De producto final único a sartén

De cómo la información digital se convirtió en sartén

En la mayoría de los cuentos los protagonistas van a mejor. Es un hecho. Empiezas como Cenicienta y acabas liada con el príncipe; de marioneta narizona pasas a niño majete; y mientras, los elefantes lisérgicos se transforman en estrellas del rock con camerino propio, por poner tres ejemplos que todos conocemos. Sin embargo, la historia que nos trae hoy aquí no parece ir a tener un final tan bonito y vistoso. Y es que nuestra amiga la información tiene toda la pinta de ir a acabar sus días convertida en sartén, maleta, mechero o, lo que es peor, camiseta de equipo de fútbol.

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Cómo cedemos nuestra información a las empresas

Las condiciones de uso de una app son los padres

Querido/querida adolescente:

Sí, estoy de acuerdo contigo. Las exigencias de los padres son una absoluta insolencia y una injusticia total. No se conforman con exigir una hora de llegada máxima a casa cuando uno sale a dar una vuelta. ¡Encima quieren saber dónde vamos y con quién! ¿Pero qué les importará todo eso? ¡Menudos dictadores! El caso es que ¿para qué darle esa información a papá y a mamá cuando ya se la estás dando, y mucho más, a Google, a Apple, a Microsoft o a cualquier otra empresa de la que te hayas descargado una app? ¿Verdad?

Da igual que tu móvil sea un Android, un iPhone, un Windows Phone o una Blackberry. Simplemente, detrás del móvil hay empresas que saben lo que estás haciendo, por mucho Snapchat que uses.

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La información es la moneda de cambio en internet

La información es la moneda de cambio en internet

“Nada de lo que consumimos en internet es gratuito” me decía hace poco alguien que conoce bien el mundo de la protección de datos en España. Cada movimiento que realizamos en la Red, cada decisión al clicar un enlace o una imagen, cada minuto que pasamos en una página web son aspectos que proporcionan datos valiosos a terceros sobre cómo somos, cómo pensamos y cómo decidimos. Ésa es la moneda con la que pagamos la gratuidad de internet: la información.

Semanas atrás, dentro de la programación de actividades de Dircom (Asociación de Directores de Comunicación), tuvo lugar un interesante desayuno de trabajo con Sergi Herrero, consejero delegado de L’Atelier BNP Paribas en Silicon Valley. Sergi, que es un gran comunicador capaz de transmitir su entusiasmo y asombro por las experiencias que está viviendo en Estados Unidos, habló no sólo de lo que hace (y lo que no) que una startup triunfe en ese exigente mercado, sino también de las tendencias en innovación empresarial en el entorno más disruptivo y dinámico del mundo. Y a pesar de que dio pistas sobre cómo una forma de pensamiento abierta da lugar a las mejores ideas e iniciativas, lo que más interesó fue lo opuesto al concepto de apertura: la privacidad de la información y la seguridad de los datos en el mundo online.

Es cierto que España no es Estados Unidos, y que aquí contamos con la que posiblemente sea la legislación más garantista para el ciudadano en torno a la protección de sus datos personales. Pero tal ver por eso sorprendió el perfil de algunas de las empresas de las que habló Sergi.

Una de las que mencionó fue 23andMe, fundada por Anne Wojciki, a la sazón, ex-mujer del fundador de Google, Sergy Brin. Anne, bióloga y especialista en biotecnología (por si alguien creía que el proyecto que dirige es sólo un capricho de millonaria), ofrece con esta compañía la posibilidad de analizar nuestro ADN para conocer no sólo de dónde venimos, geográfica y familiarmente hablando, sino también cuáles son las posibilidades de que desarrollemos ciertas enfermedades en el futuro, proporcionándonos también consejos sobre cómo prevenir esas situaciones que pueden marcar nuestra vida a medio y largo plazo. Pensar en la base de datos que 23andMe puede estar creando con la información de miles de clientes en todo el mundo, y de las ventajas que ello le puede dar para desarrollar otros servicios da que pensar. Y mucho.

