¿Hay social TV sin programación televisiva?

¿Hay social TV sin parrilla de televisión?

13 / ago / 2013 | 2 Comentarios

La dictadura de la televisión sobre el resto de medios de comunicación implica que se acepten medias verdades sobre las llamadas segundas pantallas y los medios sociales. Damos por hecho que la televisión se consume, de forma mayoritaria, con un móvil en la mano, con una tableta conectada a la Red o con un portátil desde el que compartir con terceros la experiencia o desde el que acceder a información adicional. Damos por hecho que así va a ser la forma en que se desarrolle mayoritariamente el consumo audiovisual (la llamada social TV), especialmente en el caso del entretenimiento doméstico. Y damos por hecho, en definitiva, que podemos establecer una relación directa entre las publicaciones en plataformas sociales, sobre todo Twitter, y los porcentajes de audiencias. No será así.

A priori, los datos de que disponemos sobre el consumo de televisión y los medios sociales son suficientemente poderosos como para que no podamos negar la influencia que estos ejercen sobre la primera. Los datos del informe de Tuitele “La televisión social en España” indicaban que, entre mayo de 2012 y enero de 2013, unos 2,2 millones de espectadores habían hecho algún comentario en redes sociales mientras veía la televisión. La cifra fue de 859.000 personas sólo en enero, casi el doble que en mayo del año anterior. El dispositivo más frecuente que se usa de forma simultánea es el smartphone. Los datos del informe eEspaña 2013 indican que el 46% de los que lo emplean en ese contexto lo hace de forma habitual, mientras que los que compaginan televisión y portátil de forma con la misma intensidad alcanzan el 40%.

Todo lo anterior dibuja un escenario en el que la mitad de la población se sienta delante de la televisión armada con un segundo dispositivo, preparada para comentar. Pero no siempre es así. De hecho, este panorama da por hecho que el consumo de los contenidos audiovisuales sigue produciéndose en la televisión, pero el escenario está cambiando. Cada vez es más frecuente que busquemos series y programas en internet, rompiendo el concepto de parrilla televisiva y creando nuestra propia programación. Las grandes cadenas se mueven en este terreno de forma ambigua. Mientras por un lado parecen propiciar esta dislocación del contenido televisivo con ofertas digitales tan potentes como la del archivo de RTVE.es o con experiencias como Canal+ Yomvi, por otro lado ponen coto al acceso libre y sin horario a sus contenidos, como sucede con Antena 3, que sólo permite acceder online a los últimos capítulos emitidos de una serie, pero no al archivo completo. ¿Es eso un castigo al usuario que no puede o no quiere someterse a los horarios fijos de la programación?

Por ahora, seguimos consumiendo televisión sujetos a una parrilla fija y lineal, pero eso está cambiando. Las propias cadenas lo favorecen de forma indirecta al reprogramar y repetir sus contenidos en los canales de TDT. Esto lleva a que cada vez tenga menos sentido compartir comentarios en redes sociales porque, muy probablemente, nuestra experiencia individual de consumo no coincide en tiempo y forma con la de otros miles de espectadores. Si accedo online a RTVE.es para ver “Isabel” a medianoche, ¿tiene sentido que tuitee mis sensaciones con terceros si probablemente nadie de mi timeline está viendo lo mismo que yo?

La social TV clásica se limita, por lo tanto, a dos contextos: las retransmisiones en directo y lo que podríamos llamar primeras experiencias”, es decir, programas que se emiten por primera vez un día y a una hora concretos. Sólo en esas circunstancias es posible comentar y debatir en tiempo real con una masa amplia de espectadores. En el resto de casos, esto se hace imposible o pierde valor. Los datos de Tuitele lo demuestran: entre los 10 programas más comentados del estudio antes citado no figura ni una serie extranjera, porque la mayoría ya se han consumido mayoritariamente en diferido, es decir, mediante plataformas de streaming o descarga online. De igual forma, dos programas fueron emisiones en riguroso directo, como los Premios 40 Principales; otros dos fueron concursos (La Voz y Tu cara me suena); dos más fueron realities (Gandía Shore y ¿Quién quiere casarse con mi hijo?) y otros dos, series de ficción españolas que emitían por primera vez sus capítulos (El Barco y La que se avecina).

