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Tres minutos para imaginar el futuro del periodismo en internet

En una reciente presentación para un cliente en la que analizamos el estado de la comunicación en el entorno digital, surgió un breve debate sobre el futuro del periodismo. El tema resultaba de especial interés porque buena parte de los presentes trabaja son profesionales de las relaciones públicas, y existe una lógica preocupación por saber cuál será la evolución de los medios y el papel jugaremos los que estamos “al otro lado”, en agencias y gabinetes de prensa, para seguir dando servicio a los periodistas. Aunque en aquel contexto privado dimos algunas ideas, con el paso de los días y el poso de la reflexión surgen otras nuevas y se afianzan las que planteamos. Ahora es el momento de compartirlas.

El periodista Ramón Lobo dijo, en la edición 2011 del informe “Perspectivas Wellcomm”, que “se habla de crisis del periodismo cuando es una crisis de la industria que hace periodismo”. A mí me gusta añadir que es un gran momento para ser periodista, pero una época pésima para vivir de ello. Internet ha venido para condenar la industria y salvar al periodismo. Puede sonar contradictorio, pero creo que es así, y tiene mucho que ver con los siguientes puntos acerca de dónde estará el periodismo en un futuro a corto y medio plazo:

1. Las cabeceras dejan de ser un paraguas para la información. Hasta no hace tanto, la cabecera daba cobertura y apoyo al periodista, y el prestigio de éste dependía no sólo de su buen hacer, sino también de para quién lo hacía. La Red ha alterado por completo esa relación profesional. Las noticias se leen de forma desagregada: desde un lector RSS (mal que le pese a Google), desde las redes sociales (que levante la mano el medio para el que Facebook o Twitter no canalicen tráfico a sus noticias digitales) o desde webs para la recomendación y puntuación de contenidos (como Menéame). En la medida en que acudimos menos a la homepage de un medio para leer titulares y confiamos más en otras fuentes, gana peso el redactor de la información, que además se convierte en pieza fundamental para difundir la noticia y llevar tráfico a la misma, a veces a su pesar. La información, por lo tanto, será un ejercicio más personal en todos los sentidos, y menos corporativo desde el punto de vista mediático.

2. El periodista marca su línea editorial. Forzados por la situación de la industria, pero también animados porque el entorno digital permite desarrollar su trabajo con una nueva dimensión, buena parte de los periodistas ha abrazado el mundo de los blogs como una forma de dar una dimensión transmediática a su trabajo. Es decir: a través de bitácoras personales, comunitarias e incluso desde medios de nuevo cuño donde colaboran a título personal, desdoblan su trabajo en las áreas en las que son especialistas y comparten nuevas historias y enfoques de acuerdo no con la línea editorial de su medio de referencia, sino con la suya propia. Esto irá a más. Puede que no sea un valor que genere beneficios por sí mismo, pero garantiza más puntos de vista, más riqueza informativa y menos dependencia de los grandes grupos editoriales.

3. No es cuestión de formatos, sino de cómo consumimos la infomación. Uno de los debates más vivos en el momento actual es el de encontrar nuevos formatos periodísticos atractivos para los lectores. Más allá del texto plano con alguna galería de imágenes, los medios experimentan con iniciativas híbridas que obligan al periodista a cubrir una información, grabar recursos en vídeo, editar entrevistas multimedia y hacer fotos que acompañen su propia información hipervinculada a fuentes externas. Este año, The Guardian publicaba en su edición digital un espectacular reportaje sobre un violento incendio en Tasmania en 2012 a través de la vivencia de una familia que tuvo que refugiarse en el agua para no morir abrasada. Era espectacular por su presentación y contenido, con sonido de fondo, entrevistas en vídeo mezcladas con textos que seguían una línea de tiempo, dando múltiples opciones al lector para profundizar en la historia. Disfrutar del trabajo completo implicaba dedicar, fácilmente, cerca de una hora de nuestro tiempo. Sin entrar en el coste de recursos del medio para este tipo de acciones (inasumible fuera de escasas ocasiones al año), la pregunta es: ¿podemos dedicar tanto a leer información? Lo importante no es inventar un formato sorprendente, sino adaptarnos a los modos en que consumimos la información. ¿Cuándo leemos, dónde lo hacemos, durante cuánto tiempo, qué nos interesa? En las grandes urbes, parece que lo hacemos en los desplazamientos laborales, en las pausas en el trabajo, desde el móvil, centrándonos en los titulares… A menudo, un artículo llamativo lo compartimos con nuestra comunidad y hacemos ése que sea el reportaje para el que nosotros y nuestra gente cercana sí tiene tiempo. Quizás nuestra ventana de atención sea de uno o dos grandes reportajes al día, y dejaremos que sea nuestro entorno de confianza el que preseleccione el contenido destacado de la jornada. Eso terminará por definir los nuevos formatos, y no al revés.