Más todavía asustó a la concurrencia el caso de Palantir, una de las empresas más pujantes en el mundo del análisis de datos. Lo del Big Data se queda corto para explicar con qué material trabajan en esta compañía. Palantir se mueve en el mundo de la “Deep Web”, es decir, ese océano digital que no indexan los motores de búsqueda, a menudo porque la información se encuentra desestructurada, como en los documentos escaneados. Pues bien, Palantir, además de tener a la CIA entre sus accionistas y de contar con unos empleados peculiares que se categorizan de acuerdo a elementos de la tabla periódica, es capaz de analizar tal volumen de datos a escala planetaria que puede hacer una radiografía detallada de los gustos, hábitos e historial de compras de los consumidores del pueblo más insignificante que nos echemos a la cara. De nuevo, pánico en la sala.

Ese mismo miedo aparece cuando retomamos el principio de este post: la información como moneda de cambio en la Red. Es ahí donde entran en juego las cookies, que sirven para conocer mejor al que nos visita y decidir futuros cambios que lleven a alcanzar a nuestros objetivos. En nuestro caso, nos gustaría que nos ayudaran a acertar en los contenidos y generar el suficiente interés del lector como para interactuar con ellos; a una tienda online le gustaría saber cómo puede conseguir que las visitas se conviertan en compras. Por eso la actual trasposición de la Directiva Europea sobre el uso de las cookies obliga a dar información sobre cuáles usamos, para qué y cómo evitarlas. No están ahí para fastidiar ni el comercio electrónico ni la lectura de blogs, sino para que los distraídos usuarios sean conscientes de que casi siempre se paga con la moneda de la información.

Cuestionado acerca de las tendencias tecnológicas en torno al mundo de la seguridad, tanto física como lógica, Sergi Herrero comentaba que en Estados Unidos se empieza a apostar por lo opuesto a los sistemas ultraproteccionistas. ¿Que quieres vigilar tu dinero? Exponlo en una urna a la vista del público. ¿Que quieres evitar que te roben datos personales? Deja que los tenga todo el mundo. No falta lógica en el razonamiento; desde el punto de vista de la economía, los bienes escasos son más valiosos y aquellos de los que existe superávit dejan de tener interés. ¿Sucederá lo mismo con la información si cualquiera pudiera disponer de toda la que existe?

Carlos Molina

@molinaguerrero

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Tres minutos para imaginar el futuro del periodismo en internet

En una reciente presentación para un cliente en la que analizamos el estado de la comunicación en el entorno digital, surgió un breve debate sobre el futuro del periodismo. El tema resultaba de especial interés porque buena parte de los presentes trabaja son profesionales de las relaciones públicas, y existe una lógica preocupación por saber cuál será la evolución de los medios y el papel jugaremos los que estamos “al otro lado”, en agencias y gabinetes de prensa, para seguir dando servicio a los periodistas. Aunque en aquel contexto privado dimos algunas ideas, con el paso de los días y el poso de la reflexión surgen otras nuevas y se afianzan las que planteamos. Ahora es el momento de compartirlas.

El periodista Ramón Lobo dijo, en la edición 2011 del informe “Perspectivas Wellcomm”, que “se habla de crisis del periodismo cuando es una crisis de la industria que hace periodismo”. A mí me gusta añadir que es un gran momento para ser periodista, pero una época pésima para vivir de ello. Internet ha venido para condenar la industria y salvar al periodismo. Puede sonar contradictorio, pero creo que es así, y tiene mucho que ver con los siguientes puntos acerca de dónde estará el periodismo en un futuro a corto y medio plazo:

1. Las cabeceras dejan de ser un paraguas para la información. Hasta no hace tanto, la cabecera daba cobertura y apoyo al periodista, y el prestigio de éste dependía no sólo de su buen hacer, sino también de para quién lo hacía. La Red ha alterado por completo esa relación profesional. Las noticias se leen de forma desagregada: desde un lector RSS (mal que le pese a Google), desde las redes sociales (que levante la mano el medio para el que Facebook o Twitter no canalicen tráfico a sus noticias digitales) o desde webs para la recomendación y puntuación de contenidos (como Menéame). En la medida en que acudimos menos a la homepage de un medio para leer titulares y confiamos más en otras fuentes, gana peso el redactor de la información, que además se convierte en pieza fundamental para difundir la noticia y llevar tráfico a la misma, a veces a su pesar. La información, por lo tanto, será un ejercicio más personal en todos los sentidos, y menos corporativo desde el punto de vista mediático.

