La información en internet es la moneda de cambio

La información es la moneda de cambio en internet

08 / oct / 2013 | Escribir un comentario

“Nada de lo que consumimos en internet es gratuito” me decía hace poco alguien que conoce bien el mundo de la protección de datos en España. Cada movimiento que realizamos en la Red, cada decisión al clicar un enlace o una imagen, cada minuto que pasamos en una página web son aspectos que proporcionan datos valiosos a terceros sobre cómo somos, cómo pensamos y cómo decidimos. Ésa es la moneda con la que pagamos la gratuidad de internet: la información.

Semanas atrás, dentro de la programación de actividades de Dircom (Asociación de Directores de Comunicación), tuvo lugar un interesante desayuno de trabajo con Sergi Herrero, consejero delegado de L’Atelier BNP Paribas en Silicon Valley. Sergi, que es un gran comunicador capaz de transmitir su entusiasmo y asombro por las experiencias que está viviendo en Estados Unidos, habló no sólo de lo que hace (y lo que no) que una startup triunfe en ese exigente mercado, sino también de las tendencias en innovación empresarial en el entorno más disruptivo y dinámico del mundo. Y a pesar de que dio pistas sobre cómo una forma de pensamiento abierta da lugar a las mejores ideas e iniciativas, lo que más interesó fue lo opuesto al concepto de apertura: la privacidad de la información y la seguridad de los datos en el mundo online.

Es cierto que España no es Estados Unidos, y que aquí contamos con la que posiblemente sea la legislación más garantista para el ciudadano en torno a la protección de sus datos personales. Pero tal ver por eso sorprendió el perfil de algunas de las empresas de las que habló Sergi.

Una de las que mencionó fue 23andMe, fundada por Anne Wojciki, a la sazón, ex-mujer del fundador de Google, Sergy Brin. Anne, bióloga y especialista en biotecnología (por si alguien creía que el proyecto que dirige es sólo un capricho de millonaria), ofrece con esta compañía la posibilidad de analizar nuestro ADN para conocer no sólo de dónde venimos, geográfica y familiarmente hablando, sino también cuáles son las posibilidades de que desarrollemos ciertas enfermedades en el futuro, proporcionándonos también consejos sobre cómo prevenir esas situaciones que pueden marcar nuestra vida a medio y largo plazo. Pensar en la base de datos que 23andMe puede estar creando con la información de miles de clientes en todo el mundo, y de las ventajas que ello le puede dar para desarrollar otros servicios da que pensar. Y mucho.

Más todavía asustó a la concurrencia el caso de Palantir, una de las empresas más pujantes en el mundo del análisis de datos. Lo del Big Data se queda corto para explicar con qué material trabajan en esta compañía. Palantir se mueve en el mundo de la “Deep Web”, es decir, ese océano digital que no indexan los motores de búsqueda, a menudo porque la información se encuentra desestructurada, como en los documentos escaneados. Pues bien, Palantir, además de tener a la CIA entre sus accionistas y de contar con unos empleados peculiares que se categorizan de acuerdo a elementos de la tabla periódica, es capaz de analizar tal volumen de datos a escala planetaria que puede hacer una radiografía detallada de los gustos, hábitos e historial de compras de los consumidores del pueblo más insignificante que nos echemos a la cara. De nuevo, pánico en la sala.

Ese mismo miedo aparece cuando retomamos el principio de este post: la información como moneda de cambio en la Red. Es ahí donde entran en juego las cookies, que sirven para conocer mejor al que nos visita y decidir futuros cambios que lleven a alcanzar a nuestros objetivos. En nuestro caso, nos gustaría que nos ayudaran a acertar en los contenidos y generar el suficiente interés del lector como para interactuar con ellos; a una tienda online le gustaría saber cómo puede conseguir que las visitas se conviertan en compras. Por eso la actual trasposición de la Directiva Europea sobre el uso de las cookies obliga a dar información sobre cuáles usamos, para qué y cómo evitarlas. No están ahí para fastidiar ni el comercio electrónico ni la lectura de blogs, sino para que los distraídos usuarios sean conscientes de que casi siempre se paga con la moneda de la información.