4. La información como valor añadido. Hace muchos años, cuando empezaba a cursar mis estudios de Periodismo, entrevisté para un trabajo universitario al que entonces era redactor jefe de El Correo de Andalucía. Era el año 1993. En esa época, ya era relativamente frecuente realizar promociones para incentivar la venta de diarios. Le comenté, al despedirme, que ojalá la situación remontara para no depender del regalo de láminas, coleccionables o artículos de cocina para mantener a flote el negocio, y él me dijo: “¡Quita, quita! Si sirve para seguir vendiendo, no me importa que continuemos con las promociones el tiempo que haga falta!”. Esa realidad, que no ha hecho más que consolidarse y acentuarse con el paso de los años, convertía el cupón del diario en su valor añadido. A medio plazo, será la información la que se convierta en valor añadido de otros productos o servicios. ¿Que contratas un servicio de streaming de vídeo? Las noticias sobre cine o televisión serán el regalo que dé valor al servicio. ¿Que compras un smartphone? El acceso a contenidos sobre tecnología y movilidad de la mano del fabricante y a cargo de profesionales del periodismo se convertirán en el valor añadido del gadget adquirido.

5. El producto de la comunicación corporativa se convierte en “brick content”. En un post anterior, hablábamos de “brick content marketing”, un concepto desarrollado por nosotros que plantea campañas de marketing en las que los elementos de la acción pueden ser consumidos, utilizados y transformados por los usuarios como ellos deseen. ¿Puede tener la comunicación corporativa esa forma de “brick content”, de forma que cada periodista y cada medio encuentren elementos útiles para incorporar a sus noticias y reportajes? Sí, y sin duda deberemos orientarnos en esa dirección. Y no hablo sólo de ofrecer imágenes, vídeos o textos; hablo también de facilitar el acceso a fuentes directas de información a través de canales digitales. ¿Qué tal si imaginamos una nota de prensa con el contacto directo en redes sociales con portavoces, expertos y testimonios, así como con enlaces a información externa no corporativa para dar al periodista todas las piezas posibles para construir la información que le parezca más interesante?

En cuanto al futuro del periodista, daría para uno, dos o tres posts más, pero me limitaré a recomendar la lectura de una reciente entrada de Miguel Ángel Uriondo, de la revista Actualidad Económica, en su blog ALSD acerca de la utilidad del director de comunicación. Los últimos párrafos acerca de la figura del storyteller en las organizaciones son de lo más recomendable.

Feliz verano.

Carlos Molina

@molinaguerrero

Cómo vigilar tu privacidad en internet

Cómo proteger tu privacidad en internet y ser consciente de ello

Los expertos en privacidad en redes sociales han repetido hasta la saciedad lo importante que es vigilar la información que compartimos en internet y saber qué tipo de datos contiene nuestra huella digital. En Best Relations solemos recomendar en las formaciones en social media algo muy sencillo: si tienes una foto que no te gustaría que viera todo el mundo, no la subas a las redes sociales. En este caso es fácil cortar con el problema de raíz, pero ¿qué ocurre con la información que compartimos de forma inconsciente o que no sabemos que estamos enseñando?

Navega como un ninja

Sigilosos y sin dejar huellas, vamos a ponérselo difícil a los analistas web J:

La nueva ley sobre las cookies: aquí podéis consultar toda la información, pero en síntesis, si la página web a la que accedemos almacena cookies, tiene el deber de informarnos de ello y nosotros debemos dar nuestro consentimiento expreso para que las utilicen con nosotros.