2. El periodista marca su línea editorial. Forzados por la situación de la industria, pero también animados porque el entorno digital permite desarrollar su trabajo con una nueva dimensión, buena parte de los periodistas ha abrazado el mundo de los blogs como una forma de dar una dimensión transmediática a su trabajo. Es decir: a través de bitácoras personales, comunitarias e incluso desde medios de nuevo cuño donde colaboran a título personal, desdoblan su trabajo en las áreas en las que son especialistas y comparten nuevas historias y enfoques de acuerdo no con la línea editorial de su medio de referencia, sino con la suya propia. Esto irá a más. Puede que no sea un valor que genere beneficios por sí mismo, pero garantiza más puntos de vista, más riqueza informativa y menos dependencia de los grandes grupos editoriales.

3. No es cuestión de formatos, sino de cómo consumimos la infomación. Uno de los debates más vivos en el momento actual es el de encontrar nuevos formatos periodísticos atractivos para los lectores. Más allá del texto plano con alguna galería de imágenes, los medios experimentan con iniciativas híbridas que obligan al periodista a cubrir una información, grabar recursos en vídeo, editar entrevistas multimedia y hacer fotos que acompañen su propia información hipervinculada a fuentes externas. Este año, The Guardian publicaba en su edición digital un espectacular reportaje sobre un violento incendio en Tasmania en 2012 a través de la vivencia de una familia que tuvo que refugiarse en el agua para no morir abrasada. Era espectacular por su presentación y contenido, con sonido de fondo, entrevistas en vídeo mezcladas con textos que seguían una línea de tiempo, dando múltiples opciones al lector para profundizar en la historia. Disfrutar del trabajo completo implicaba dedicar, fácilmente, cerca de una hora de nuestro tiempo. Sin entrar en el coste de recursos del medio para este tipo de acciones (inasumible fuera de escasas ocasiones al año), la pregunta es: ¿podemos dedicar tanto a leer información? Lo importante no es inventar un formato sorprendente, sino adaptarnos a los modos en que consumimos la información. ¿Cuándo leemos, dónde lo hacemos, durante cuánto tiempo, qué nos interesa? En las grandes urbes, parece que lo hacemos en los desplazamientos laborales, en las pausas en el trabajo, desde el móvil, centrándonos en los titulares… A menudo, un artículo llamativo lo compartimos con nuestra comunidad y hacemos ése que sea el reportaje para el que nosotros y nuestra gente cercana sí tiene tiempo. Quizás nuestra ventana de atención sea de uno o dos grandes reportajes al día, y dejaremos que sea nuestro entorno de confianza el que preseleccione el contenido destacado de la jornada. Eso terminará por definir los nuevos formatos, y no al revés.

4. La información como valor añadido. Hace muchos años, cuando empezaba a cursar mis estudios de Periodismo, entrevisté para un trabajo universitario al que entonces era redactor jefe de El Correo de Andalucía. Era el año 1993. En esa época, ya era relativamente frecuente realizar promociones para incentivar la venta de diarios. Le comenté, al despedirme, que ojalá la situación remontara para no depender del regalo de láminas, coleccionables o artículos de cocina para mantener a flote el negocio, y él me dijo: “¡Quita, quita! Si sirve para seguir vendiendo, no me importa que continuemos con las promociones el tiempo que haga falta!”. Esa realidad, que no ha hecho más que consolidarse y acentuarse con el paso de los años, convertía el cupón del diario en su valor añadido. A medio plazo, será la información la que se convierta en valor añadido de otros productos o servicios. ¿Que contratas un servicio de streaming de vídeo? Las noticias sobre cine o televisión serán el regalo que dé valor al servicio. ¿Que compras un smartphone? El acceso a contenidos sobre tecnología y movilidad de la mano del fabricante y a cargo de profesionales del periodismo se convertirán en el valor añadido del gadget adquirido.