Cuestionado acerca de las tendencias tecnológicas en torno al mundo de la seguridad, tanto física como lógica, Sergi Herrero comentaba que en Estados Unidos se empieza a apostar por lo opuesto a los sistemas ultraproteccionistas. ¿Que quieres vigilar tu dinero? Exponlo en una urna a la vista del público. ¿Que quieres evitar que te roben datos personales? Deja que los tenga todo el mundo. No falta lógica en el razonamiento; desde el punto de vista de la economía, los bienes escasos son más valiosos y aquellos de los que existe superávit dejan de tener interés. ¿Sucederá lo mismo con la información si cualquiera pudiera disponer de toda la que existe?

Carlos Molina

@molinaguerrero

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Tres minutos para imaginar el futuro del periodismo en internet

01 / ago / 2013 | Escribir un comentario

En una reciente presentación para un cliente en la que analizamos el estado de la comunicación en el entorno digital, surgió un breve debate sobre el futuro del periodismo. El tema resultaba de especial interés porque buena parte de los presentes trabaja son profesionales de las relaciones públicas, y existe una lógica preocupación por saber cuál será la evolución de los medios y el papel jugaremos los que estamos “al otro lado”, en agencias y gabinetes de prensa, para seguir dando servicio a los periodistas. Aunque en aquel contexto privado dimos algunas ideas, con el paso de los días y el poso de la reflexión surgen otras nuevas y se afianzan las que planteamos. Ahora es el momento de compartirlas.

El periodista Ramón Lobo dijo, en la edición 2011 del informe “Perspectivas Wellcomm”, que “se habla de crisis del periodismo cuando es una crisis de la industria que hace periodismo”. A mí me gusta añadir que es un gran momento para ser periodista, pero una época pésima para vivir de ello. Internet ha venido para condenar la industria y salvar al periodismo. Puede sonar contradictorio, pero creo que es así, y tiene mucho que ver con los siguientes puntos acerca de dónde estará el periodismo en un futuro a corto y medio plazo:

1. Las cabeceras dejan de ser un paraguas para la información. Hasta no hace tanto, la cabecera daba cobertura y apoyo al periodista, y el prestigio de éste dependía no sólo de su buen hacer, sino también de para quién lo hacía. La Red ha alterado por completo esa relación profesional. Las noticias se leen de forma desagregada: desde un lector RSS (mal que le pese a Google), desde las redes sociales (que levante la mano el medio para el que Facebook o Twitter no canalicen tráfico a sus noticias digitales) o desde webs para la recomendación y puntuación de contenidos (como Menéame). En la medida en que acudimos menos a la homepage de un medio para leer titulares y confiamos más en otras fuentes, gana peso el redactor de la información, que además se convierte en pieza fundamental para difundir la noticia y llevar tráfico a la misma, a veces a su pesar. La información, por lo tanto, será un ejercicio más personal en todos los sentidos, y menos corporativo desde el punto de vista mediático.

2. El periodista marca su línea editorial. Forzados por la situación de la industria, pero también animados porque el entorno digital permite desarrollar su trabajo con una nueva dimensión, buena parte de los periodistas ha abrazado el mundo de los blogs como una forma de dar una dimensión transmediática a su trabajo. Es decir: a través de bitácoras personales, comunitarias e incluso desde medios de nuevo cuño donde colaboran a título personal, desdoblan su trabajo en las áreas en las que son especialistas y comparten nuevas historias y enfoques de acuerdo no con la línea editorial de su medio de referencia, sino con la suya propia. Esto irá a más. Puede que no sea un valor que genere beneficios por sí mismo, pero garantiza más puntos de vista, más riqueza informativa y menos dependencia de los grandes grupos editoriales.