– Podemos navegar por Internet utilizando los navegadores como Mozilla Firefox o Google Chrome en modo privado. En el menú de opciones, buscad “Navegación privada”; no tiene pérdida.

– Existen buscadores que, a diferencia de Google o Bing, no almacenan información sobre nosotros, como DuckDuckGo

¿Quién no tiene una cuenta de correo de Gmail? Si has subido un vídeo a YouTube, tienes una cuenta de Gmail. Si has descargado apps en tu móvil Android, tienes una cuenta de Gmail y, lo que es aún mejor, se ha generado automáticamente un perfil personal de Google+, la red social de Google. Podrías pensar que, como no has publicado contenido activamente, tu perfil estará vacío, pero… ¿estás totalmente seguro? Estos perfiles se posicionarán entre los primeros resultados en Google cuando te busquen por tu nombre. Por eso no está de más asegurarse y compartir sólo lo que quieras compartir.

– Muchos usuarios activan la opción “Compartir ubicación” en sus smartphones casi sin darse cuenta o porque creen que está relacionada con poder utilizar el GPS en el coche. De esta forma, todo lo que compartamos desde el móvil se hace público, incluyendo nuestra localización en ese momento. La vida es mucho más sencilla si lo desactivamos, tanto en el smartphone como en la configuración en redes sociales.

Protégete de miradas indiscretas

Lo dicho: no compartas información en las redes sociales que no te gustaría que viera el gran público. ¿Por qué? Porque eliminar la huella digital no es sencillo: si el día de mañana quieres borrar tu cuenta y todo su contenido, puede que no todo desaparezca (por ejemplo, porque hay otros usuarios etiquetados) o que quizá el contenido ya no te pertenezca por la política de la red social. Si quieres un motivo mucho más mundano, Facebook, por ejemplo, cambia sus políticas de privacidad de forma frecuente; lo que hoy está protegido, igual mañana es público, porque hace mucho que no entras y no marcaste la opción nueva para protegerlo. Si hablamos de las plataformas sociales más masivas, ten en cuenta lo siguiente:

  • Facebook

– La forma más fácil de controlar quién puede ver lo que publicas es crear listas de amigos en función del grado de cercanía, por ejemplo. Así será más rápido y sencillo controlar la privacidad de tu perfil en general y también la de fotos y publicaciones de estado.

¿Quieres que tu perfil aparezca en las búsquedas en Google? Si va a aparecer, ¿qué es lo que verá cualquier usuario anónimo? Para esto resulta muy útil la opción “Ver cómo” que encontrarás en la parte derecha de tu perfil, haciendo clic en la rueda, junto al botón de “Registro de actividad”.

Bloqueos: bloquea sin miedo a todo usuario molesto que encuentres en tu camino. Muchas veces no basta con no añadir a alguien como amigo; si nuestra configuración pública no está limitada de forma adecuada o si no hemos restringido los mensajes a “Sólo amigos”, la mejor solución es el bloqueo, porque además el usuario en cuestión no recibe ninguna notificación de que lo hemos hecho. Muerto el perro, se acabó la rabia. J

–  ¿Te llega un mensaje de cambio de contraseña que no has solicitado? En el email de aviso, que lógicamente llega a la cuenta de correo desde la que accedes, se incluye un enlace para que Facebook tome nota; haz clic para notificarlo.

– Dedica unos minutos a revisar las opciones de seguridad de Facebook: la organización de los contenidos es muy intuitiva y no te llevará demasiado tiempo, sólo tienes que hacer clic en el candado de la parte superior derecha.

  • Twitter

– El caso de Twitter es mucho más sencillo: es un escaparate con una conversación abierta entre usuarios. Éste no es el sitio para compartir datos privados o informaciones sensibles, sino para crear tu identidad digital en abierto y hablar con otros usuarios.

– En Twitter la privacidad se construye desde el punto básico de escoger bien el contenido que compartes. Si aún así prefieres que tus tuits sean privados y aprobar quién puede verlos, puedes cambiarlo en todo momento en la sección de configuración (opción “Protect my tweets”) Aún así, tu foto de perfil, el fondo escogido y la bio serán visibles mediante una simple búsqueda en Twitter o en Google.

Luego no dirás que no te avisamos 🙂

Ana López

@anafwwm

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Turismo y redes sociales: ¿una historia de amor imposible?