5. El producto de la comunicación corporativa se convierte en “brick content”. En un post anterior, hablábamos de “brick content marketing”, un concepto desarrollado por nosotros que plantea campañas de marketing en las que los elementos de la acción pueden ser consumidos, utilizados y transformados por los usuarios como ellos deseen. ¿Puede tener la comunicación corporativa esa forma de “brick content”, de forma que cada periodista y cada medio encuentren elementos útiles para incorporar a sus noticias y reportajes? Sí, y sin duda deberemos orientarnos en esa dirección. Y no hablo sólo de ofrecer imágenes, vídeos o textos; hablo también de facilitar el acceso a fuentes directas de información a través de canales digitales. ¿Qué tal si imaginamos una nota de prensa con el contacto directo en redes sociales con portavoces, expertos y testimonios, así como con enlaces a información externa no corporativa para dar al periodista todas las piezas posibles para construir la información que le parezca más interesante?

En cuanto al futuro del periodista, daría para uno, dos o tres posts más, pero me limitaré a recomendar la lectura de una reciente entrada de Miguel Ángel Uriondo, de la revista Actualidad Económica, en su blog ALSD acerca de la utilidad del director de comunicación. Los últimos párrafos acerca de la figura del storyteller en las organizaciones son de lo más recomendable.

Feliz verano.

Carlos Molina

@molinaguerrero

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Por un uso más responsable de los social media

Hoy en día, ¿quién no tiene un perfil en Facebook, cuenta su día a día en Twitter, busca trabajo a través de LinkedIn o comparte sus mejores momentos con el mundo gracias a Instagram? Según la última oleada del EGM, sólo un 40% de los internautas no dedicó tiempo a este tipo de actividad en el último mes, así que la mayoría estamos en el porcentaje opuesto. Los social media, en definitiva, se han convertido en una forma de expresión y un medio de comunicación en dos direcciones, pero ¿sabemos usarlas correctamente?

Algunos hechos, como por ejemplo el atentado de Boston del pasado 15 de abril, nos muestran que el uso de las redes sociales como espacios de información y colaboración, cuando se hace sin ningún control, coherencia o criterio, puede crear el efecto contrario y transformarse en lugares de desinformación. Sucedió con Reddit, 4chan (muy denostada previamente) y Twitter, que pasaron de ser redes de ciudadanos al servicio de la investigación policial a promotores de la caza indiscriminada de presuntos culpables, afectando a la reputación de personas que nada tenían que ver con los crímenes.

El exceso de información que se produce en la Red puede ser un arma de doble filo si no sabemos cómo utilizarla y compartirla para poder aprovecharla al máximo. Conviene por eso tener en cuenta algunas pautas para que administremos nuestras redes con sentido:

Actúa con conciencia. A la hora de emitir una información, debes tener en cuenta qué es lo que estas comunicando y cuál es tu intención. El mal uso de las redes sociales puede provocar serios problemas, tanto para ti como para terceros. No puedes controlar la dispersión del mensaje, pero sí ser consecuente con lo que publicas y responsabilizarte de ello.

Contrasta la información. Un mismo hecho se ve de de manera diferente según los ojos que lo miren y los caracteres que lo cuenten. No des por válido todo lo que te llegue antes de publicarlo y compartirlo; duda y no tengas prisa por difundir lo que puede no ser más que un rumor. No hagamos entre todos una montaña de un grano de arena.

Atento con la privacidad. Cada vez es más común encontrar vídeos en la Red de imágenes de la vida privada de otras personas, incluso menores, que pueden no haber sido conscientes de que se las estaba grabando. Intenta no caer en este tipo de acciones que no sólo exponen y pueden ridiculizar públicamente a una persona anónima, sino que también va en contra de la Ley.

Sigamos disfrutando de la Red, de las ventajas que nos ofrece y del servicio que nos brinda evitando confundir libertad con irresponsabilidad. Nos lo pasaremos mejor y lograremos que, entre todos, sea un entorno más útil y productivo.

Beatriz Valdespina

@bvaldespina