3. No es cuestión de formatos, sino de cómo consumimos la infomación. Uno de los debates más vivos en el momento actual es el de encontrar nuevos formatos periodísticos atractivos para los lectores. Más allá del texto plano con alguna galería de imágenes, los medios experimentan con iniciativas híbridas que obligan al periodista a cubrir una información, grabar recursos en vídeo, editar entrevistas multimedia y hacer fotos que acompañen su propia información hipervinculada a fuentes externas. Este año, The Guardian publicaba en su edición digital un espectacular reportaje sobre un violento incendio en Tasmania en 2012 a través de la vivencia de una familia que tuvo que refugiarse en el agua para no morir abrasada. Era espectacular por su presentación y contenido, con sonido de fondo, entrevistas en vídeo mezcladas con textos que seguían una línea de tiempo, dando múltiples opciones al lector para profundizar en la historia. Disfrutar del trabajo completo implicaba dedicar, fácilmente, cerca de una hora de nuestro tiempo. Sin entrar en el coste de recursos del medio para este tipo de acciones (inasumible fuera de escasas ocasiones al año), la pregunta es: ¿podemos dedicar tanto a leer información? Lo importante no es inventar un formato sorprendente, sino adaptarnos a los modos en que consumimos la información. ¿Cuándo leemos, dónde lo hacemos, durante cuánto tiempo, qué nos interesa? En las grandes urbes, parece que lo hacemos en los desplazamientos laborales, en las pausas en el trabajo, desde el móvil, centrándonos en los titulares… A menudo, un artículo llamativo lo compartimos con nuestra comunidad y hacemos ése que sea el reportaje para el que nosotros y nuestra gente cercana sí tiene tiempo. Quizás nuestra ventana de atención sea de uno o dos grandes reportajes al día, y dejaremos que sea nuestro entorno de confianza el que preseleccione el contenido destacado de la jornada. Eso terminará por definir los nuevos formatos, y no al revés.

4. La información como valor añadido. Hace muchos años, cuando empezaba a cursar mis estudios de Periodismo, entrevisté para un trabajo universitario al que entonces era redactor jefe de El Correo de Andalucía. Era el año 1993. En esa época, ya era relativamente frecuente realizar promociones para incentivar la venta de diarios. Le comenté, al despedirme, que ojalá la situación remontara para no depender del regalo de láminas, coleccionables o artículos de cocina para mantener a flote el negocio, y él me dijo: “¡Quita, quita! Si sirve para seguir vendiendo, no me importa que continuemos con las promociones el tiempo que haga falta!”. Esa realidad, que no ha hecho más que consolidarse y acentuarse con el paso de los años, convertía el cupón del diario en su valor añadido. A medio plazo, será la información la que se convierta en valor añadido de otros productos o servicios. ¿Que contratas un servicio de streaming de vídeo? Las noticias sobre cine o televisión serán el regalo que dé valor al servicio. ¿Que compras un smartphone? El acceso a contenidos sobre tecnología y movilidad de la mano del fabricante y a cargo de profesionales del periodismo se convertirán en el valor añadido del gadget adquirido.

5. El producto de la comunicación corporativa se convierte en “brick content”. En un post anterior, hablábamos de “brick content marketing”, un concepto desarrollado por nosotros que plantea campañas de marketing en las que los elementos de la acción pueden ser consumidos, utilizados y transformados por los usuarios como ellos deseen. ¿Puede tener la comunicación corporativa esa forma de “brick content”, de forma que cada periodista y cada medio encuentren elementos útiles para incorporar a sus noticias y reportajes? Sí, y sin duda deberemos orientarnos en esa dirección. Y no hablo sólo de ofrecer imágenes, vídeos o textos; hablo también de facilitar el acceso a fuentes directas de información a través de canales digitales. ¿Qué tal si imaginamos una nota de prensa con el contacto directo en redes sociales con portavoces, expertos y testimonios, así como con enlaces a información externa no corporativa para dar al periodista todas las piezas posibles para construir la información que le parezca más interesante?

En cuanto al futuro del periodista, daría para uno, dos o tres posts más, pero me limitaré a recomendar la lectura de una reciente entrada de Miguel Ángel Uriondo, de la revista Actualidad Económica, en su blog ALSD acerca de la utilidad del director de comunicación. Los últimos párrafos acerca de la figura del storyteller en las organizaciones son de lo más recomendable.