Ya con la llegada del llamado internet 1.0, parecía que la web era el espacio perfecto para el desarrollo económico del sector turístico. Hacer reservas de vuelo o de hotel online nos resulta un proceso natural y parece inconcebible llevarlo a cabo de otra forma. Sólo unos pocos románticos continúan llamando por teléfono para hacer una reserva.

El turismo es un segmento plenamente instaurado y optimizado en el entorno online. Así, con la llegada de la redes sociales, hubiera resultado lógico pensar que buena parte del marketing online de las empresas turísticas se trasladara a estas plataformas, dada la importante masa crítica de usuarios online que concentran.

Sin embargo, se observa un curioso proceso de retroceso en este sector: según fuentes de Hosteltur, “[…] es como si el péndulo volviera a caer de nuevo hacia las técnicas de venta tradicionales, después de una estrategia desequilibrada que en los últimos años ha estado muy concentrada en la parte online, pero que no ha traído los resultados que los hoteles independientes tanto necesitan ahora”. Se refieren a este proceso como un “going back to basics”, es decir, los hoteles apostaron fuerte por el online y no han obtenido el ROI que esperaban de las redes sociales, así que reducen sus actividades 2.0 para volver al marketing de folleto y promoción.

Posibles causas: el intrincado camino entre el deseo y la pasarela de pago

Pongamos un ejemplo proveniente del sencillo mundo del marketing tradicional: cuando una agencia de viajes realiza una promoción (como acción de marketing), puede medir exactamente cuántas personas han comprado a través de ella y calcular el ROI. Es causa-efecto.

El problema viene cuando este esquema resulta no ser aplicable a las redes sociales. El usuario de redes sociales no está en modo comprar on, sino que busca inspiración. De momento, quiere soñar con las próximas vacaciones o el próximo destino de escapada, pero no ha hecho números, no lo ha hablado con su pareja, no sabe qué días libres podrá coger o si los niños tendrán colegio. Lo que se deriva de esto es que la oferta no le llega al corazón y lo olvida según termina de leer. Sin embargo, la foto de un desayuno con el mar de fondo le emociona y la foto de la chimenea con dos copas de vino en primer plano se merece un “like”. El precio y las ofertas le interesarán cuando se siente a estudiar el caso y hacer la compra, pero ahora sólo quiere viajar muy lejos sin moverse del ordenador.

No es una relación directa hacia las reservas, pero no cabe duda de que las redes sociales pueden hacer mucho por el turismo. Ese usuario que deja un comentario o comparte un contenido puede que hoy no compre, pero es probable que, a la hora de reservar sus próximas vacaciones, se acuerde de la cadena de hoteles que tiene esas increíbles fotos en Pinterest o de esa otra que le da los buenos días en Facebook desde la suite  o el spa. Eso por no hablar de la importancia de las fotos colgadas por clientes. Los amigos de mis amigos son mis amigos: una etiqueta en Facebook o una mención positiva en Twitter valen su peso en oro para las empresas turísticas, aunque la reserva tarde un poquito más en llegar.

Ana López

@anafwwm

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Memes: ¿una moda irracional o una sana diversión?

A estas alturas, creo que todos sabemos qué es un meme, o al menos, tenemos una clara noción de lo que entendemos por esta palabra. Como concepto, se trata de la transmisión de cualquier referencia cultural, ya sea un vídeo, una imagen, un gesto o una frase. Pero ha sido internet la que ha hecho de esto todo un fenómeno dando un nuevo significado al término. Éste hizo su debut en 1976 en el libro The Selfish Gene  (El gen egoísta), del divulgador Richard Dawkins. Aquí, usa por primera vez esta terminología describiéndola como una “unidad de transmisión cultural, o unidad de imitación”. En realidad, él se refería al ADN, pero la palabra se ha llevado al mundo de la Red y hoy meme es una palabra mundialmente conocida como sinónimo de repetición viral de una broma en plataformas sociales.