El estudio “Tune in with Twitter”, llevado a cabo por la red social en Reino Unido, profundizó más en las situaciones anteriores mostrando al detalle el perfil del espectador según sus interacciones sociales. No resulta extraño que, de nuevo, sean los programas en directo y, preferentemente, sin un hilo argumental (series o películas) los que generen más conversación, a diferencia de contenidos que cada vez se consumen de forma más desagregada a través de otros medios digitales.

Pensar que Twitter nos ayudará a calcular de forma más acertada las audiencias es obviar que antes debemos redefinir el concepto de audiencia. Algunas productoras y grandes cadenas lo están asumiendo con la tendencia de los estrenos globales, como se hizo con el último capítulo de “Perdidos”, como forma de recuperar el control sobre el horario de consumo del contenido.

De cualquier forma, a medida que seamos más conscientes de nuestra capacidad para decidir cuándo y cómo consumir los contenidos televisivos, sólo los eventos en directo y las “primeras experiencias” podrán reunirnos en masa frente a la gran pantalla y dar oportunidades a la televisión social, entendida como aquella que consumimos y disfrutamos en grupo más allá de nuestro entorno familiar. Para el resto de casos, el reto será proporcionar experiencias individuales a través de plataformas sociales para el espectador solitario que rompe con el corsé de la programación. Eso definirá la evolución del medio, y no necesariamente el empleo de segundas ni de terceras pantallas.

Carlos Molina

@molinaguerrero

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Exceso de equipaje: ¿realmente necesita mi empresa una app?

14 / may / 2013 | Escribir un comentario

Era el camino establecido, tenía que llegar y lo hemos visto demasiadas veces. Primero, la marca tenía que estar en todas las redes sociales, se adaptaran a su target o no; más tarde, la página web no era accesible desde smartphone y cundía el pánico en la dirección general; luego los códigos QR ganan visibilidad y hay que meterlos, aunque sea en un poster en la pared del despacho para redirigir a la web corporativa, porque es “moderno”. Bienvenidos al momento en el que en toda reunión de comunicación surge la gran pregunta:

¿¿¿Cómo es que aún no hemos creado una app???

No hay duda de que las aplicaciones móviles han supuesto un gran avance y hay muchas que son verdaderamente útiles… pero es innegable que este desarrollo masivo de apps también ha generado un exceso de equipaje en nuestros smartphones.

Preguntas que toda persona debería hacerse antes de crear una app para su empresa:

  1. El objetivo: ¿qué busco?
  2. Pensemos en el usuario: ¿qué necesidad estoy cubriendo?
  3. El valor: ¿mi app aportará un valor diferencial para los usuarios? Como usuario, ¿la conservaría en mi escritorio pasado un mes?
  4. Cómo es mi target: ¿desde dónde se conectan mis clientes? ¿Tienen una tablet? ¿Son de Android o de iOS?
  5. La inversión: ¿esa necesidad no estará cubierta con, por ejemplo, una web corporativa adaptada a smartphones o los perfiles en redes sociales?

Cuántas veces habremos visto aplicaciones con un diseño espectacular (o no) que no sirven absolutamente para nada. Las empresas, a día de hoy, están vigilando al máximo sus presupuestos y sorprende ver apps muy costosas que no cubren ninguna necesidad de los usuarios y, en consecuencia, no se traducen en ningún ROI para la empresa que la produce. Sin una estrategia definida y calendarizada, el desarrollo de una aplicación móvil corporativa se convierte en un gasto, no una inversión.

Si después de haber reflexionado sobre estas cuestiones, decidís que una app es una apuesta estratégica, os dejo algunas opciones gratuitas y básicas, para que el presupuesto no sea un obstáculo J

Ana López

@anafwwm

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SoLoMo: 10 razones para una estrategia de marketing móvil

19 / sep / 2012 | 1 Comentario

SOLOMO. “¿Cómo?” Sí, reconozco que la primera vez que escuché este término también fruncí el ceño como tú lo estás haciendo ahora ;). Se trata del apócope de los términos “Social”, “Local” y “Mobile”, bastante más conocidos por la mayoría de nosotros, ¿verdad?

