Información acorde con los gustos personales gracias al filtro burbuja

El filtro burbuja: información al gusto del consumidor

El concepto “filtro burbuja” ha adquirido una relevancia creciente desde que, en 2011, un tipo llamado Eli Pariser decidiese escribir un libro sobre los algoritmos de los gigantes de internet como Google o Facebook. En su tesis venía a decir que la entrada en escena de estas empresas, unida a la proliferación de los medios digitales, había provocado un grave cambio en nuestra forma de recibir la información y, por lo tanto, de configurar nuestros pensamientos.

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Los DM en Twitter: oportunidad o riesgo para la comunicación

Los DM de Twitter: ¿oportunidad o riesgo para la comunicación?

Ya han pasado unos cuantos días desde que Twitter habilitara la opción de que cualquier seguidor pueda enviar un DM (mensaje directo) a nuestra cuenta sin necesidad de que le sigamos. Esta nueva opción no era desconocida: desde hace dos años, cualquier usuario tenía la misma opción de escribir por DM a cuentas verificadas sin que éstas los siguieran recíprocamente. Otra cosa es, por supuesto, que Lady Gaga se dignara a contestarnos. Pero la posibilidad estaba ahí.

La nueva función de mensajería se puede activar en el menú de configuración. Basta con marcar la casilla indicada para ello. Si lo hacemos, el cambio significará que descartemos por obsoleto este famoso tuit: “Sígueme para que te pueda enviar un mensaje directo”.

La posibilidad de habilitar esta opción ha generado numerosas opiniones en internet acerca de este nuevo giro que Twitter ha tomado. Aparte de los rumores que indican que lo próximo podría ser el lanzamiento de una aplicación móvil de mensajería instantánea, lo más inmediato tiene que ver con las opiniones a favor y en contra de activar la recepción de mensajes:

A favor:

Un cliente potencial se puede poner en contacto con la empresa para solicitar información sin necesidad de que se sigan mutuamente. Se abre un canal de marketing y ventas entre el cliente y la marca (no necesariamente al revés, aunque también es posible).

Mayores oportunidades para las marcas, ya que pueden optar por el envío de un mensaje por privado para resolver una cuestión de atención al cliente lejos de la vista pública, o directamente resolver dicha cuestión en público para que los demás followers vean naturalidad y normalidad en la relación, así como para compartir la solución a un problema.

En contra:

La publicidad llama más enérgicamente a la puerta de Twitter y esta medida podría hacer que muchas marcas y anunciantes se decidan a enviar mensajes privados a diestro y siniestro con contenido comercial. ¿Se convertirán las bandejas de entrada en un contenedor de spam?

– Al poder recibir un DM de cualquiera, también aumentan las posibilidades de que recibamos más enlaces maliciosos que nos dirijan a webs peligrosas o aplicaciones de dudosa procedencia. De hecho, en los últimos días ha habido problemas con los mensajes directos que contenían enlaces externos a Twitter; algunos dicen que Twitter podría estar bloqueándolos para evitar el spam, pero ya hay quien ha encontrado la manera de salvar el escollo: enlazar a mensajes públicos en Twitter con links externos.

¿Dónde te posicionas? ¿Has decidido aceptar mensajes directos de todos los seguidores o no? ¡Cuéntanoslo!

Vicente Balbastre

@VicenteBT

Famosos y redes sociales

Famosos, publicidad y redes sociales

Últimamente me encuentro a mucha gente indignada por la práctica, cada vez más habitual, de contratar a personajes famosos para publicar mensajes comerciales en redes sociales. Pagar a una celebrity para que promocione un producto es algo que se viene haciendo desde la noche de los tiempos, así que imagino que la indignación viene porque los usuarios entienden que las marcas se inmiscuyen en el último bastión de los consumidores libres.

