Como las marcas presumen de sus influencers

Consumidores, marcas e influencers: ¿quién presume de quién?

La relación de los consumidores con las marcas es un fenómeno cada vez más temprano. Los seres humanos somos conscientes de su existencia desde pequeños. Las asociamos no sólo a valores, sino también a consecuencias (calidad del producto, por ejemplo) y, sobre todo, a posición social. De hecho, lucir una determinada marca puede ser sinónimo de prestigio. Pero algo ha cambiado con los medios sociales. Hace un par de décadas, asumíamos el sobrecoste de un producto asociado a la marca porque ésta nos proporcionaba por sí misma una imagen que deseábamos. Estábamos dispuestos a pagar más por mostrarla. Hoy, vamos camino de la situación opuesta: que las empresas tras las marcas paguen por mostrar a los consumidores. ¿O no es esto lo que se pretende con las estrategias con influencers?

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Póngame cuarto y mitad de influencers

Póngame cuarto y mitad de influencers

Llevamos años escuchando que los influencers son los nuevos rockstars de la Red. Que la gente “anónima es la que realmente puede influir a tu público objetivo. Que si no tienes identificados a una buena lista de influencers, tu estrategia en social media está coja. Incluso, que si hay que pagarle a uno 500 euros por mencionar de refilón tu marca en un post, se hace. Porque la relación con influencers es (o debería ser) primordial para cualquier marca “seria” que quiera estar en esto de los medios sociales.

Sí, hay estudios y cifras que apuntan que el influence marketing funciona. Sin embargo, empiezo a tener mis dudas sobre si esta (no) tendencia responde realmente a la naturaleza de los medios sociales: horizontales, transparentes y creíbles.  Me explico. Sigue leyendo

Influence One: el evento sobre el marketing de influencers

Influence One: el evento sobre el marketing de influencers

¿Cómo se vertebra la autoridad en internet? No es una pregunta retórica, aunque parezca difícil aunar una respuesta que consensúe todas las opiniones. Además, los diferentes focos del mundo del marketing y la comunicación apuntan a este tema con distinta intensidad de luz. Para dilucidar éste y otros muchos aspectos, este jueves 13 de marzo se celebra el evento Influence One, organizado por Augure, en el que Best Relations participa como entidad colaboradora. Se trata de un acontecimiento que reunirá a profesionales del mundo de la comunicación, el marketing y los medios sociales en torno a un tema principal: la gestión de influencers en internet. Sigue leyendo

El estado del influence marketing en 2014

El estado del influence marketing en 2014

A estas alturas no cabe duda de que ser influencer no aporta más que ventajas. Tampoco de que, como marca, aliarse con estos perfiles genera eco sin necesidad de realizar grandes inversiones. Quizá lo que ya no está tan claro es quién se convierte ahora en influencer, cómo los integran las marcas en sus acciones de comunicación y marketing o a través de qué medios se consigue crear una nutrida comunidad de seguidores.

En los siguientes cuatro puntos intentaré poner un poco de luz sobre estos y otros aspectos que configuran el estado actual de la autoridad en internet, como parte del debate abierto en la actual edición de #CarnavalRRPP. Sigue leyendo

¿envidia en las redes sociales?

¿Gestionas la envidia en medios sociales?

En el ADN de los medios sociales se encuentra la exposición pública de nuestro contexto personal. Si no estuviéramos dispuestos a compartir con otras personas parte de lo que hacemos o pensamos, ya sea en abierto o con un círculo cerrado, no existirían las redes sociales. Pero ese exhibicionismo del que hacemos gala los que participamos de las bondades del social media nos obliga a saber gestionarlo y entender sus consecuencias. De hecho, ¿cuántos de vosotros gestionáis la envidia en una estrategia de comunicación digital?

Al compartir en redes sociales, hacemos algo más que propiciar un diálogo multidireccional. En buena medida, presumimos. Presumimos de nuestra ropa; presumimos de los regalos que nos hacen; presumimos de los viajes que realizamos; presumimos incluso de las compañías que tenemos. A veces es un ejercicio inconsciente, nada calculado, que se desarrolla de manera natural pero que forma parte de cierta necesidad de aceptación que el ser humano tiene cuando convive en sociedad.

Según la situación y dependiendo del nivel de influencia del emisor, esos actos de pavoneo público generan cierto nivel de envidia en los públicos a los que impactan sus publicaciones que no se puede medir en resultados positivos.

¿Qué porcentaje de las personas que sigue a un bloguero de tecnología envidia su situación de privilegio al leer en Twitter que está probando tal o cual teléfono móvil? ¿Cuántos no desearían ser ellos los invitados a ese blogtrip que fotografían sin descanso en Instagram los expertos que lo protagonizan? ¿Cuántas bitácoras se habrán creado en el mundo de la moda o la belleza con el deseo de recibir esos productos de muestra o esas invitaciones a backstages que durante tanto tiempo sus autores vieron que disfrutaban otros?

Si el objetivo de las tácticas experienciales en los planes de comunicación es dar visibilidad a productos o servicios a través de las publicaciones en redes sociales de perfiles influyentes para alimentar el deseo de compra, ¿no deberíamos estar midiendo el nivel de conversión que estas actividades de prescripción supuestamente generan en vez de sumar impactos y publicaciones? Si el efecto conseguido es el incremento del nivel de envidia, tal vez algo esté fallando.

Si mientras leías lo anterior has balanceado arriba y abajo tu cabeza en un gesto de afirmación y sentimiento de complicidad, llega el momento de que te hagas una nueva pregunta: ¿no será este post un maldito producto de envidia cochina con denominación de origen? Va a ser verdad que las redes sociales no nos hacen mejores personas.

Carlos Molina

@molinaguerrero