Autocensura: cómo censuramos nuestras propias opiniones en redes sociales

Autocensura

En la historia de la Humanidad, ¿cuántas veces hemos reconocido que en lugar de avanzar dimos un paso atrás? Nuestro pensamiento, sometido a la línea de tiempo, no admite la idea de retroceso. Tenemos la firme creencia del eterno avance. Pero, ¿qué ocurriría si tomáramos conciencia de una involución? ¿Admitiríamos el retroceso aunque sólo fuera de determinados aspectos? No lo creo. Es más, utilizaríamos contraargumentos como los avances en tecnología, medicina u otras ciencias para demostrar que siempre hemos caminado en la misma dirección: la del progreso. Es innegable que hemos avanzando, pero no en todos los ámbitos.

Me pregunto qué está pasando con la libertad de expresión cuando una marca, un medio de comunicación o una persona deciden no hacer pública su opinión en las redes sociales porque podría resultar políticamente incorrecta. El barniz de lo “correcto” es un virus homogeneizador que está debilitando nuestra libertad, nuestra creatividad y la diversidad de opinión. Los verdaderos pensamientos se esconden detrás del muro de la apariencia mientras nos sometemos de manera silenciosa a un fenómeno difícil de explicar: la autocensura.

El barniz de lo “correcto” es un virus homogeneizador que está debilitando nuestra libertad, nuestra creatividad

Está presente cuando hablamos, escribimos y publicamos. Pero también cuando escuchamos, leemos y observamos lo que dicen otros. Nuestros ojos se han llenado de susceptibilidad. Veo autocensura en mis tweets, en el trabajo diario con marcas, en tu muro de Facebook, en quienes coordinan a los community managers, en la creatividad de las campañas, en las viñetas de humor de los diarios. Veo mensajes demasiado parecidos de personas o compañías radicalmente distintas. Una sociedad con problemas puede resultar enferma. Pero una sociedad que no se puede reír de sus problemas es una sociedad muerta.

Una sociedad que no se puede reír de sus problemas es una sociedad muerta

Nos hemos dejado ganar por lo “correcto”, por el miedo al qué dirán y a que nos lleven la contraria. ¿En qué momento decidimos que toda opinión, comentario o comunicación hecha pública debía ser del agrado de todos? No podemos gustar a todo el mundo. Pero eso no es malo. Es una bellísima muestra de diversidad, madurez y respeto. No estoy hablando de provocar, estoy hablando de transparencia y sinceridad.

En menos de una década, la autocensura nos ha convertido en entes asépticos. Marcas, políticos y personas estamos endeudando la libertad de expresión. Involucionamos.

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Diego Rivera

Diego Rivera

Director de Estrategia y Creatividad at Best Relations
Desde hace más de 10 años, buscando ideas y estrategias que ayuden a cumplir objetivos de negocio.

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