En realidad, ni Twitter ni Facebook son espacios libres de marcas, y eso es algo que todos hemos aceptado, pero parece que la polémica viene motivada por la no identificación de estos mensajes, como en la última campaña de Danone. Probablemente, lo más ético por parte de la celebrity que emite el mensaje pagado por una marca sería indicar que se trata de publicidad, pero, ¿a alguien le cuesta realmente distinguir cuándo se trata de un tuit “inocente” y cuándo el emisor ha recibido dinero a cambio del mensaje?

Creo que, a estas alturas del partido, todos sabemos que Anna Simon no hace todas sus compras en las rebajas de El Corte Inglés o que puede que Matías Prats no tenga su coche asegurado en Línea Directa. ¿Por qué es distinto en el caso de los tuits pagados? Porque es más nuevo, quiero pensar. Pero no pienso que haya que rasgarse las vestiduras y clamar contra un engaño masivo a los consumidores. Los portavoces, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera son líderes de opinión en el sector en cuestión, sino simplemente usuarios con mucha visibilidad y una amplia comunidad de seguidores. No me parece preocupante que Nuria Roca me recomiende un yogur helado; me parecería preocupante que un reputado doctor recomendara un medicamento en Twitter porque un laboratorio le ha pagado para ello, y no lo identificara como publicidad. Todo tiene un valor relativo: lo peor que puede pasar es que el yogur helado no me guste; el medicamento puede tener efectos secundarios.

Dentro de que opino que los tuits pagados deberían ir identificados y que no hay que hacer un drama de ello porque el daño es mínimo, hay publicidad con celebrities en redes sociales que roza el mal gusto. Y lo peor es que se vuelve contra la marca, cuya única falta es no haber previsto lo imprevisto y detallado hasta el último detalle de la acción.

El último ejemplo que recuerdo es un evento de la presentadora Raquel Sánchez-Silva para la promoción del móvil Sony Xperia Z. Se trataba de su primera aparición pública tras la repentina y trágica muerte de su marido; según cuentan, la marca le dio todas las facilidades para rescindir el contrato, pero ella no quiso hacerlo. ¿Qué ocurrió? Que acabó agradeciendo las condolencias recibidas en su Sony Xperia Z, en un momento raro-raro que pasará a posteridad. Me imagino la cara que debieron poner los responsables de Marketing, pensando en lo beneficioso que iba a ser para el lanzamiento de su nuevo modelo… Los famosos son imprevisibles, ¡qué les vamos a hacer!

Ana López

@anafwwm

De bares, favstars y redes sociales efímeras

Una vez más, Coca-Cola nos ha vuelto a sorprender con su última campaña de publicidad. Esta vez, ha sido haciendo una bonita oda a uno de los lugares más emblemáticos de la cultura española: los bares. En su intento de redescubrir la que dicen ser la mayor red social de España, la compañía de bebidas más famosa del mundo nos recuerda los buenos momentos que todos hemos pasado alguna vez en un bar así como el hecho de que, en este país, somos muy fans de pasar tiempo con los nuestros con una cervecita o cafetito en la mano.

Sin ánimo de obviar la calidad de la campaña, me quedo con un concepto: los bares son la red social más grande de España. Esta afirmación me ha generado algunos interrogantes sobre los que no me había parado a pensar en profundidad hasta ahora: ¿son las redes sociales un ejemplo de cómo las personas nos relacionamos en la vida real? ¿Somos iguales cuando tuiteamos que cuando conversamos en un bar?

Antes de entrar en harina, me viene a la cabeza un interesante estudio (algo añejo) sobre cómo nos comportamos los usuarios en los mundos virtuales. Aunque centrado en la olvidada Second Life, aquí se apunta que existen cuatro factores clave que determinan la manera de relacionarnos en internet:

  • El anonimato (opcional): la opción de actuar con una identidad falsa.
  • La intimidad: nos relacionamos con otros usuarios, pero casi siempre lo hacemos desde nuestras habitaciones, salones, etc., en un entorno privado.
  • La imaginación: en muchas ocasiones conversamos con usuarios que no conocemos o que conocemos parcialmente. Si la impresión que tenemos de un usuario es buena o mala, tendemos a exagerar la imagen completa de esa persona.
  • La desinhibición (o la inhibición): todos los elementos anteriores nos llevan a tener un comportamiento diferente, haciendo y diciendo cosas que  no haríamos en la vida real para bien o para mal.

