El SEO ha muerto. Llega el Mobile Behavior Optimization

El SEO ha muerto: larga vida al Mobile Behavior Optimization (MBO)

No has leído mal. El SEO está próximo a su fin. Pronto dejará de ser tenido en cuenta. Sólo los dinosaurios del sector se preocuparán por estar entre los diez primeros resultados de búsqueda en Google. Sí, ha tardado, pero por fin parece que el mileniarismo va a llegar, que Google dejará de ser Google y que el SEO dejará paso a algo nuevo y mucho más útil. Nosotros lo llamamos Mobile Behavior Optimization (MBO).

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Transformar tu comportamiento social en una infografía

Cifras, texto, datos, imágenes, códigos… Al día, miles y miles de mensajes se cuelan en nuestras mentes intentando captar nuestra atención. Aunque no siempre seamos conscientes, los medios de comunicación -tanto los convencionales como los digitales-, la publicidad y las redes sociales, nos envuelven en una gran nube de información que nos satura. ¿Cómo afrontamos este exceso? Según los expertos, cada vez recurrimos más a lo práctico, a buscar conclusiones o resúmenes claros, precisos y visuales de aquello que nos interesa. Justamente lo que representa una infografía.

En nuestra vida profesional y personal, esta tendencia hacia lo simple se aprecia especialmente en el terreno digital, donde el consumo del contenido es más rápido y fugaz, y donde consumimos lo que es más capaz de atraer nuestra atención en el menor tiempo posible. En lugar de simplemente soltar nuestro discurso, preferimos centrarnos en lo importante, ya sea empleando esquemas, ya sea utilizando menos texto y más imagen. Así, la infografía se ha convertido en un elemento esencial, ya que nos proporciona lo que ahora buscamos: una forma visual de ofrecer información, sencilla y fácil de asimilar, que resume lo que queremos decir con gráficos y viñeta. Según varios estudios, es muy eficaz a la hora de comunicar, ya que nuestro cerebro asimila mejor los datos que se presentan de manera gráfica.

En un reciente post en nuestro blog, apuntábamos varios ejemplos de aplicaciones y herramientas capaces de simplificar los datos que generamos a diario. En esta ocasión, ponemos nuestro punto de mira en cómo la infografía está ganando terreno en las redes sociales a la hora de presentar datos de nuestra actividad social. Las siguientes son algunas originales maneras de convertir en imagen nuestro comportamiento y nuestra personalidad en la Red:

Vizify: esta plataforma se autodenomina “biografía gráfica. Sorprendente. Simple”. Permite que lo más destacado de nuestra actividad en redes sociales se presente de una forma sencilla a la par que atractiva, empleando el contenido de redes como Twitter, Instagram, Facebook, LinkedIn o Pinterest, entre otras.

#Followme: precisamente de la mano de Vizify, Twitter ha ideado esta nueva aplicación que permite resumir nuestro timeline en una vídeo-infografía editable que reúne, siempre según bajo nuestra elección, tuits destacados, gente que nos sigue, fotos o vídeos que hemos compartido… Lo que pretende es presentar nuestro perfil de manera atractiva para conseguir nuevos seguidores. ¡Pinchad aquí si queréis ver el de Best Relations!

Foursquare time machine: muestra, de una atractiva manera, un mapa con todos los lugares en los que hemos hecho checkin con Foursquare. La herramienta nos permite repasar recorridos que hicimos, los espacios que más hemos visitado, y la relación que unos y otros tienen entre sí, entre otras opciones. Es perfecta para descubrir lo previsibles que somos… habitualmente.

Yearinreview: es, como su nombre indica, un resumen del año para recordar lo más destacado de nuestra actividad en Twitter. Facebook contó con el suyo propio, pero no está activo en estos momentos. Con el de Twitter, pudimos repasar los principales tuits, temas y hashtags del año pasado de forma visual y dinámica.

–  Google Zeitgeist: similar a Yearinreview, es la alternativa de Google para ofrecernos, de forma muy gráfica y condensada, los datos que resumen nuestro comportamiento centrándose en aquello que constituyó lo más buscado del año en la Red. Nos permite, además, hacer una segmentación por tema o países, por ejemplo.

Por último, os invitamos a pinchar en este enlace que nos ofrece 13 razones por las que la infografía es cada vez más importante a la hora de comunicar.

Y vosotros, ¿cuánto habéis tardado en leerlo? 🙂

Sara González

@SaraGlezi

De bares, favstars y redes sociales efímeras

Una vez más, Coca-Cola nos ha vuelto a sorprender con su última campaña de publicidad. Esta vez, ha sido haciendo una bonita oda a uno de los lugares más emblemáticos de la cultura española: los bares. En su intento de redescubrir la que dicen ser la mayor red social de España, la compañía de bebidas más famosa del mundo nos recuerda los buenos momentos que todos hemos pasado alguna vez en un bar así como el hecho de que, en este país, somos muy fans de pasar tiempo con los nuestros con una cervecita o cafetito en la mano.