Feliz verano.

Carlos Molina

@molinaguerrero

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Por un uso más responsable de los social media

25 / abr / 2013 | Escribir un comentario

Hoy en día, ¿quién no tiene un perfil en Facebook, cuenta su día a día en Twitter, busca trabajo a través de LinkedIn o comparte sus mejores momentos con el mundo gracias a Instagram? Según la última oleada del EGM, sólo un 40% de los internautas no dedicó tiempo a este tipo de actividad en el último mes, así que la mayoría estamos en el porcentaje opuesto. Los social media, en definitiva, se han convertido en una forma de expresión y un medio de comunicación en dos direcciones, pero ¿sabemos usarlas correctamente?

Algunos hechos, como por ejemplo el atentado de Boston del pasado 15 de abril, nos muestran que el uso de las redes sociales como espacios de información y colaboración, cuando se hace sin ningún control, coherencia o criterio, puede crear el efecto contrario y transformarse en lugares de desinformación. Sucedió con Reddit, 4chan (muy denostada previamente) y Twitter, que pasaron de ser redes de ciudadanos al servicio de la investigación policial a promotores de la caza indiscriminada de presuntos culpables, afectando a la reputación de personas que nada tenían que ver con los crímenes.

El exceso de información que se produce en la Red puede ser un arma de doble filo si no sabemos cómo utilizarla y compartirla para poder aprovecharla al máximo. Conviene por eso tener en cuenta algunas pautas para que administremos nuestras redes con sentido:

- Actúa con conciencia. A la hora de emitir una información, debes tener en cuenta qué es lo que estas comunicando y cuál es tu intención. El mal uso de las redes sociales puede provocar serios problemas, tanto para ti como para terceros. No puedes controlar la dispersión del mensaje, pero sí ser consecuente con lo que publicas y responsabilizarte de ello.

- Contrasta la información. Un mismo hecho se ve de de manera diferente según los ojos que lo miren y los caracteres que lo cuenten. No des por válido todo lo que te llegue antes de publicarlo y compartirlo; duda y no tengas prisa por difundir lo que puede no ser más que un rumor. No hagamos entre todos una montaña de un grano de arena.

- Atento con la privacidad. Cada vez es más común encontrar vídeos en la Red de imágenes de la vida privada de otras personas, incluso menores, que pueden no haber sido conscientes de que se las estaba grabando. Intenta no caer en este tipo de acciones que no sólo exponen y pueden ridiculizar públicamente a una persona anónima, sino que también va en contra de la Ley.

Sigamos disfrutando de la Red, de las ventajas que nos ofrece y del servicio que nos brinda evitando confundir libertad con irresponsabilidad. Nos lo pasaremos mejor y lograremos que, entre todos, sea un entorno más útil y productivo.

Beatriz Valdespina

@bvaldespina

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No lo llames trending topic, llámalo cambio

15 / feb / 2013 | Escribir un comentario

Hace algo más de un mes,un estudiante inglés denunciaba, a través de sus perfiles sociales, haber encontrado dentro de una pieza de pollo de la cadena de restaurantes KFC algo que se parecía a un órgano animal.  En cuanto la información y la fotografía se hicieron públicas, las redes sociales se encargaron que de dieran la vuelta al mundo. Poco después de desatarse la vorágine en internet,  un representante de KFC indicó que se trataba de un riñón de pollo, que llegó al restaurante debido a un fallo en el proceso de elaboración, y aseguraba que la salud del joven no estaba comprometida. Parecía que el tema, a pesar de la viralización de la información, había quedado cerrado.

Para mayor desgracia de la cadena de comida rápida, un segundo riñón ve la luz en internet semanas más tarde. Un usuario de Reddit llamado ‘six6six4kids’, subió una imagen de un menú de KFC con la siguiente descripción: “Compré algo para cenar en KFC hoy, sabía a muerto, retiré el rebozado y entonces apareció este riñón”.  Y, como es de suponer, la conversación se disparó y en torno a 4.000 personas comentaron la publicación. A todo esto, KFC no se ha vuelto a pronunciar.