En redes sociales,  me atrevería a decir que existe una cantidad ingente de usuarios entre los que se aplican los cuatro factores que acabamos de citar. Muchos de ellos no utilizan su nombre e imagen real y otros muchos emplean su nombre, pero en su imagen de perfil no usan su rostro o no son identificables de forma deliberada para poder publicar lo que se les venga en gana. Casi todos usuarios lo hacen desde un entorno privado y desconocen o conocen muy parcialmente a los usuarios con  los que dialogan. ¿Resultado? Trending topics alucinógenos, miles de mensajes surrealistas (y a menudo barbáricos) publicados cada día y centenares, sino miles de usuarios que, a mayores publicaciones tróspidas, mayor número de followers.

Por otro lado, nos encontramos con los usuarios que sí se ponen cara al relacionarse en los medios sociales y que se comunican con personas que conocen bien o que también le ponen nombre y cara a sus perfiles en estas plataformas. Para ellos, el anonimato puro no aplica, aunque no sean conocidos dentro de una comunidad,  y éste es un factor que creo clave para determinar nuestro comportamiento en internet. Estrechamente ligado a esto, existe otro elemento fundamental: la permanencia de los mensajes que escribimos. Todo lo que publicamos en internet se queda ahí, incluso posiciona en buscadores. Este hecho a veces puede funcionar como freno para que muchos no se expresen con naturalidad: escribir las cosas no es lo mismo que decirlas (aunque para los tróspidos que definíamos antes este hecho es casi mejor, porque así más gente les seguirá cada día y seguirán siendo favstars una y otra vez).

Pero ¿qué ocurriría si las redes sociales fueran efímeras?

En un mundo paralelo donde las redes sociales fueran efímeras, los mensajes no tendrían permanencia, lo que escribiésemos desaparecería pasado un determinado periodo de tiempo (¿10 minutos, por ejemplo?). Además, no existiría el actual establishment que hace que los usuarios que llevan la voz cantante en ciertas comunidades online “tapen” a aquellos que acaban de llegar pero que igualmente tienen cosas interesantes y geniales que contar. Cada día que accediésemos en una red social no seríamos “nadie”, ni siquiera cuando hubiéramos conseguido el día anterior que 500 personas nos siguieran (estoy segura de que algunos se tirarían por un puente al ver cómo su valioso Klout se esfuma en cuestión de horas). ¿Qué pasaría, pues, con las tan ansiadas métricas de afiliación e influencia? ¿Qué utilizaríamos para medir lo bien o mal que lo hacemos en una red social concreta?

La vanidad desencadenada por el exceso de atención en redes sociales mermaría, y favstars, gurús o pseudo gurús tendrían que demostrar en cada tuit o post que merece la pena leerles (éste sería un ejercicio interesante :-P). Muchos cambiarían su manera de comportarse en internet, y otros ni siquiera estarían interesados en participar en este tipo de redes sociales, ¿o sí? Por imaginar que no quede…

Sara Martín

@_SaraMP_

Menos Íntimo & Personal: Whatsapp se profesionaliza

En los tiempos en los que lo normal era no darle tu número personal a los contactos profesionales y tener agregados a los conocidos sólo en Facebook, enviar un mensaje de Whatsapp era un momento de intimidad. Hace un año, no hubieran pasado de 10 las personas con las que chateaba habitualmente por Whatsapp; repasando ahora la lista de contactos, es visible que el crecimiento ha sido exponencial, provocado por una suma de “democratización” de los smartphones y la posibilidad de vincular tu número de móvil con tus perfiles sociales (Facebook, Twitter, etc.).

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