Sin ánimo de obviar la calidad de la campaña, me quedo con un concepto: los bares son la red social más grande de España. Esta afirmación me ha generado algunos interrogantes sobre los que no me había parado a pensar en profundidad hasta ahora: ¿son las redes sociales un ejemplo de cómo las personas nos relacionamos en la vida real? ¿Somos iguales cuando tuiteamos que cuando conversamos en un bar?

Antes de entrar en harina, me viene a la cabeza un interesante estudio (algo añejo) sobre cómo nos comportamos los usuarios en los mundos virtuales. Aunque centrado en la olvidada Second Life, aquí se apunta que existen cuatro factores clave que determinan la manera de relacionarnos en internet:

  • El anonimato (opcional): la opción de actuar con una identidad falsa.
  • La intimidad: nos relacionamos con otros usuarios, pero casi siempre lo hacemos desde nuestras habitaciones, salones, etc., en un entorno privado.
  • La imaginación: en muchas ocasiones conversamos con usuarios que no conocemos o que conocemos parcialmente. Si la impresión que tenemos de un usuario es buena o mala, tendemos a exagerar la imagen completa de esa persona.
  • La desinhibición (o la inhibición): todos los elementos anteriores nos llevan a tener un comportamiento diferente, haciendo y diciendo cosas que  no haríamos en la vida real para bien o para mal.

En redes sociales,  me atrevería a decir que existe una cantidad ingente de usuarios entre los que se aplican los cuatro factores que acabamos de citar. Muchos de ellos no utilizan su nombre e imagen real y otros muchos emplean su nombre, pero en su imagen de perfil no usan su rostro o no son identificables de forma deliberada para poder publicar lo que se les venga en gana. Casi todos usuarios lo hacen desde un entorno privado y desconocen o conocen muy parcialmente a los usuarios con  los que dialogan. ¿Resultado? Trending topics alucinógenos, miles de mensajes surrealistas (y a menudo barbáricos) publicados cada día y centenares, sino miles de usuarios que, a mayores publicaciones tróspidas, mayor número de followers.

Por otro lado, nos encontramos con los usuarios que sí se ponen cara al relacionarse en los medios sociales y que se comunican con personas que conocen bien o que también le ponen nombre y cara a sus perfiles en estas plataformas. Para ellos, el anonimato puro no aplica, aunque no sean conocidos dentro de una comunidad,  y éste es un factor que creo clave para determinar nuestro comportamiento en internet. Estrechamente ligado a esto, existe otro elemento fundamental: la permanencia de los mensajes que escribimos. Todo lo que publicamos en internet se queda ahí, incluso posiciona en buscadores. Este hecho a veces puede funcionar como freno para que muchos no se expresen con naturalidad: escribir las cosas no es lo mismo que decirlas (aunque para los tróspidos que definíamos antes este hecho es casi mejor, porque así más gente les seguirá cada día y seguirán siendo favstars una y otra vez).

Pero ¿qué ocurriría si las redes sociales fueran efímeras?

En un mundo paralelo donde las redes sociales fueran efímeras, los mensajes no tendrían permanencia, lo que escribiésemos desaparecería pasado un determinado periodo de tiempo (¿10 minutos, por ejemplo?). Además, no existiría el actual establishment que hace que los usuarios que llevan la voz cantante en ciertas comunidades online “tapen” a aquellos que acaban de llegar pero que igualmente tienen cosas interesantes y geniales que contar. Cada día que accediésemos en una red social no seríamos “nadie”, ni siquiera cuando hubiéramos conseguido el día anterior que 500 personas nos siguieran (estoy segura de que algunos se tirarían por un puente al ver cómo su valioso Klout se esfuma en cuestión de horas). ¿Qué pasaría, pues, con las tan ansiadas métricas de afiliación e influencia? ¿Qué utilizaríamos para medir lo bien o mal que lo hacemos en una red social concreta?

La vanidad desencadenada por el exceso de atención en redes sociales mermaría, y favstars, gurús o pseudo gurús tendrían que demostrar en cada tuit o post que merece la pena leerles (éste sería un ejercicio interesante :-P). Muchos cambiarían su manera de comportarse en internet, y otros ni siquiera estarían interesados en participar en este tipo de redes sociales, ¿o sí? Por imaginar que no quede…

Sara Martín

@_SaraMP_

La falacia de la mejor hora para publicar

En su libro “Historias de Nueva York”, el periodista Enric González dedica unas páginas a hacer la semblanza del que fuera jugador y entrenador de los New York Yankees Lawrence Peter Yogi Berra. El tipo, uno de los mejores de la historia de este equipo de béisbol, se hizo especialmente popular por su particular sentido del humor y por frases míticas que oscilan entre lo ingenioso y lo absurdo. González recuerda una de ellas: “Ya nadie va a ese sitio, hay demasiada gente”. Pues algo así es lo que puede empezar a suceder con la obsesión que tenemos por controlar la mejor hora para publicar en redes sociales. Todos nos preocupamos por esa métrica, pero pronto conseguiremos que no valga nada.

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