Lo anterior es un claro ejemplo de las tan cacareadas y muy frecuentes crisis de reputación de marca. Un incidente, ya bien sea en la vida “off” como “online”, en el que una marca o compañía se ve envuelta y que enciende la llama de las redes sociales en cuestión de horas hasta convertirse en viral o en el tan temido trending topic.

Aquí se me plantean varias dudas. ¿Qué credibilidad tiene un usuario llamado six6six4kids? ¿Tiene realmente efecto una crisis como la de KFC en el negocio? ¿Por qué seguimos viendo que empresas envueltas en tremendos tsumanis de crisis de reputación online continúan reportando resultados multimillonarios? ¿Somos de tuit o “me gusta” fáciles? ¿Se pueden cambiar las cosas sentados frente al ordenador?

En este punto, recuerdo un tuit publicado por Miguel del Fresno el pasado 31 de enero, en mitad de la tormenta de #lospapelesdebárcenas, en el que se leía una interesante reflexión: La pregunta es para qué sirven miles de twitts y trend topics si no movilizan ningún cambio… #lospapelesdebárcenas.

Y no podría estar más de acuerdo con él. Creo que la era de las redes sociales como herramientas de propagación de información y contenidos está bien, y sus beneficios son claros, pero debemos evolucionar a una etapa en la que internet en su conjunto sirva de palanca para movilizar personas. Pero movilizarlas en su día a día, en su vida analógica. Si no, las crisis en redes sociales se quedan en eso: huracanes pasajeros de los que, con el tiempo, la gente se terminará olvidando.

El tuit de Miguel del Fresno iba dirigido a @PabloHerreros, que también ofreció una interesante respuesta: Sí, marcan el principio de algo nuevo, como sugería aquí: http://owl.li/hFJQR. Mírate sólo los últimos párrafos. También de acuerdo: las redes sociales han supuesto el principio de un “algo” nuevo, que parece llevarnos a fomentar a través de la información, la participación de los ciudadanos tanto en internet como en la vida real. Sin duda, internet y las redes sociales han incrementado nuestra sensibilidad hacia la actualidad que vivimos, nada fácil para la gran mayoría.

El fácil y rápido acceso a la información nos ha convertido en antenas receptoras de cientos de mensajes diarios. Pero precisamente la celeridad con la que nos desenvolvemos en internet parece hacernos más propensos a entrar en una rueda de viralización de contenidos e información que no siempre profundizamos para leer o contrastar. Irremediablemente esto, entre otras cosas, nos lleva a no ser siempre consecuentes, en nuestra vida analógica, con las  conversaciones en las que participamos en internet.

Es cierto que las redes sociales han generado cambios; nacen plataformas sociales que dan voz a problemas sociales, fomentan la difusión de información independiente, ayudan a la transparencia y empujan la libertad de información. Pero deberíamos incrementar un poco nuestras dotes de responsabilidad respecto a la información que compartimos y ayudamos a difundir en internet, y si lo hacemos por pleno convencimiento, ser consecuentes para materializar un cambio, para dotar las conversaciones de significado tangible. Aunque eso signifique llenar una plaza o dejar de comer en un determinado restaurante.

Sara Martín

@_SaraMP_

 

 

medios impresos futuro

El futuro de los medios impresos y del periodismo

26 / nov / 2012 | 11 Comentarios

Hace unos días, los amigos de Acceso.com me pidieron escribir un artículo para su blog interno. Me han permitido compartirlo con vosotros en esta bitácora, y es lo que encontraréis a continuación :-)

No hay que tener una bola de cristal para prever la evolución de los medios escritos y de la profesión del periodismo. Hace cinco años ya había nubarrones y los periodistas más previsores comenzaron a formarse en asuntos de social media para un posible reenfoque de su carrera. ¡Bien por ellos y por su capacidad de discernimiento! En otros medios, en cambio, había una sensación de intocabilidad hasta hace unas semanas, como si la crisis no pudiese afectarles. Sabemos lo que está sucediendo, ¿verdad?

