Guillermo Salas Martínez

Acerca de Guillermo Salas Martínez

Madrileño, deportista y afamado músico low-profile. He estudiado publicidad y relaciones públicas en la URJC de Fuenlabrada. Fan de la escritura e intento reiterado de autor. NeverSurrender como forma de vida.

Cómo las búsquedas por voz van a ganar la Champions del SEO

“Érase una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos. Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. Todas estas cosas había una vez cuando yo soñaba un mundo al revés.” Queridos fans, haters y desconocedores del escritor José Goytisolo (hermano del recientemente fallecido Juan Goytisolo) y su popularizador músico Pablo Ibáñez: érase una vez un sector cambiante que siempre estaba a la última; un sector que siempre buscaba la forma de favorecer al usuario y dar rentabilidad a las marcas.

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Los límites del SEO

El SEO de las estrellas: La La Land

Hoy me enfrento a uno de los mayores desafíos de mi historia. ¿¡Qué digo!? Quizás sea uno de los mayores retos jamás afrontados por el ser humano a lo largo del S.XXI. Sí, estimado lector: voy a escribir un post contra el SEO.

Vale, quizás no sea para tanto y, de hecho, en este mismo blog ya ha habido locos que han firmado certificados de defunción del SEO. Pero es que yo no he venido hoy aquí a matar conceptos a sangre fría. El SEO, mal que me pese, es el Rey en el Norte de Internet.

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Lo que las redes sociales son para la atención al cliente, y viceversa

Me disponía a desatar mi ira telefónicamente sobre [inserte aquí marca X del sector Y] por la pésima calidad de su servicio/producto cuando pensé “espera, soy un millennial, ¿qué hago con un smartphone cerca de la oreja?”. Inmediatamente, y tras maldecirme por tan extravagante conducta, bajé mi móvil, abrí Twitter y, ya sonriente, procedí a escribir a la marca en cuestión. Y como yo, según un estudio llevado a cabo por Conversocial, el 54% de consumidores aboga sin piedad por la atención al cliente vía online.

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Stop millennials: ¡pon un midult en tu marca!

– ¡Hablamos del milenarismo!”, – repitió Fernando Arrabal, una vez más, mientras trataba de mantener el equilibrio sentándose sobre la mesa del plató.

Corría el año 1989 y el escritor español pronunciaba una de sus frases más célebres (y sarcásticamente celebradas) ante la desesperada mirada de Sánchez Dragó y el asombro de todos los espectadores de TVE, que ese día se congregaban frente a su televisor para llenar sus vidas de apasionante contenido apocalíptico.

Pues bien, os confieso que me gusta pensar que fue precisamente uno de esos televidentes quien, unos 20 años después, decidió que lo que tenía que molarle a las marcas eran los millennials. Ya sabéis, todos estos nativos digitales que por haber crecido con el cambio de siglo y milenio se les presupone iguales en términos de hípersociabilidad, nomofobia, necesidad de personalización y dominio de la tecnología, entre otras. Sigue leyendo

Comunicar en tiempos revueltos: el misterioso caso de Samsung

¡Y pum, se convirtió en Chocapic!

Así podría empezar la campaña de Samsung sobre su último intento de buque insignia en telefonía móvil. Pero no, no lo hace. Y esto es así por dos razones, principalmente: la primera es que sí, el móvil explota; pero no, no se convierte en un delicioso cereal recubierto de chocolate. Más bien causa algarabía allá donde tiene el capricho de reventar y un contrapuesto pánico a quien se queda sin móvil y con una pierna pasada por la plancha… O a quien tiene que abortar un vuelo a mitad de camino… O cualquiera de todos los sonados casos de explosiones aleatorias -en lugares aleatorios- que tantos “buenos” ratos nos han dado a los que no tenemos móviles que explotan. Parece que no, pero esto “no es cosa menor; dicho de otra manera: es cosa mayor”.

La segunda es que Samsung sabe que el ruido es el peor enemigo de las crisis, así que ha decidido anticiparse para transmitir mensajes claros, concisos y directos sobre “el estado de la cuestión” en cada momento. Está bien, lo admitiré: yo venía aquí a atizar a Samsung pero, por más que me cueste admitirlo, y por mucho que me guste ser un oportunista para criticar al sector, Samsung está haciendo una buena comunicación de crisis.

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