La vida antes de los foodies a traves de la fotografia gastronomica

La fotografía gastronómica más allá de los foodies e Instagram (I)

La fotografía gastronómica es, además de un recurso publicitario, una forma de expresión y una herramienta de comunicación. Lo vemos en las películas de Quentin Tarantino, que emplea con frecuencia la comida como metáfora del poder. Recuerda a Jules de Pulp Fiction quitándole la hamburguesa a Brad o a Hans Landa comiéndose la tarta de manzana en Malditos Bastardos. O la famosa escena de Hook (Steven Spielberg, 1991), en la que se desata una pringosa pelea de comida de colores. En estas escenas, la comida comunica y sirve como recurso para dar a conocer las intenciones de los personajes y fijar el estado de ánimo de la escena. No es nada nuevo de los foodies, de la foodporn o demás instagramersla comida es un recurso artístico multisensorial que lleva cientos de años empleándose para contar historias.

Tanto es así que nos podemos remontar al siglo XVII en los Países Bajos, donde surgió la fotografía gastronómica en formato bodegón. Pronto se extendió por el resto de Europa, convirtiéndose en uno de los movimientos artísticos más destacados de la historia. También conocido como naturaleza muerta, consiste en retratar objetos inanimados de la vida cotidiana. Su condición estática ofrece un mayor control de la escena, dando pie a experimentar con los factores más importantes: la composición, el color y la luz. Un género que dio fruto (nunca mejor dicho) a grandes artistas como Caravaggio, quien produjo una de las más reconocidas pinturas de naturaleza muerta.

Primeros bodegones de la historia

Tres siglos más tarde, los impresionistas como Manet y Renoir desarrollaron nuevas teorías lumínicas y cromáticas, resucitando y readaptando el género del bodegón a las nuevas corrientes estéticas. La cotidianidad dejó de representarse de forma realista y se convirtió en el retrato de un estado de ánimo, una explosión de sentimientos y de color.

En el siglo XX, el bodegón se volvió a emplear como escenario para la experimentación, esta vez centrándose más en la deconstrucción geométrica y los collages. Estuvo presente en el movimiento Dada con Marcel Duchamp, en el futurismo y también en el realismo. Ejemplos que pudiste ver hace pocos meses en la exposición Realistas de Madrid, organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza. En ella se hablaba de la naturaleza muerta como un género “que excluye, en principio, la figura humana pero que habla constantemente del ser humano”. Y es que, a veces, los objetos de la vida cotidiana dicen más sobre nuestra forma de vida que la propia herencia cultural. También fue Warhol quien trató de comunicar esta idea plasmando todo lo que le rodeaba, como hizo con las famosas latas de sopa Campbell’s o las botellas de cristal de Cola-Cola.

Exposición Realistas de Madrid

Sí, en el siglo XIX -la vida antes de Instagram- las fotografías de comida ya empezaron a aparecer, muchas de ellas imitando la iluminación y composición de los bodegones flamencos de los siglos anteriores. Así, la comida ha sido el elemento inspirador tanto de obras de arte con los bodegones más famosos, como del actual y popular mukbang.

A veces los objetos de la vida cotidiana dicen más sobre nuestra forma de vida que la propia herencia cultural

Durante mucho tiempo se realizaron fotos desde el punto de vista del comensal, sin tener en cuenta los sentimientos que podía evocar el plato en la escena. Hoy en día ya hemos solucionado este factor. Existen estilistas gastronómicos profesionales llamados food stylists que se encargan de ambientar la escena y preparar los platos. Suelen llevar de la mano un kit de herramientas para adornar sus escenas, nada ligero ni predecible: pinzas y tijeras, botes de espray, pinceles, palitos de algodón, toallitas, cuchillos, palillos de madera, mangas pasteleras, jeringas, espátulas, cuerdas, una antorcha…

Pero el fotógrafo no sólo se encarga de adornar la escena. En muchas ocasiones son también chefs de prestigio, como es el caso de Sacha Hormaechea, propietario del Restaurante Sacha, abierto desde hace más de 45 años. Sacha creció entre carretes y fogones, estudió cine y se dejó influir por la generación de cocineros de Abraham García y Tomás Herranz. Su cocina, al igual que su fotografía, es sencilla, ecléctica, emocional y para el disfrute.

Además de tener claro el estilo, es importante que el fotógrafo controle los aspectos técnicos de la cámara. Que entienda cómo la luz afecta al objeto y plasme conceptos con el uso de props. Es necesario que sepa de la importancia del color y la textura, y que conozca las tendencias del sector. Y para ir más allá de los filtros de Instagram o Snapchat, hay cinco reglas básicas. Pero ésas te las cuento en un próximo post. ¡No te lo pierdas! 🙂

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Carmen Sáenz de Tejada

Carmen Sáenz de Tejada

Graphic Designer at Best Relations
Diseñadora Gráfica de formación. Me gusta viajar, aprender, enseñar y ver cine del bueno y del malo. Creo fervientemente que la crema de cacahuete está muy infravalorada en nuestra gastronomía y no me avergüenzo de mi fascinación por Tom Cruise y Arnold Schwarzenegger.

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