Todo está tan complicado como hace unos años en la industria musical, donde desaparecieron gran parte de las empresas del sector a pesar de que se escuchaba más música que nunca. No se libraron ni los gigantescos sellos multinacionales. Sin embargo, en un entorno tan complicado, surgieron empresas como MUWOM, con Roberto Carreras y Carlos Jean a la cabeza, que han sabido lidiar el temporal y aprovecharse del cambio de paradigmas que ha llegado con el social media para construir un sólido negocio y reinventar un sector.

Bien, pero volvamos al título. ¿Qué pasará con los medios de papel? Desaparecerán todos. No es que desee que suceda; es como creo que ocurrirán las cosas. Sólo sobrevivirán unos pocos, financiados indirectamente por las fuerzas políticas, necesitadas de un bastión mediático para defender sus posiciones. También tendrán posibilidades de pervivir aquellos medios impresos cuya posesión y contenidos generen cierto fetichismo. El resto de información se podrá encontrar en internet, ya sea de la mano de medios online, de redes de blogs comerciales o de blogs personales.

Uno de los problemas fundamentales es la voluntad de cambio. Hace unos meses sugerí a un gran grupo mediático español reconvertir los editoriales de moda y bazares de complementos de sus revistas online femeninas (incluidas las versiones para iPad) en algo parecido a lo que ofrece Netaporter, una tienda online de productos de moda de lujo. Imaginen a la lectora que encuentra unos pendientes que le encantan y que pueda acceder, desde la misma aplicación iPad de la revista, a diferentes tiendas online que ofrecen ese producto. Si se produce la venta, una comisión de la misma iría al medio. Pero no.

Rápidamente se desestimó mi sugerencia porque “montar todo eso resulta muy complicado” ¡Pues claro que es complicado! Estamos en medio de un cambio de Era. ¡Hola! ¿Alguien se ha dado cuenta de eso? Conclusión: no hay voluntad de cambio, por lo que el cambio resulta inviable. Así que los medios en papel y, posiblemente, sus correspondientes versiones electrónicas, desaparecerán. Tal cual. Entiendo que empresas de arraigada tradición periodística no deseen convertirse en bazares donde se vende todo tipo de productos. No responde al afán periodístico. Por tanto, los medios de papel desaparecerán, dado que no habrá otros ingresos que sustenten la faceta periodística.

Sigamos con el titular. ¿Cuál es el futuro de los periodistas, aparte de escribir en blogs propios o comerciales? Trabajarán generando contenido para empresas. Los ciudadanos siempre han acudido a las fuentes de información para adquirir conocimiento. El concepto de informador se asociaba hasta hace poco exclusivamente a la figura del periodista. Hoy ya no.

Las empresas se están convirtiendo en fuentes de información. ¿Para qué hacen falta intermediarios si las compañías pueden trasladar directamente la información al ciudadano? Casi todos sabemos el papel de filtro social que se supone que deben ejercer los medios para tratar de lograr una sociedad más equilibrada. Pero… ¿es realmente así? Al fin y al cabo, hay que tener en cuenta que los medios de comunicación no dejan de ser empresas y que, por tanto, además de sus afinidades políticas, también tienen sus intereses económicos, como cualquier otra empresa. Entonces, ¿qué diferencia hay entre trabajar para una empresa o trabajar para una empresa?

Lo que está claro es que las corporaciones necesitan a los periodistas para generar muchos contenidos si quieren destacar en esta nueva sociedad que se está construyendo. Por tanto, hay espacio para la esperanza aunque desaparezcan los medios en papel. Como bien indica mi amigo David, en las diferentes compañías, los dircoms (directores de comunicación) tienden a convertirse en dircons (directores de contenidos), y alguien con buen criterio y cabeza pensante debe generarlos.

¿Que resulta poco consolador generar contenidos para empresas porque puede significar renunciar al espíritu periodístico? Es posible. El periodismo es una profesión vocacional. Grandes personajes de la gran pantalla ostentaban cargos periodísticos (hasta se han escrito tesis doctorales al respecto); grandes periodistas provocaron sonadas dimisiones. Puede que los periodistas de investigación nos hiciesen sentir más seguros en esta sociedad. Pero como decíamos, estamos en un cambio de Era y puede que nada de eso importe ya.