SoLoMo se convierte una de las estrategias de marketing y comunicación digital más extendidas entre las grandes (y no tan grandes) marcas a la hora de acercarse a un consumidor hiperconectado que construye su propio ecosistema en redes sociales, smartphone en mano. En el blog de Best hemos hablado bastante de lo local y lo social, y hoy me gustaría acercarme a la tercera “pata” del SoLoMo, una de las palabras más de moda en la jerga del marketing 2.0.

¿Por qué puede ser interesante para ti implementar una estrategia de marketing móvil?

  1. Potencial de audiencia que podemos alcanzar: el consumo de telefonía móvil sigue creciendo a un ritmo desorbitado en todo el planeta. Además, España ocupa la primera posición europea en penetración de smartphones, con el 55,2% del parque móvil, por encima de la media europea que se sitúa en el 47,6%.
  2. Posibilidad de hablar “el mismo idioma” (o lenguaje) que los nuevos consumidores: las  tecnologías móviles  pueden ayudarnos a entender mejor a los consumidores que utilizan dispositivos móviles y, sobre todo, a ofrecer mensajes más relevantes para ellos.
  3. Posibilidad de “encontrar” al usuario allí donde está: el futuro es (aún más) móvil.  Se prevé que en los próximos tres años, los usuarios se conectarán a Internet más a través de sus teléfonos móviles que a través de los ordenadores.
  4. Alto grado de segmentación del usuario, de acuerdo con sus preferencias, gustos, intereses…
  5. Personalización del mensaje: de acuerdo con lo expuesto en el punto anterior, es posible ofrecer al usuario aquella información más acorde a sus necesidades y expectativas de búsqueda, de manera que aquella relativa a la marca se percibe como menos intrusiva. De hecho, según Google, el 61% de las búsquedas locales en un teléfono móvil y el 52% de los anuncios móviles conducen a una llamada telefónica.
  6. Posibilidad de evaluar el retorno de la inversión al detalle.  Además, una estrategia móvil puede favorecer, en determinadas situaciones, un proceso impulsivo orientado a la compra o al objetivo que nos hayamos marcado.
  7. Incremento de la notoriedad y afinidad de marca: los usuarios tienen un altísimo engagement con sus dispositivos móviles, afinidad que puede trasladarse a la “marca” si los mensajes son los adecuados y aportan valor añadido real al usuario (igual que en el resto de canales).
  8. Alto tráfico de referencia: de acuerdo con varios informes, el porcentaje de búsqueda de información, referencias o productos desde un dispositivo móvil es de más del 55%.
  9. Escasa saturación publicitaria: el mundo móvil está todavía por desarrollar desde el punto de vista de la publicidad. Tan sólo el 15% de las  marcas de nuestro país realiza algún tipo de acción de marketing o publicidad online, por lo que el usuario no se encuentra “cansado” de recibir mensajes a través de este canal.
  10. Reputación e imagen  de marca para la empresa. La movilidad va muy ligada al concepto de modernidad, innovación, etc.… Por este motivo, reforzar una imagen de marca a través de dispositivos móviles puede suponer la transmisión de unos valores que difícilmente se podrían dar en otros escenarios.

¿Qué te parece el decálogo de razones que propongo? ¿Añadirías alguna más? ¿Está tu marca preparada para acercarse a la estrategia móvil?

Laura María Vázquez
@lauramaria_vaz

cdigo-QR

El código QR: bueno, bonito y barato

05 / mar / 2012 | 2 Comentarios

Casi todo el mundo los ha visto o por lo menos ha estado, sin saberlo, cerca de uno alguna vez en su vida, pero no todo el mundo los conoce ni sabe para qué sirven.

Muchos, mientras observaban alguna revista, bote de  refresco, tarjetas de visita, marquesinas de autobús o incluso algún escaparate, se habrán preguntado alguna vez: ¿para que servirán estas cosas negras, cuadradas y pixeladas que parecen un código de barras? Pues bien, vamos a adentrarnos en el maravilloso mundo del “código de barras bidimensional”. ¡Es hora de desenfundar vuestros smartphones!

