Qué pensamientos debemos alejar para mejorar las relaciones con influencers

5 pensamientos de mierda que debemos borrar de nuestra mente sobre influencers

Que levante la mano qué agencia de comunicación o qué cliente no ha caído en este pensamiento, e incluso lo ha pronunciado en voz alta, en relación a algunos influencers, al hacerle alguna propuesta o pedirle colaboración: pero ¿éste quién se cree que es?

A veces todos perdemos el foco y debemos entender que si los influencers no fueran lo que son, y no tuvieran el poder de prescripción que tienen, las marcas no recurrirían a ellos. Es decir, que debemos entender que incluso aunque las colaboraciones sean remuneradas, no debemos convertir la relación en un “te estoy haciendo un favor por pagarte”.

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Marcas con poder de prescripción

Marcas creíbles; marcas influencers

Ya lo decíamos en nuestras Tendencias en Comunicación y Marketing 2016: si inviertes en reputación sin trabajar la credibilidad, puedes arruinar tu planificación. Sólo las marcas creíbles enamoran y, hasta ahora, esa credibilidad la hemos buscado en influencers externos, prescriptores con los que buscamos hacer de nuestra marca algo real, cercano, factible y que nos impregnen con sus propios rasgos. Pero también anunciábamos que ha llegado la hora de convertir a las marcas en influencers. ¿Significa esto que debemos prescindir de las celebrities o de los expertos?

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engagement

La imagen como base del engagement

Tienes un segundo. Piensa qué nombre o marca te viene a la cabeza cuando lees: spot – actor – empresa – revista. Seguramente lo primero en lo que has pensado hayan sido firmas o nombres que, de algún modo (consciente o inconscientemente), han sabido posicionarse adecuadamente en tu cabeza a través de una determinada imagen, un factor que influye en tus emociones, las que hacen que recuerdes y te sientas más afín a algo.

Este post trata sobre la imagen y la importancia que, pese a los más puristas del verbo, tiene actualmente tanto para ti como persona en tu vida laboral y personal, como para empresas –del sector que sean-, personajes públicos, firmas, etc. Por ello, es importante que tengamos presente que parte de la credibilidad que el emisor de un mensaje transmite a su audiencia proviene no sólo de factores cognoscitivos como la experiencia y la confianza que aquel sea capaz de transmitir, sino de factores de carácter afectivo, es decir, del atractivo, simpatía e imagen que el emisor proyecte, que aumentarán su grado de engagement con el público.

Así, cuando por ejemplo nos encontramos ante una presentación, el porcentaje de impacto que se logra sobre el receptor se distribuye de la siguiente manera: un 7% de la atención del público se centrará en nuestro discurso, un 38% en cómo lo transmitimos y comunicamos (es en este punto en el que los americanos nos llevan una ventaja realmente abrumadora) y, por último, un 55% se focalizará en la imagen que transmita el orador, como afirma Albert Mehrabian en su libro Non verbal Communication.

Ante estos datos muchos pensaréis: “esos porcentajes pueden variar dependiendo de la audiencia que tengamos delante, ¿no?”. Sí, efectivamente. Las características culturales del público ante el que nos situemos harán que estas cifras varíen ligeramente. No es lo mismo tener delante a una audiencia asiática que a una latina o anglosajona. Nuestros rasgos culturales nos definen y marcan también nuestras formas de atender y de comunicarnos. Y, sin embargo, el factor imagen o primera impresión es determinante en una mayoría de las ocasiones.

Por ello, pese a que casi todos diríamos que prestamos más atención al mensaje que estamos escuchando que al cómo y a la imagen de quien nos lo transmite, la realidad es otra y así lo ponemos en práctica en nuestro día a día, ya sea en forma de currículum, de programa de televisión o de red social. En lo que respecta a Social Media, pensemos por un instante en el tipo de plataformas que más están triunfando actualmente. Pinterest, Tumblr, Trendation, YouTube o el propio Facebook, entre otras, priman cada vez más la imagen, tanto propia como de sus usuarios, porque saben que eso gusta y vende. Al fin y al cabo eso es lo que quieren, ¿no?

Y por esta razón, después de ver la película Los Juegos del Hambre, más allá de si me gustó o no, reafirmé en mi cabeza esto que os estoy diciendo: tu imagen te define y te hace o no más atractivo a los ojos del otro que, en el ámbito laboral, será lo que marque la diferencia entre tú y el resto.

En definitiva, puede resultar frívolo e incluso anticuado para algunos, pero el concepto imagen sigue haciendo caja y eso implica que hemos que tenerla presente, así como nuestro lenguaje no verbal y forma de transmitir, que no dejan de ser una pata de ese envoltorio que proyectamos al mundo.

Tania Rodríguez
@Tania_RodFer