El último meme que ha golpeado nuestras retinas es el ya famosísimo Harlem Shake. Las reglas para crear tu propia versión son simples: vídeos de 30 segundos en los que, en los primeros momentos, se ve a una persona con la cara cubierta bailando al estilo Harlem al ritmo de la música de Dj Baauer, rodeado de gente que actúa como si nada; con el “subidón” de la música, todos entran en un estado de histeria. Hay decenas de miles de versiones que, seguramente, no dejarán de aparecer.

Hay multitud de tipos de memes. Si tuviéramos que clasificarlos, podríamos agruparlos de la siguiente manera:

1. Basados en canciones y versiones musicales de  éxito. Es lo que ha sucedido con “Gangnam Style” de PSY o “Call me Maybe”, de Carly Rae Jepsen, que han tenido cientos de imitadores de sus vídeos musicales por  todo el  mundo.  Algunas canciones antiguas de estética especialmente chocante entrarían en este apartado, como el ya conocidísimo “Trololololo” de Eduard Khil, más conocido en España por Mr. Trololo.

2. Doblaje o subtitulado de vídeos. Miles de versiones circulan por la Red con la famosa escena del bunker de Hitler en “El Hundimiento”, protagonizada por Bruno Ganz. Pero no sólo el cine alimenta el mundo meme. ¿Acaso hay alguien que no le haya preguntado la duda más compleja a Dimitri?

3. Modificación de vídeos. No todo es ponerle voces o palabras al trabajo de otros. A veces, lo más divertido es alterar su contexto. Pionera fue la “ardilla dramática” y sus giros de cabeza, pero tampoco hay que olvidar al Niyan Cat y sus innumerables versiones, con personajes de ficción o reales.

 4. Fotografías o dibujos. Uno de los casos más paradigmáticos es el del planking: instantáneas fotos de gente tumbada inmóvil boca abajo sobre todo tipo de superficies. Más recientemente nos llegó el fenómeno del Thibauting, simulando una de las paradas del portero belga del Atlético de Madrid Thibaut Courtois. Más solera tienen los famosos dibujos de “Forever alone”, “Good Guy Greg  o “Trollface” .

5. Frases. El ejemplo más reciente lo tenemos en la expresión “Ola k ase” y su famosa llama, pero no podemos olvidar el juego que han dado términos como LOL o WTF. Todo ello muy popular en el mundo 2.0.

Pero, ¿hay alguna clave para crear un meme? Debido a su éxito, hay webs donde podemos probar a subir nuestra foto o vídeo e intentar generar nuestro propio meme, como memecreator.org o quickmeme.com, aunque nunca llegará a tal hasta que no se expanda de forma masiva.  Podemos aprender de Kevin Allocca, responsable de Tendencias de YouTube, que nos dio algunas claves en una charla TED, “Why videos go viral?”,  donde repasa algunos de los vídeos más populares de YouTube y el por qué de su éxito:

En resumen,  ¿qué tienen todos los memes en común?:

– La mayoría han tenido su origen en Estados Unidos (¿lograremos alguna vez cambiar la dirección de estas tendencias?).

– Todos son humorísticos.

– Hasta que alguien famoso no lo parodia o versiona, no triunfa.

-Alcanzan un pico de popularidad y luego, poco a poco, van quedando en el olvido. Son, en definitva, una moda.

Nadie sabe explicar por qué una broma de este tipo termina triunfando y convirtiéndose en un meme. ¿Ganas de diversión? ¿Efecto sorpresa? ¿Deseo de desinhibirnos? Lo que sí es seguro es que seguirán apareciendo. Hoy le toca al Harlem Shake, ¿y mañana?

Rebeca López

@Rbkarol

medios impresos futuro

El futuro de los medios impresos y del periodismo

Hace unos días, los amigos de Acceso.com me pidieron escribir un artículo para su blog interno. Me han permitido compartirlo con vosotros en esta bitácora, y es lo que encontraréis a continuación 🙂

No hay que tener una bola de cristal para prever la evolución de los medios escritos y de la profesión del periodismo. Hace cinco años ya había nubarrones y los periodistas más previsores comenzaron a formarse en asuntos de social media para un posible reenfoque de su carrera. ¡Bien por ellos y por su capacidad de discernimiento! En otros medios, en cambio, había una sensación de intocabilidad hasta hace unas semanas, como si la crisis no pudiese afectarles. Sabemos lo que está sucediendo, ¿verdad?

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