Los códigos QR, iniciales de Quick Response (respuesta rápida), fueron creados en Japón en 1994 por la empresa Denso-Ware y eran usados en la industria de la automoción para controlar y administrar el inventario, por lo que suponen una evolución del conocido por todos como código de barras.

Los japoneses se dieron cuenta de que no sirve algo supuestamente rápido si lo tienes que pasar varias veces por un lector para que consiga ser detectado. Véase, en este caso, lo que sucede con las cajeras de los supermercados deslizando una y otra vez el producto bajo o sobre el escáner hasta desistir y teclear los números del código de barras. Por este motivo, comenzaron a diseñar la evolución de dichos códigos. Necesitaban algo con un sistema propio de corrección de errores que detectase la información incluso aunque el soporte estuviera manchado, estropeado o arrugado. A la vez, se multiplicaba la cantidad de información que podía contener.

De lo anterior viene el hecho de que los códigos QR posean dicho aspecto bidimensional, conteniendo información en ambas direcciones (vertical y horizontalmente), lo que hace que se multiplique la cantidad de información contenida en ellos, siendo de 7.089 caracteres numéricos, 4.296 letras o una imagen de hasta 3 Kb.

Pero si son una evolución de los conocidos códigos de barras, ¿por qué están tan en auge en la actualidad? ¿Qué los hace tan especiales? La mayor diferencia radica en que, para conseguir leerlos, no hace falta un lector especial. Los códigos QR han sido adaptados a la era de Internet en la que vivimos para que puedan ser leídos, especialmente, por las cámaras integradas en nuestros móviles, así como en tablets o PC que dispongan de conexión a la red de redes y que tengan descargada una aplicación gratuita (los códigos bidi son de pago) para cada dispositivo. Con solo enfocar la cámara de nuestro dispositivo lector hacia dichos códigos QR, conseguiremos decodificar la información almacenada que contiene, redirigiéndonos a una página web específica de cada código.

¿Habrán sabido sacar partido ante tan fácil acceso de información las grandes empresas y agencias de publicidad? Veamos algunos ejemplos de usos “originales” de códigos QR que se desvinculan de su empleo tradicional.

Hace unos meses leíamos en el blog Alt1040 una noticia sobre el lanzamiento en Holanda de una edición limitada de monedas de plata y oro en las que venía integrado en una de sus caras un código QR. Al ser escaneadas, redireccionaban a un sitio de finanzas holandés en el que los usuarios encontrarían alguna que otra sorpresa. Ésta acción despertó mi interés acerca del  uso creativo que se le podía dar a dichos códigos dentro del mundo comercial, empresarial, publicitario o incluso, por qué no, del más personal.

Adentrándome en el mundo de los códigos QR me he encontrado con fabulosas campañas, como la realizada por Tesco en el metro de Corea del Sur creando góndolas virtuales en las que se podía realizar la compra de los productos simplemente escaneando el código QR de cada producto. Dicha campaña no tardó en tener su versión chilena de la mano de Jumbo mobile, e incluso nuestra versión española realizada para Paco Cecilio.

Grandes marcas, como Prenatal, Calvin Klein o Durex, ya se han “subido al carro” de las posibilidades que ofrecen los códigos QR, pero no son los únicos. El mundo del cine se empieza a dar cuenta de ello. No hay nada más que ver los carteles promocionales de la película Martha Marcy May Marlene, realizados como si de código QR se tratase y que permiten el acceso a un trailer exclusivo de dicha película.

Si alguno se pregunta hasta qué extremo se puede llevar su uso, puede estar tranquilo. Hay gente para todo. En Japón ya se incluye en muchas lápidas de los cementerios un código QR personalizado con información del fallecido. Pero… ¿se sabe cuál es el código más caro creado hasta la fecha? ¡También tenemos el dato, amigos! El premio al QR más costoso es para la firma de joyas Piaget, que realizó un colgante fabricado a mano de oro y diamante con la forma de dicho código.

