodearon la campaña por la presidencia de los Estados Unidos. Quién no ha escuchado o leído bulos como que el Papa había pedido el voto para Trump o la muerte de un agente del FBI que investigaba a los Clinton. Estas mentiras se terminaron convirtiendo en verdad después de ser compartidas miles de veces en Facebook.

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Nuevas formas de periodismo en la red

El periodismo digital toma forma de vídeo

Cuando voy en metro suelo hacer dos cosas. La primera es jugar a adivinar en qué parada se baja el señor mayor, la chica morena o el hipster que van en mi vagón; os sorprendería mi porcentaje de acierto. La segunda, como el resto de los mortales, es enredar con el móvil. Hace dos días iba camino al trabajo, repasaba las actualizaciones de Facebook de mis contactos y reparé en una de ellas. Se trataba de un vídeo de PlayGround titulado “La Paz entre familias mafiosas es tan volátil como necesaria”. El vídeo en cuestión hablaba de un cisma en la Yakuza y llamó mi atención por cómo estaba contado: 32 segundos de un vídeo compuesto por fragmentos de películas japonesas sobre la mafia o ríos de sangre, acompañado de una canción que funcionaba como música de ambiente.

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Vídeos musicales interactivos

Vídeos musicales interactivos: ¿experimentación o marketing?

Hace escasos días, nos llegaba la noticia de la creación del vídeo musical más extenso hasta la fecha. El artífice no podía ser otro que el llamado a convertirse en “hombre del año”, alias Pharrell Williams, que nos proponía 24 horas reales de felicidad non-stop.

Con su propuesta Happy se amplía la larga lista de conocidos artistas del mundo de la música que se suman a esta nueva tendencia de innovar a través de vídeos interactivos. Este último ejemplo, además de extenderse a lo largo de todo un día (si de verdad hay alguien capaz de perder tanto tiempo mirando fijamente a una pantalla mientras suena la misma canción), tiene la capacidad de adaptarse a la hora exacta en la que el espectador se dispone a visionarlo, permitiéndole elegir si adelantarlo o retrocederlo a su momento preferido de la mañana, la tarde o la noche. Sin duda, se trata de un auténtico reto musical de larga duración para el señor Williams.

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Social media, astroturfing y otras incoherencias 2.0

A menudo encuentro que, en el mundillo 2.0, existe una notoria predisposición a teorizar sobre conceptos que luego cuesta bajar a tierra firme debido a la todavía existente mentalidad de “emisores one-way” que tenemos las agencias y los departamentos de comunicación. A mi modo de ver, esto es lo que viene pasando con el aclamado concepto de poner al cliente, o al stakeholder, en el centro de toda estrategia digital, una visión que lleva años sonando pero que todavía no ve clara su implementación en el mundo real, pues requiere de una transformación radical en la manera de hacer comunicación.

Los que trabajamos en agencia y los que lo hacen en gabinetes de comunicación corporativos sabemos que, al final, existen dos claves fundamentales, conocidas de manera tácita, que condicionan todo trabajo de comunicación: la rentabilidad y el control de los mensajes. No hay trabajo, estrategia o acción que no se vea impregnada de alguna manera por alguna, si no ambas, de estas dos claves.

Agencias y empresas trabajamos en conjunto para hacer llegar nuestros mensajes a nuestros públicos de interés. Sí: nuestros mensajes, nuestros públicos de interés. Al final parece que hablamos de filosofías 1.0 vestidas de acciones 2.0 para no salir feos en la foto de esto de los medios sociales. Bajo mi punto de vista, seguimos mirando a los públicos/usuarios/clientes/ciudadanos como unidades de posible impacto. Aunque estudiadas y muy analizadas por diferentes vías,  al fin y al cabo son conjuntos de personas a las cuales queremos influenciar de alguna manera a través de mensajes que decidimos, unilateralmente, si son interesantes para ellos.

Para que el social media tenga sentido, tenemos que ceder no sólo parte, sino buena parte del control de nuestros mensajes a la gente. Y parece mentira que esto lo esté diciendo en marzo de 2013, pero todavía muchas empresas no terminan de querer formar parte de esto.

Se me viene a la mente el sonado presunto caso de astroturfing de una famosa operadora de telefonía móvil para conseguir que cierto hashtag fuera trending topic nacional y poder “crear opinión” sobre un tema crítico que sonaba con fuerza en la Red. Practicar el astroturfing es, a mi juicio, justo lo opuesto a entender la web 2.0, pues quiebra su esencia de horizontalidad, transparencia y democratización de la conversación.

Este tipo de casos son los que me hacen pensar si verdaderamente las empresas son conscientes de lo que las redes sociales suponen y ofrecen. Si al final las utilizamos como una herramienta más para “colocar” y controlar mensajes, crear opinión a casi cualquier precio olvidándonos de lo que verdaderamente se dice de nosotros, estaremos siendo las mismas empresas 1.0 de toda la vida, pero camufladas en un entorno supuestamente bidireccional y social.

Para mi sorpresa y desagrado, el astroturfing se practica más de lo que me gustaría y lo peor de todo, esto nos parece normal y aceptable. Tengo la sensación de que, en ocasiones, vivimos en torres de marfil 2.0, creamos conceptos para hablar entre nosotros, escribimos libros que sólo leemos nosotros, vamos a charlas y nos escuchamos unos a otros, pero no debemos olvidar que al final toda la filosofía 2.0 requiere de acciones guiadas por algo que no siempre abunda: sentido común.

Usemos nuestro sentido común como personas, usuarios y clientes que somos, y no como consultores, directores de comunicación o community managers. Hagamos las cosas bien desde el principio. Larga vida al social media.

Sara Martín

@_SaraMP_