Pero desde este lado de la comunicación también se pueden destapar cierto tipo de asuntos. Mi amigo Pablo está pasando momentos complicados precisamente por denunciar situaciones injustas. Así que, querido periodista, no pierdas la esperanza de ser útil para la sociedad simplemente porque no trabajes en un medio que hace uso de la tinta y el papel. Todo este cambio no tiene por qué resultar tan desconsolador como puede parecer en un primer momento. Eso sí: en este sector no tenemos Pulitzers.

Stephan Fuetterer

@sfuetterer

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No diga big data; diga selected data

17 / sep / 2012 | 10 Comentarios

De los creadores de “Data Mining: el Retorno”, “Misterios del Software as a Service” y “En la Nube se vive mejor” llega ahora un concepto que cambiará tu vida como lo hicieron los anteriores: big data. Como diría Troy McLure, seguramente lo conocerán de anteriores ocasiones en las que les hayan hablado de la sobreabundancia de información y de la capacidad que tenemos de recoger datos procedentes de todo tipo de fuentes para tomar decisiones. Ese efecto déjà vu es lógico porque llevamos años hablando de ello, aunque cada vez con diferentes nombres y matices.

Las redes sociales han venido a darle una nueva vuelta de tuerca al asunto. Cada día, publicamos millones de actualizaciones en nuestros perfiles en los que, además, proporcionamos toda clase de detalles sobre nosotros mismos: desde el sexo y nuestro estado civil hasta cuántos hijos tenemos -si es el caso-, en qué empresa trabajamos, dónde nos encontramos físicamente o qué gustos gastronómicos tenemos. Para alguien con interés, tiempo y los recursos adecuados para monitorizar todo eso, lo que hacemos en estas plataformas es una auténtica mina de información.

Ahora crucemos todo lo anterior con los datos que las empresas ya recogen de clientes, proveedores, socios y potenciales consumidores en su labor del día a día. Facturas, llamadas de teléfono, pedidos, rutas de reparto, consultas a servicios de atención al cliente… todo ello, mezclado y analizado adecuadamente, puede darnos un nivel de conocimiento de situaciones concretas que permita optimizar procesos y afinar como nunca tanto la prestación de servicios como la resolución de problemas. De hecho, la Policía de Nueva York ya lo está aplicando para su particular sistema de vigilancia a lo “Minority Report“:

http://youtu.be/TxMz0Yoa2-Y

El mantra del big data, sin embargo, nos invita a pensar que cuanta más información tengamos, mejores decisiones podremos tomar. ¿Seguro? A veces, las mejores decisiones son simplemente las que se toman, y no las que quedan en suspenso por la inmovilidad que produce la sobreabundancia de información. Alfons Cornellá lo llamó, en 1996, “infoxicación”, aludiendo a la ansiedad que produce el exceso informacional. La minería de datos pasó, sólo unos años después, a prometer la capacidad para lidiar con esos datos de forma automática para mostrar lo relevante a través de paneles de control. Big data suma a lo anterior nuestra actividad social, pero me temo que la capacidad que tenemos de medir y monitorizar en este terreno nos está llevando a la acción inadecuada, e incluso a la inacción.

Pongamos un ejemplo. Facebook lleva, desde hace meses, enriqueciendo continuamente sus estadísticas. Los Facebook Insights nos proporcionan todo tipo de datos sobre la forma en que nuestra comunidad de seguidores se relaciona con la página que gestionamos (sobre todo, desde el plano publicitario). Sin embargo, ¿nos hace más inteligentes saber cuáles son las impresiones orgánicas por 28 días o las visitas a la página de usuarios conectados a Facebook cada semana? Sólo en lo que se refiere a datos de la página, Facebook nos ofrece 92 métricas distintas. Y ahora acudamos a Flickr, a SlideShare (si tienes una cuenta profesional), a YouTube Analytics, a Google Analytics… ¿Qué demonios se supone que debemos hacer con todo eso?