En definitiva, los códigos QR están dentro de nuestras vidas, aunque muchos no nos demos cuenta. Es más, siempre he pensado que algún día todos llevaremos un código de barras tatuado en alguna parte del cuerpo que nos identifique y muestre información personal, al más puro estilo  Hitman. Con las posibilidades que ofrecen estos códigos bidimensionales, ¡quién sabe!, incluso podremos hacernos un tatuaje animado como el que se hizo K.A.R.L.:

Francisco Hernández

@franha85

Smartphone: arma de distracción masiva

27 / feb / 2012 | 2 Comentarios

Me encantan esos post sobre smartphones que siempre incluyen la frase: “Hoy en día tienes más poder de procesamiento en la palma de tu mano que el que utilizó el Apolo 11 para llegar, aterrizar y volver de la Luna”. Al leerlos siempre me invade el mismo pensamiento: el de lanzar mi smartphone hasta la Luna, porque tendrá más capacidad de procesamiento, pero no me imagino a Aldrin, Armstrong y Collins haciendo ese viaje con las míseras 24 horas de batería que posee mi maravilloso terminal.

La gente tiene verdadera obsesión con sus smartphones. He visto en reuniones a gente desesperada buscando Wi-Fi o twittear algo durante el transcurso de la misma, dejando de atender, por supuesto, a todo lo que allí se decía. También he visto a gente que se queda embobada esperando el doble check del WhatsApp y un largo etcétera de situaciones similares.

Pero no seré yo el que se queje de esta situación, sino todo lo contrario ya que, pensando como una persona que se encuentra en “el lado oscuro”, veo estos terminales como un soporte perfecto para bombardear al usuario con publicidad, correos, aplicaciones o juegos. Por eso mismo, cada vez son más marcas las que se suben al carro y que, en algunos casos, sacan contenidos específicos para smartphones disfrazando una publicidad descarada en forma de inofensiva aplicación.

Otro de los puntos fuertes de los smartphones es que están siendo tan avanzados que se puede prescindir del ordenador para muchas de las tareas que realizamos en el día a día, enganchando, por tanto, mucho más a los usuarios. Si sumamos esto a la movilidad, los convierten en una poderosa herramienta de trabajo (o de distracción).

A nivel más usuario, lo que prima es el uso de las redes sociales. Hace 10 años, lo más social que podía hacer con mi Nokia 3310 era jugar a la serpiente mientras mis amigos me miraban. Sin embargo, hoy en día hay redes específicas destinadas exclusivamente para este tipo de dispositivos, como puedan ser Instagram o Foursquare, generando comunidades verdaderamente importantes.

España está en el top 3 de países con mayor cantidad de smartphones y uso por persona. Esto hace que las marcas nos utilicen como mercado para probar sus proyectos, lo que a su vez lleva a que las personas estén más interesadas en estos productos generando un bucle del que, de momento, no vamos a salir y del que parece que tampoco queramos hacerlo.

Hoy en día los smartphones están generando un tipo nuevo de comunicación y contacto entre los usuarios. Hay una frase que resume esta situación a la perfección: “Las nuevas formas de mensajería con las que cuentan los usuarios nos alejan de las personas que tenemos más cerca pero nos acercan a las personas que tenemos más lejos”. Antes, utilizar el móvil mientras se estaba con otras personas era algo de mala educación, mientras que ahora se ha convertido en algo cotidiano (cosa que odio, por cierto).

De lo único de lo que estoy seguro es de que, dentro de unos años (espero que bastantes), y como la cosa siga creciendo a este ritmo vertiginoso, cada usuario tendrá un Pip-Boy integrado en su muñeca como el protagonista de la saga Fallout. Y si no, tiempo al tiempo.

Daniel Fernández

@boillos

El futuro de las redes sociales: Lo que queda por hacer

24 / feb / 2011 | Escribir un comentario

 

Hace poco, por motivos de salud, tuve que permanecer bastante tiempo alejada de mis quehaceres diarios en cuanto a trabajo. Durante casi tres meses me olvidé de proyectos, clientes, actividades, trabajos y, principalmente, me alejé del ordenador. Es más, durante el primer mes creí que me iba a hundir en la marginación al no poder conectarme a Internet y no poder estar al día de lo que se cuece en el mundillo de la comunicación.

