Youtube VS Spotify: la batalla multimedia

El 20% del espacio de la web está formado por vídeo y audio. “¿De qué demonios nos habla éste?”, os preguntaréis algunos (como si lo viera). Ya sé que no tienen mucho en común estas dos plataformas. Pues bien, no tienen nada y lo tienen todo. Las dos nos proveen de algo esencial en esta vida, al menos para mí: música e imágenes. Doy gracias al que las merezca por dotarme de orejas y ojos:

Thanks mate xx,
Siempre tuyo, Pablo.

Y con esos ojos y esas mismas orejas me dejo emocionar  escuchando cosas como ésta o viendo algo de esta clase.

¿Qué pasa? ¿Esperabas algún video tierno en el que el “factor emoción” fuese producto del llanto?  Y cuando digo llanto, me refiero a esa lagrimita que se nos escapa cuando vemos a los osos pandas del zoo o a la  madre con su  hijo ya limpito entre sus brazos una hora después del parto.

Pues ya ves que no.  La emoción puede ser causada por múltiples motivos diferentes: risas, llanto, miedo, amor, infidelidades, los ositos panda (del demonio) en el zoo e incluso el leve cantar de un ruiseñor en una pradera verde -algo súper común en Madrid, donde me encuentro-.

Las historias de ambas plataformas son bien parecidas. Aviso para navegantes: como patrón de este barco, me veo en la obligación de advertir de que, a continuación, procederé a relatar datos y tecnicismos* que, incluso para mí, no son agradables.

Ambas plataformas fueron creadas por gente cualificada que venía de otras empresas del sector y se las ingeniaron de manera que, a priori , fuesen poco usables (otro día hablaremos del maravilloso mundo de la usablidad web y de Jakob Nielsen) e imposibles de monitorizar. Youtube no indexaba en Google al utilizar un reproductor Flash, mientras que para poder acceder a Spotify tienes que descargarte un cliente ejecutable.

Tanto Spotify como Youtube nacieron sin publicidad en sus contenidos. Qué extraño, ¿verdad? Hoy en día nos topamos con los “preroll”, anuncios de texto (la última novedad dentro del marketing publicitario virtual), banners a ambos lados de la pantalla en el caso de Youtube, y anuncios entre tema y tema, no más de 10 horas de música al mes, no poder disfrutar más de 5 veces de nuestro tema preferido salvo subscripciones Premium, y un largo etc. que perturba nuestra tranquila paz en días de otoño como éste.

Si hablamos de datos económicos, por todos es conocido el clásico argumento de ascensor que dice: “sí, a Youtube le quedan dos días, es una plataforma poco rentable y viven de la publicidad”. ¡Claro colega, por eso Google se gastó1.650 millones de dólares en acciones! O pensemos en otra frase épica: “Spotify va de culo,  no consiguen rentabilizar una plataforma que no reporta beneficios y genera pocos ingresos”.

Y que lo digas, querido amigo de look casual; no termina de cuajar el sistema “peer to peer”, muy vinculado al famoso “cloud computing”. Algún beneficio tiene que generar el expandirse como la pólvora en tan sólo 4 años y estar presente en 7 países de Europa y Estados Unidos. ¿Es que acaso soy yo el único que piensa así?

En terrenos de autorías y copyrights, las dos plataformas han tenido sus más y sus menos con multinacionales. Aún así, siguen manteniéndose a flote.

Para ir concluyendo y volviendo al “factor emoción” del que tan bien nos habló semanas atrás en Best Relations Miguel Ángel Benítez (quien, además de dejarte con la boca abierta hablando sobre la usabilidad, hace unas fotos chulísimas), tanto la una como la otra -tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando- llenan nuestras vidas de infinidad de sensaciones diferentes y hacen que nuestro día a día sea algo más (si cabe) entretenido.

Pablo González

*Yo no sería nada sin la Wikipedia. Como dicen “la experiencia es la madre de la ciencia”. Repito: yo no sería nada sin la Wikipedia.