Solemos intuir cuándo las cosas van bien o mal en nuestra labor de gestión de medios sociales. A veces no sabemos explicar por qué, pero identificamos sin pensarlos aquellos valores que realmente nos dan la información que precisamos cuando llevamos un tiempo metidos en esta faena. El problema, en definitiva, no es que tener muchos datos sea malo; el problema es que no todos los datos valen igual, y algunos no valen, de hecho, para nada. Olvidemos por un momento el big data y concentrémonos en el “selected data”: aquellas métricas que, de verdad, son las que te terminan orientando para tomar decisiones e identificar situaciones que requieren de tu respuesta inmediata.

Algunos expertos dicen que, cuando tenemos muchas opciones de elección, terminamos por no elegir, mientras que un número de respuestas limitado nos ayuda a simplificar el proceso y a actuar. Quizás por eso Mercadona decidió, tiempo atrás, limitar el número de marcas por línea de producto en sus lineales. Sí, a mí también me fastidió porque mi batido de vainilla favorito es el de Puleva, y ellos sólo venden Hacendado, pero los datos parecen indicar que no les está yendo tan mal. Cosas del selected data.

Carlos Molina

@molinaguerrero

La periodista valiente, Nadal, la Reina Sofía y Bilderberg

01 / jun / 2011 | 1 Comentario

Este domingo se jugará la final de Roland Garros…

Eso me recuerda un hecho que sucedió nada más terminar la final del año 2010, que ganó Rafael Nadal bajo la mirada de la Reina Sofía, que se hallaba en el palco de honor.

Rafa gana, la Reina baja a los vestuarios a felicitarle y acto seguido una reportera de rtve tiene la oportunidad de hacerle un par de preguntas a la monarca. ¿Y qué le espeta directamente a la cara, sin pestañear, durante la segunda pregunta (esa que a veces le pilla a uno con las defensas bajas)? Pues algo que seguramente no entendió la mayoría de los espectadores: “Usted ha venido desde Bilderberg, no se quería perder esto”… La reina reacciona rápidamente: “desde Barcelona he venido” y risita en plan “Me has querido pillar pero te he esquivado como una gacela”.

Hay que tener mucho valor para preguntar a un representante de la Casa Real (durante muchos años hermética a las entrevistas y aún hoy en día casi intocable y ultraprotegida por los medios españoles) si viene de una reunión secreta (un secreto a voces, todo hay que decirlo) que reúne a las personas más ricas y poderosas del mundo.

Bilderberg no es ni más ni menos que eso: una reunión de poderosos procedentes de todo el mundo. Algunas malas lenguas dicen que en estas reuniones los ricos se reparten el mundo. Otros dicen que se intentan crear planes que ayuden a equilibrar la economía planetaria. En fin, como a mí nunca me han invitado no puedo aportar más información. El hecho es que a ninguno de los asistentes a dichas reuniones le gusta reconocer su pertenencia al elitista Club. Cuanto menos ruido se genere alrededor de Bilderberg, mejor.

Yo me sigo preguntando ¿Qué empujó a esta aguerrida periodista a poner en un brete a Su Majestad? ¿Fue una iniciativa propia? ¿Alguien la empujó en plan perverso? No creo que la cuestión, realizada en tono casual, haya sido una casualidad. Y por otra parte ¿Le habrán dado un toque de atención por exceso de celo? ¿Habrá habido truenos en ciertos despachos?

En fin, no puedo más que felicitar a esta gran profesional de la comunicación por su valor a la hora de afrontar su trabajo y a la Reina Sofía por la buena cintura que ha demostrado a la hora de esquivar con buen humor los golpes informativos. Al fin y al cabo la Señora no mentía: ¡ella venía de Barcelona!

El caso es que el mundo sigue fascinado por los tejemanejes y secretos de los poderosos. La falta de acceso a la información que intercambian estas personas fomenta el nacimiento de teorías conspirativas ¡Y eso es interesante y hace que el mundo se mueva!

Y aquí los deberes para ti: ¿Quién es la aguerrida reportera que entrevista a la reina? ;)