No fue para tanto. Para mi sorpresa, no sólo descubrí que es posible vivir así, si no que hay mucha, muchísima gente, cientos de personas que viven así, al margen, sin contacto diario con las nuevas tecnologías y, además, no lo pasan mal.

Todo ello me lleva a realizar una pequeña reflexión en cuanto al poder de los medios sociales, su influencia y su importancia hoy en día, en entornos distintos a lo que me muevo normalmente, que no son otros, que los públicos a los que vamos a dirigir nuestras campañas, ni más ni menos.

Queda mucho por hacer

Nada como salirse de la rutina y observar algo desde fuera, para dar un nuevo enfoque a algo que creías totalmente controlado y encaminado.

Los medios sociales y el entorno de la nueva web suponen una fuerza y un poder de comunicación como nunca antes habíamos imaginado. La viralidad que ofrece, la inmediatez, la facilidad, etc. son cualidades que los usuarios aprecian. Facebook o Tuenti, son sólo algunas de las redes en las que hemos volcado nuestra vida y nuestros intereses y en las que encontramos información y la gente que nos interesa. Además, los blogs que tratan temas de actualidad, los corporativos de empresas, acumulan seguidores y no paran de crecer.

Pero… siempre hay un pero. No nos equivoquemos, todavía queda mucho por hacer. La sensación general en mi mundo es que la web lo invade todo, pero basta con poner un pie fuera de este entorno para ver que no es todo tan bonito. Hay mucha gente que desconoce la mitad de las plataformas, no todas las empresas lo tienen integrado en su día a día, y gran cantidad de gente, cuando sale del trabajo, prefiere un “cara a cara” con sus amigos, a un mensaje directo. Esa es la realidad. No está tan presente como parece.

4 puntos clave que no perder el norte:

Dicho esto, no quiero tirar piedras contra mi propio tejado, pero sí tener los pies en el suelo y ser consciente de que todavía queda mucho por hacer

  • Formar, formar y formar: No cometamos el error de pensar que todos saben lo que nosotros creemos que deberían saber. Este pequeño trabalenguas nos viene a decir que aunque nosotros estemos metidos, el resto del mundo no, o por lo menos no tanto. Queda mucha labor formadora al respecto para que nuestros públicos comprendan las herramientas que tienen entre manos y el partido que se les puede sacar.
  • Para qué usa el usuario los medios sociales: Grandes y enormes cantidades de gente que forman parte de los medios sociales, los utilizan para lo que fueron creados: socializarse. Es por ello que no podemos olvidar que no todos los usuarios están tan abiertos a cualquier mensaje que les mandemos. Quieren conservar su esfera, quieren compartir sólo información útil con amigos y ahí es dónde reside nuestro trabajo de comunicadores, siendo capaces de transformar información empresarial en información útil para el usuario en su día a día.
  • El móvil es el rey: Sin duda, el que todas estas herramientas acaben por penetrar más profundamente, dependerá en gran medida del soporte que utilicemos para manejarlos. Cuanto más sencillo, fácil, intuitivo y transportable sea, mejor que mejor. Y el móvil y sus derivados, tiene todas las papeletas para convertirse en la clave.
  • España no es Estados Unidos: Con ello quiero decir, que no podemos guiarnos por lo más puntero en otros países e implantarlo de manera inmediata en España. No quiero decir que no sea buena idea, pero quizá debemos alterar los tiempos, esperar el momento apropiado, o sencillamente puede ser que no cuadre, porque todavía no hay la misma conciencia y la capacidad técnica que permita sacar el máximo partido a esa herramienta que puede haber en otros países. Tenemos que ser realistas y cuidadosos.
  • Por último, sólo quiero añadir lo siguiente. Nosotros como comunicadores, tenemos la obligación de estar al día. Tenemos que beber de las tendencias, conocerlas y asimilarlas, pero no todos tienen esa labor. Nuestros públicos puede que no estén en nuestra misma onda y eso es algo, que debemos conocer, si queremos que nuestros objetivos sean realmente conseguibles y medibles.

Maribel Fernández

@Mariphel